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Los Ángeles y el sueño de la reconstrucción un mes después de los incendios: "Tengo casa, pero estoy rodeada de viviendas quemadas"

El barrio de Altadena trata de sacudirse la desolación y la incertidumbre de encima un mes después de los incendios

Adam Ealovega e Yvonne Mejía posan junto a su casa destruida por las llamas en el fuego Eaton.
Adam Ealovega e Yvonne Mejía posan junto a su casa destruida por las llamas en el fuego Eaton.
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Yvonne Mejía se mueve con destreza entre un cúmulo de escombros mientras su marido, Adam Ealovega, la contempla a una distancia prudencial. Mejía lleva puesto un mono blanco de protección química y una mascarilla mientras remueve restos con una varilla metálica cerca de lo que hasta hace poco era su cocina, buscando salvar algún objeto preciado. De momento, no ha habido suerte. El incendio que se desató hace un mes en Altadena, al noreste deLos Ángeles, lo ha fundido todo. Solo han sobrevivido restos de la cerámica que le gustaba trabajar en la casa en la que vivieron durante 21 años, en el 700 de la calle Alameda. "Todo esto es como una pesadilla, no parece real", dice a EL MUNDO esta experta en artes visuales de origen mexicano. "Es difícil saber cuándo podremos volver y si esta casa se volverá a parecer a lo que era".

Unas veinte manzanas más al sur, Lizeth González espera en una esquina a que su marido la recoja. Está con dos de sus hijos pequeños y su sobrina, cargada con una montaña de bolsas de donaciones que acaba de recoger en un evento de ayuda organizado por la ciudad de Pasadena y la Fundación de los Dodgers de Los Ángeles, el equipo de béisbol. González, una empleada de la limpieza salvadoreña, vivía en una casa alquilada de tres habitaciones junto a sus dos hermanas y sus familias.

"Usábamos hasta el garaje para dormir y que entráramos todos", explica. "Ya no queda nada". Con las llamas encima, no tuvo tiempo ni de sacar sus efectos personales. "Salí con lo que llevaba puesto, sin tiempo para mirar atrás. Lo hemos perdido todo y no creo que podamos volver a Altadena. Me toca empezar de cero, con más de 40 años".

Jamie Woolner, de 36 años, operaba uno de los restaurantes más carismáticos y queridos de la comunidad, Pizza of Venice. Lo que empezó como una pequeña aventura empresarial a los 24 años se convirtió en una institución en Altadena con el paso de los años. El pasado 8 de enero contempló desde su coche cómo se quemaba el local junto al resto de comercios colindantes, incluyendo un gran supermercado que tenían justo detrás. "No creo que Altadena vuelva a ser nunca lo que era", analiza con pesar en la voz.

Poco más de un mes después de los devastadores incendios de Los Ángeles el panorama sigue siendo desolador. Hay más tristeza e incertidumbre que brotes verdes y sueños de reconstrucción, con un camino largo y complicado por delante para levantarse del mazazo para una parte de la ciudad, pegada a las montañas de San Gabriel, que perdió 17 vidas y más de 10.000 estructuras entre las llamas, sumando viviendas y comercios. Nadie sabe responder a ciencia cierta cuándo se habrán completado las labores de desescombro de las propiedades destruidas, ni cuándo comenzará el proceso de reconstrucción con exactitud. Los más optimistas hablan de meses. Los realistas dicen que no menos de tres años.

En la calle Mariposa había todo tipo de pequeños comercios. Casi nada se salvó, incluyendo un edificio de cuatro pisos.
En la calle Mariposa había todo tipo de pequeños comercios. Casi nada se salvó, incluyendo un edificio de cuatro pisos.

Y no por falta de empuje de las autoridades. Kathryn Barger, la supervisora del quinto distrito del condado de Los Ángeles, se ha erigido en abanderada de la recuperación de Altadena desde el primer día, repartiendo abrazos entre vecinos y palabras reconfortantes, con un optimismo contagioso. Su gestión y liderazgo han acelerado el proceso de limpieza de sustancias tóxicas y desechos, en coordinación con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU.

El pasado martes, anunció la creación de la Comisión de Recuperación de Altadena, consciente de la grave crisis que atraviesa la comunidad. "Mientras los ciudadanos siguen sintiendo miedo e incertidumbre sobre su futuro, quiero que sepan que estoy totalmente comprometida y dedicada a brindar esperanza y apoyo. Ese es mi compromiso, como supervisora de su condado. No están solos".

Sin distinción de clase

Por delante, una labor titánica para paliar los efectos de una catástrofe natural que se calcula que ha costado unos 250.000 millones de dólares, sumando las pérdidas de los incendios Eaton y Pacific Palisades que arrasó una de las comunidades más ricas del oeste de Los Ángeles. En Altadena, el fuego no hizo distinción entre clases. Las llamas se llevaron por delante mansiones históricas de millones de dólares y hogares humildes de familias latinas y negras de clase trabajadora. También negocios que daban personalidad y carácter al barrio: colegios, iglesias, restaurantes, ferreterías, tiendas de bicicletas. Solo guarderías se han perdido 170 en el área.

Todo quedó arrasado por el fuego, desde las casas a los coches y los árboles, y todavía el color gris reina en la ciudad
Todo quedó arrasado por el fuego, desde las casas a los coches y los árboles, y todavía el color gris reina en la ciudad

John Hopkins llevaba 35 años sirviendo sopa vegana desde un pequeño local en la avenida Lake, Oh Happy Days. Él mismo cocinaba a diario distintas opciones para una clientela fiel como pocas, un hombre de 77 años inspirado por la contracultura de los 60 y el movimiento hippie del norte de California. Con una sonrisa en rostro, dice al LA Times que todavía está "en shock, tratando de adaptarme a ello".

Ana Iriazabal era clienta suya. No sólo lamenta la pérdida de uno de los sitios con más encanto del barrio, sino también la desaparición de todas las casas que había en su calle. La suya, como por un milagro, se salvó de la quema. "Cada día es como una montaña rusa de emociones, pero todavía no puedo digerir en mi cabeza lo que ha pasado", dice esta profesora colombiana de universidad. "Tengo casa pero estoy rodeada de viviendas quemadas. Así es imposible tener una noción clara de cómo será el futuro".

Lizeth González (derecha) junto a sus dos hijos, de 8 y 5 años, y su sobrina.
Lizeth González (derecha) junto a sus dos hijos, de 8 y 5 años, y su sobrina.

Sí cree que la mayoría de sus vecinos tendrán que reconstruir. "Hay mucha presión por las hipotecas. Si no lo hacen, lo perderán todo", explica. "Uno de ellos acababa de comprar una casa por dos millones de dólares. No le queda más remedio que reconstruir. Es lo único que me hace pensar que en tres años haya algo alrededor".

Adam Ealovega, ganador de un Emmy por su trabajo en efectos visuales, es optimista sobre la vuelta de la comunidad. "Creo que seremos suficientes para recuperar el espíritu", apunta con su mujer al lado. "Quizá sea inocente, pero no es irracional pensar en reconstruir aquí de nuevo si lo hacemos bien. Sé que cada vez hay más amenaza por el cambio climático, pero no me parece una locura el pensar en empezar de nuevo".

Woolner, cofundador de Pizza of Venice, ve poco probable que vuelva a abrir las puertas de su pizzería en Altadena. Se queda, eso sí, con la mella que hizo en la comunidad. "Uno de los clientes me contó hace poco que cuando su padre dejó de comer por un cáncer lo único que quería comer era nuestra pizza. Y otra pareja tuvo su primera cita en el local y ahora están casados. Volvían siempre porque era su sitio favorito. Son cosas que van más allá del dinero". Todo lo que el fuego ha querido borrar pero no ha logrado.