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La presencia militar rusa en Siria es tan vieja como la dinastía de los Asad. Las primeras instalaciones militares al servicio de Moscú en suelo sirio empiezan a operar en 1971 cuando Hafez Asad, el padre de Bashar Asad, asumió el poder en el país.
Cuando Rusia decidió entrar en la guerra de Siria en 2015, esas bases y otros aeródromos sirios fueron claves para atacar a los rebeldes desde el cielo. En los últimos tiempos, las bases sirvieron para llevar a los Wagner a las guerras en toda esa zona del mundo y prestaron apoyo a los barcos rusos que atacaron Ucrania.
Las nuevas autoridades sirias aún no han hecho declaraciones oficiales sobre su postura ante la presencia del contingente militar ruso. El Kremlin admitió el lunes que es posible que tengan que renunciar a ellas, apuntando que "éste es un tema de discusión con quienes liderarán Siria". Un día después, Mohammed al-Bashir, un estrecho colaborador del líder de los islamistas sirios, se convirtió en el jefe del gobierno interino de Siria. Moscú quiere negociar su futuro con las nuevas autoridades sirias, a las que ha dejado de llamar "terroristas" en cuanto su aliado Asad ha desaparecido del tablero. Mientras tanto quiere apoyarse en Turquía para garantizar la seguridad de los efectivos que no ha sacado de la costa siria.
TARTUS, UNA HERENCIA SOVIÉTICA
La base naval rusa en Tartus -160 kilómetros al noroeste de Damasco- es actualmente la única base rusa fuera de la antigua Unión Soviética. También ha sido clave como instalación de abastecimiento de combustible y reparación permanentemente libre de hielo disponible exclusivamente para la armada rusa. Tras el fin de la URSS fue sólo un punto de repostaje y avituallamiento, pero tras la guerra de Georgia en 2008 recuperó su importancia militar.
Tartus ha sido la sede del grupo naval ruso en Siria, que constaba de un submarino y cinco buques de la armada. Con el despliegue ruso en la guerra siria ya en marcha, Damasco mostró su agradecimiento con hechos y en 2017 el puerto fue cedido gratuitamente a Rusia por 49 años. Según el acuerdo, un número máximo de 11 buques de guerra podían estar allí al mismo tiempo.
Ahora por precaución, han dejado parcialmente la zona. Parece que el grupo naval ruso en Siria ha recibido órdenes de navegar frente a la costa de Siria "por razones de seguridad". Estos barcos no pueden regresar al mar Negro mientras Turquía haya cerrado los estrechos en virtud de la Convención de Montreux para tiempos de guerra. Por ello tendrían que intentar un largo viaje hasta la base de la Flota del Báltico. O bien tratar de encontrar un alojamiento temporal cercano en un número limitado de puertos. Según apunta Dara Massicot, investigadora del Fondo Carnegie, esas opciones temporales son Libia, Sudán o Argelia.
LA AVENTURA AFRICANA ESTÁ EN PELIGRO
La base aérea de Khmeimim, en la provincia de Latakia, albergaba casi cincuenta aviones y helicópteros rusos, estacionados allí desde 2015. Según Rusia, su función principal fue proteger al Gobierno sirio del Estado Islámico: gracias al uso de esas dos pistas de aterrizaje Asad remontó una guerra casi perdida. Como contraprestación, Rusia utilizaba regularmente la base aérea de Khmeimim para transportar tropas y material bélico a África y para proyectar su poder aéreo en el Mediterráneo, mediante la presencia de varios bombarderos. Si Moscú pierde Khmeimim no hay alternativa para repostar de camino a sus operaciones en África.
Por seguridad, ahora Moscú ha sacado aviones de la zona. En las últimas jornadas Israel atacó más de 250 objetivos militares en Siria, incluida Latakia, donde se encuentran las bases rusas. Pero una evacuación total por vía aérea requeriría cientos de misiones de los aviones IL-76 y An-124. La consolidación de la base en 2015 requirió 300 vuelos, que tomaron dos semanas. Moscú sólo hará la mudanza de vuelta si no hay ninguna otra opción: está en juego no sólo Siria, sino África y el Mediterráneo.
El Kremlin ha dicho que es demasiado pronto para decir qué deparará el futuro a las bases militares de Rusia en Siria después de que los rebeldes derrocaran al presidente Bashar Asad. Será tema de discusión con los nuevos gobernantes en Damasco. La agencia de noticias Reuters apuntó que el gobierno ruso ya lleva en contacto con la dirección del HTS, la facción que emerge como ganadora, varios días. Como resultado de estos contactos, supuestamente se había alcanzado un acuerdo que garantizaba "la seguridad de las bases militares rusas y las sedes diplomáticas en Siria". De hecho el destino de estas bases fue uno de los temas de las negociaciones entre Rusia, Irán, Turquía y varios países árabes el 7 de diciembre. Según 'The Wall Street Journal', Moscú recibió garantías de que podría conservar las instalaciones durante el cambio de poder en Siria. Pero nadie tiene claro si las fuerzas antigubernamentales querrán cumplir con estos acuerdos ahora que tienen el poder tras el derrocamiento de Asad.
EL AUXILIO TURCO
Moscú se enfrenta al desafío de asegurar sus tropas en medio del caos. Rusia ha recurrido a Turquía en busca de apoyo para garantizar la retirada segura de sus tropas de Siria. Según CNN, la solicitud implica enviar tropas rusas a áreas bajo control turco y luego transportarlas por vía aérea de vuelta a Rusia. La razón por la que Moscú mantiene estos días intensas negociaciones con el Gobierno turco es que Ankara -el ganador en este desenlace abrupto- tiene influencia sobre las fuerzas del HTS.
Según el secretario de prensa de Putin, Siria afronta "un período muy difícil asociado con la inestabilidad", y eso es algo bueno y malo para Moscú. Malo porque ahora no está claro cómo podrán operar sobre el terreno. Bueno porque, aunque Asad perdió el control del país, es posible que el nuevo poder les necesite en la costa, porque heredan una situación precaria. No se descarta que algunos aviones que sacaron efectivos de Siria estos días trajesen armas en el vuelo de ida a Latakia por si la tensión junto a la base aumenta. Ahora mismo están a tiro y canales militares rusos hablan de soldados rusos embolsados en algunas zonas.
En el corto plazo, Ankara puede garantizar temporalmente la seguridad de las fuerzas militares rusas. Después, Rusia tendrá que tratar con los mismos a los que todavía la semana pasada calificaba de "terroristas". Una cura de humildad para cerrar el año en el que Moscú vislumbró de nuevo su cacareada victoria en Ucrania.
