Alfombra roja y honores en la ciudad septentrional de Tianjin, China, para recibir a un nutrido grupo de líderes unidos por un mismo propósito: desafiar la hegemonía occidental, la presión arancelaria de Donald Trump y explorar un nuevo orden multipolar bajo el paraguas de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS).
China ejerce como el anfitrión de este foro regional euroasiático centrado en seguridad, economía y política que se celebra entre este domingo y el lunes, y que ha sido catalogado por un think tank estadounidense como la "cumbre anti-OTAN". Pekín se convierte así en el epicentro por el que gravitan máximos mandatarios de 26 países entre los que hay autócratas, populistas, un 'hombre de la guerra' como Vladimir Putin o el líder del país más poblado del mundo, el primer ministro indio, Narendra Modi. El gigante asiático se erige como el contrapeso a los bloques liderados por Occidente y como una potencia "estable" que protegerá la paz y defenderá el mundo en desarrollo", tal y como ha afirmado el propio Xi Jinping.
El sábado, el mandatario chino inició una intensa jornada diplomática donde se reunió con cinco líderes de Estado y con el secretario general de la ONU, António Guterres. En estos encuentros, Xi no se salió del guion y destacó que China es una "fuente de estabilidad y certidumbre" en medio de los cambios globales y subrayó que "la historia enseña que el multilateralismo, la solidaridad y la cooperación son el camino correcto para abordar los desafíos globales". También hizo un llamamiento a revitalizar la autoridad y vitalidad de Naciones Unidas, proponiéndola como la plataforma central para abordar los asuntos mundiales. Guterres afirmó que el papel de Pekín como "pilar fundamental del sistema multilateral" es "extremadamente importante, y lo apreciamos y agradecemos enormemente".
Llegada de Putin
Todas las miradas estaban puestas en el aterrizaje de Putin en Tianjin previsto para el domingo. El presidente ruso, sobre quien pesa una orden de captura por crímenes de guerra emitida por el tribunal penal internacional, llegó con un séquito de altos cargos políticos y representantes empresariales. Ambos mandatarios se han reunido de manera informal durante la ceremonia de bienvenida en la que se han dado un apretón de manos. Varios medios han confirmado que tendrán una reunión bilateral el martes, un día antes del desfile militar que conmemorará el 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y el fin de la ocupación de Japón. Este despliegue que incluirá 10.000 efectivos militares, más de 100 aeronaves y cientos de vehículos blindados y sistemas de misiles avanzados -donde se incluyen armas hipersónicas y plataformas de guerra electrónica- dejará una instantánea para la historia: Xi, Putin y el líder norcoreano, Kim Jong-un.
En el marco del OCS, que además de China, Rusia e India también incluye a países como Pakistán, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán, Irán o Bielorrusia, ha dejado otros encuentros bilaterales entre Xi y sus homólogos. Entre ellos destaca el que tuvo con el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, uno de los aliados incondicionales de Putin. En su encuentro, Xi expresó la importancia de la cooperación entre ambos países para promover la paz y la estabilidad mundial.
Deshielo entre China e India
Xi también se reunió este domingo con Modi, en el que fue el encuentro de mayor envergadura. El primer ministro indio, que no había pisado China desde 2018, destacó el compromiso de India para fortalecer los lazos sobre la base de la "confianza mutua, la dignidad y la sensibilidad". Se trata de la confirmación del deshielo en las relaciones bilaterales entre los dos países más poblados del mundo tras el enfrentamiento fronterizo que acabó con víctimas mortales en 2020. Ambos líderes coincidieron en la necesidad de resolver las disputas fronterizas y fortalecer la cooperación en diversas áreas.
Durante su discurso de apertura, Modi se congratuló porque las relaciones con China han avanzado en "una dirección significativa" gracias al "ambiente pacífico en las fronteras tras la retirada". Xi afirmó que espera que su encuentro sirva para promover el desarrollo sostenido, sano y estable de las relaciones bilaterales", según la cadena estatal CCTV. "Mientras sigan comprometidos con el objetivo general de ser socios y no rivales, y de ofrecer oportunidades de desarrollo y no amenazas, las relaciones entre China e India prosperarán y avanzarán con paso firme", sostuvo Xi.
Las políticas arancelarias de Trump han propiciado un acercamiento todavía mayor entre Pekín y Nueva Delhi. En el caso de India, hace unos días entró en vigor la aplicación de unos impuestos aduaneros a su productos del 50% por comprarle petróleo a Rusia y estar "financiando" la guerra en Ucrania. En este contexto, ambos países han incrementado las visitas oficiales este año y han dejado las puertas abiertas a flexibilizar algunas restricciones al comercio y a la circulación de personas en la frontera. De hecho, hace dos meses, Pekín permitió a los peregrinos indios visitar los lugares sagrados del Tíbet.
El 'espíritu de Shanghai'
Desde su creación en 2001, la OCS ha estado marcada principalmente por el liderazgo económico de China en la región. Rusia, en paralelo, ha buscado aprovechar este foro para mantener su presencia sobre las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, como Kazajstán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguizistán. Tanto Pekín como Moscú han utilizado la alianza también como espacio de cooperación militar regional.
Posteriormente, se incorporaron países como Bielorrusia, Irán, Pakistán e India, en un intento de ampliar y equilibrar la influencia dentro de la organización, aunque su impacto real es cuestionable. Irán y Bielorrusia han estado bajo la lupa internacional por sanciones y violaciones de derechos humanos, mientras que Pakistán mantiene una dependencia significativa de China para su armamento y equipamiento militar.
Los medios de comunicación estatales recurren al llamado 'espíritu de Shanghai' como guía de cooperación entre los países miembros, destacando principios como "el respeto mutuo a la soberanía, la no intervención en asuntos internos y la resolución de disputas mediante el diálogo para consolidar la estabilidad regional y fomentar la confianza política entre Estados con sistemas y niveles de desarrollo muy distintos". Sin embargo, en la práctica, estas aspiraciones se ven manchadas por los intereses estratégicos de potencias como China y Rusia, así como por conflictos no resueltos entre miembros, lo que revela una paradoja entre los ideales proclamados y la realidad dentro de la OCS.
