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Mary sostiene una coliflor en la mano en Guelph, Ontario. Lee la etiqueta y, al ver que es de California, la deja de nuevo en su sitio. En su carrito ya lleva naranjas marroquíes y cebollas mexicanas, y sigue buscando una alternativa canadiense al kétchup de Heinz. A más de 2.600 kilómetros de distancia, en Regina, Saskatchewan, una joven llamada Serena mete una ensalada preenvasada en la cesta. No han pasado ni cinco minutos cuando se da cuenta de que la estantería de la que la tomó no llevaba el símbolo de la hoja de arce y era, en realidad, un producto de Estados Unidos. Regresa al pasillo y la cambia por la opción cultivada en Alberta. "Así compramos casi todos los canadienses hoy en día", asegura Annik, de Quebec, a sus seguidores de TikTok.
En Canadá se está fraguando una rebelión, y comienza en los pasillos del supermercado. Cajas de cereales y latas de sopa reposan boca abajo. Cartones de leche se encuentran colocados al revés. Estanterías rebosantes de Coca-Cola y Pepsi se amontonan junto a huecos vacíos donde antes se apilaba la alternativa canadiense, Cove Soda. Etiquetas con la bandera canadiense o una "T" en un triángulo negro, que indican los productos sujetos a aranceles, funcionan como una especie de guía visual para los clientes. Y carteles con el mensaje "Compra canadiense" ocupan el espacio que solían llenar las botellas de Jack Daniel's o Maker's Mark. El objetivo es sencillo: dejar de comprar productos provenientes de Estados Unidos y optar por los locales o, en su defecto, los de terceros países.
Son actos de resistencia discretos, pero decididos, ante la guerra comercial desatada por el presidente estadounidense, Donald Trump, contra sus vecinos del norte, que amenaza con aranceles punitivos sobre los productos canadienses para forzar al país a convertirse en el 51º estado de la unión, bajo el pretexto de combatir el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. Sin embargo, tras esa bravuconería hierve un sentimiento de traición: la de un país socio y, lo que es más importante, de un país amigo.
"La idea de que alguien venga y nos llame el 51º estado y se refiera a nuestro primer ministro [el saliente Justin Trudeau] como 'gobernador', más allá de que es de mala educación, simplemente no es canadiense", sentencia Moshe Lander, profesor titular de Economía en la Universidad Concordia, en Montreal, en conversación con EL MUNDO. "Estamos enviando a Estados Unidos un mensaje: 'No tenéis derecho a ponernos en esta posición. Somos diferentes, somos independientes y, ante todo, no somos vosotros'".
Y vaya si lo están haciendo. De Vancouver a Halifax, pasando por Calgary o Toronto, los canadienses se han lanzado a las redes sociales para ayudar a sus compatriotas a encontrar alternativas locales a los productos importados. Sólo en el foro de Reddit r/buycanadian, más de 330.000 usuarios comparten listas de marcas que fabrican en Canadá y recomendaciones de proteínas en polvo, patatas de bolsa e incluso ropa interior. También circulan imágenes compartidas por consumidores extranjeros que han decidido seguir el ejemplo canadiense y boicotear productos estadounidenses.
Según los últimos datos del Angus Reid Institute, el 85% de los canadienses ya han cambiado -o tienen previsto hacerlo- sus hábitos de consumo para comprar productos nacionales. Y entre quienes planifican modificar su comportamiento de compra, el 98% afirma que busca la etiqueta Made in Canada en el supermercado. Si se desglosan las cifras, la magnitud del cambio potencial es evidente: cuatro de cada cinco (78%) se comprometen a comprar más productos canadienses en general, mientras que tres de cada cinco (59%) aseguran que boicotearán los productos estadounidenses. Además, una encuesta publicada este jueves por Leger, la mayor empresa de estudios de mercado de Canadá, revela que dos tercios de los consumidores han reducido sus compras de productos estadounidenses, tanto en tiendas físicas (68%) como en plataformas de comercio online (65%).
Pero, ¿hasta qué punto es fácil "comprar canadiense"? "Es más difícil comprar exclusivamente productos canadienses de lo que mucha gente piensa, y eso se debe en gran parte a la integración de las cadenas de suministro alimentario entre Canadá y Estados Unidos", explica a este diario Mike von Massow, profesor de Economía Alimentaria, Agrícola y Recursos Naturales en la Universidad de Guelph. En pocas palabras, Canadá no produce todos sus alimentos debido a sus condiciones climáticas y limitaciones en las capacidades de producción, por lo que a menudo depende de su vecino u otros países para suplir esas carencias.
"Somos un país que exporta muchos productos agroalimentarios, pero también hay alimentos que no podemos producir durante todo el año, o parte de él, y de los que dependemos, históricamente, de las importaciones, principalmente de Estados Unidos", precisa Von Massow, quien da el ejemplo de las verduras de hoja verde. "En esta época del año, apenas las estamos produciendo, ya que todavía hay nieve en algunas partes del país, por lo que alrededor del 80 o 90% proviene de Estados Unidos. Es un producto perecedero, por lo que es difícil transportarlo a largas distancias y, por tanto, encontrar una alternativa", continúa.
Pongamos otro ejemplo: Canadá no produce azúcar, sino remolachas azucareras. Sin embargo, casi no quedan refinerías en el país, por lo que se envían a Estados Unidos para su procesamiento. La duda es: cuando regresan, ¿es azúcar canadiense o no?
"Es una pregunta que los canadienses se están haciendo cada vez más", admite el economista. "Estamos viendo que cada vez más personas están examinando cajas y envases en el supermercado, buscando una de dos etiquetas: Producto de Canadá o Hecho en Canadá, aunque sin comprender del todo la diferencia", prosigue. La primera significa que al menos el 98% de los costos directos de producción -cultivo, preparación y embalaje- del artículo se produjeron en Canadá; la segunda, que al menos el 51%, pero menos del 98%. Y luego está el uso de la bandera canadiense para señalar si los productos son nacionales o no, un fenómeno que ha tenido diferentes grados de éxito.
"El problema radica en la falta de estandarización entre tiendas y cadenas, lo que genera confusión entre los consumidores", critica Von Massow. "En algunos comercios, la bandera indica que el producto ha sido fabricado en Canadá; en otros, sólo significa que pertenece a una empresa canadiense, sin considerar su lugar de producción. Estas sutilezas dificultan la posibilidad de comprar exclusivamente productos nacionales. Así que, ante la falta de normas claras para los consumidores, cada persona debe definir sus propias prioridades", señala.
Aun así, este combate silencioso contra las embestidas de Trump ya está dejando huella. Per Bank, CEO de la mayor cadena de supermercados de Canadá, Loblaw -artífice de la etiqueta con una "T" para señalar los productos sujetos a aranceles-, celebró el mes pasado en LinkedIn que las ventas de productos, ya fueron hechos en o productos de Canadá -no está claro- habían aumentado un 7,5 % en la primera semana de febrero y que la compañía registraba un crecimiento de dos dígitos en los siete días previos a esa publicación.
Al otro lado de la frontera, sin embargo, los ánimos no son tan jubilosos. Tras la retirada de los licores estadounidenses de las estanterías canadienses en respuesta a los aranceles de Trump, el CEO de Brown-Forman, fabricante del whisky Jack Daniel's y otros destilados, tachó la medida de "desproporcionada". "Eso es peor que un arancel, porque literalmente nos está quitando las ventas", se quejó Lawson Whiting a principios de este mes, aunque Canadá sólo representa el 1% de las operaciones totales de la empresa.
"No vamos a doblegar la economía de Estados Unidos por el simple hecho de comprar productos canadienses en lugar de estadounidenses o de colocar latas, cajas o botellas de champú boca abajo, pero sí estamos afectando a las empresas", resume Von Massow. "Y los canadienses se sienten bien al tomar medidas, alzar la voz sobre esta situación y votar con sus dólares".
Lo más llamativo de este resurgimiento de patriotismo y orgullo nacional frente a una amenaza a la soberanía canadiense ha sido, quizá, la reivindicación de la bandera y la hoja de arce. Símbolos que, hace apenas unos años, quedaron marcados por la división durante el Convoy de la Libertad en Ottawa en 2022, una protesta contra las medidas obligatorias de vacunación contra la Covid-19. "Las banderas canadienses en los vehículos se convirtieron en un emblema del respaldo de la derecha a esos camioneros, y para muchos de nosotros, fue ofensivo que la usurparan así", explica Von Massow. "Pero ahora hemos visto a los canadienses reapropiarse de ella, ya sea izándola en sus coches o en sus jardines, reafirmando así su identidad frente a la presión estadounidense". Eso sí, con ese carácter reservado y sobrio que les define.
No deja de ser irónico que este fenómeno ocurra en pleno cambio político en el país, justo cuando liberales y conservadores están más enfrentados que nunca. Pero el verdadero mal aquí no es Mark Carney ni Pierre Poilievre, y eso es algo con lo que casi todos los canadienses parecen estar de acuerdo: el 79% de la población ve a Donald Trump de forma desfavorable, un máximo histórico, según un análisis de Angus Reid.
"Hacía años que no veía al país tan unido por un objetivo común, sin importar su ideología política", reconoce Von Massow, a lo que Lander añade: "Incluso Quebec se ha sumado al equipo Canadá, algo que nunca hubiéramos imaginado". Aunque el resultado de las próximas elecciones federales, que deben celebrarse antes del 20 de octubre, sigue siendo incierto, Trudeau y ahora Carney han logrado unir al país bajo un nuevo grito de guerra, que hace un guiño al hockey sobre hielo, como no podría ser de otra manera: "¡Codos arriba!".
Esta exclamación llama a la defensa y el contraataque para levantar el codo e interponer el brazo sobre el jugador contrario, una táctica que popularizó Gordie Howe, quien destacó por su juego brusco sobre el hielo y carácter dócil y generoso fuera de él. Una metáfora que refleja cómo se perciben los canadienses en este baile de aranceles y contra-aranceles de quita y pon: "Somos amables cuando no nos provocan, pero lucharemos cuando nos desafíen".

