Durante diez segundos, Luiz Inácio Lula da Silva acarició la bandera uruguaya y le dio pequeños golpecitos y caricias al ataúd que guardaba los restos del ex presidente uruguayo José Mujica: la presencia del jefe de Estado brasileño, llegado directamente desde Pekín a Montevideo, marcó el final de los actos de despedida al líder de izquierdas, que sacó a más de 100.000 personas a las calles.
Tres pasos más atrás de Lula se ubicaban el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, y el de Chile, Gabriel Boric. Entre ellos, Lucía Topolansky, viuda de Mujica, consolada por Janja da Silva, esposa de Lula.
Tanto Boric como Lula estaban en China, participando en reuniones derivadas de la Cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) cuando se enteraron de la muerte de Mujica tras más de un año luchando contra un cáncer de esófago.
"No quería que el Pepe fuese quemado, enterrado, sin despedirme", dijo Lula a la prensa en Montevideo.
"Una persona como Pepe Mujica no muere: se fue el cuerpo de él, la cara de él, pero no las ideas que plantó en todos estos años", añadió el tres veces presidente de Brasil.
Lula, de 79 años, definió a Mujica como "un ser humano superior" con una "capacidad política y de hablar con la juventud" únicas.
El líder de la mayor economía de América Latina admitió su tristeza porque en dos semanas sufrió dos "pérdidas irreparables", la del Papa Francisco y la de Mujica.
En diciembre, con Mujica ya gravemente enfermo, Lula viajó a Montevideo para entregarle en persona al ex presidente, en un encuentro en su chacra en las afueras de la capital uruguaya, la "Orden Nacional de la Cruz del Sur", creada en 1822 por el emperador Pedro I.
Sebastián Valdomir, presidente de la Cámara de Representantes, estimó que más de 100.000 personas desfilaron frente al cajón con los restos del ex presidente.
"El cuerpo de Mujica será cremado este viernes, y sus cenizas serán esparcidas en su chacra, en forma estrictamente privada", destacó El País, el periódico más influyente del Uruguay.
"Varias veces Mujica había manifestado su voluntad de descansar junto a su perra Manuela, a la que cuando fue presidente supo definir como 'el integrante más fiel' de su gobierno y que está enterrada junto a un roble, plantado especialmente por el exmandatario, cerca de la puerta de su propiedad".
