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Winnie Hui se derrumbó delante de las cámaras. "Mi bebé murió", soltó la pasada madrugada a un grupo de periodistas frente a los edificios que seguían ardiendo más de 30 horas después del peor incendio en la historia reciente de Hong Kong. "Soy la madre que no ha parado de publicar fotos en redes sociales. Quería encontrar a mi bebé", continuaba. Su hija de seis meses, Ho Tsz-yan, estaba al cuidado de sus abuelos mientras los padres trabajaban.
"La última llamada con mi suegra fue a las 15:02 horas del miércoles. Ella me dijo que había mucho humo fuera y que iban a intentar salir para trasladarse a otro apartamento más seguro, lejos del fuego. Pero poco después perdí contacto y ya no supe nada más", relató. Los abuelos y la hija de Winnie se encontraban en el piso 21 del complejo residencial, devastado por el incendio. Los bomberos confirmaron que en ese nivel hallaron los cadáveres de un bebé y de un adulto.
Mientras amanecía el jueves, los bomberos continuaban recuperando cuerpos de los edificios, mientras otros equipos de rescate revisaban las viviendas carbonizadas en busca de posibles supervivientes. A primera hora, todavía había fuego en los pisos superiores de uno de los siete bloques arrasados por las llamas. El número de muertos sigue aumentando. Las cifras oficiales hablan hoy de al menos 128 personas fallecidas y decenas de desaparecidos.
Winnie había colgado en sus redes sociales muchas fotos de su hija y sus suegros con esperanza de que estuvieran vivos y que alguien los reconociera en alguno de los centros donde se ha reubicado a los supervivientes. En las redes circulan sin cesar publicaciones sobre ancianos, niños y mascotas que siguen desaparecidos. "Han pasado casi 30 horas y sigo sin encontrar a mi bebé. Me temo que ya no hay esperanza", escribía otra madre en Facebook.
En una entrevista con la BBC, Chung, de 45 años, relataba cómo su esposa quedó atrapada en el incendio y, durante varias horas, estuvo por teléfono en contacto permanente con ella, hasta que la llamada de repente se cortó. "Me dijo que se encontraba mal, que estaba a punto de desmayarse porque en la casa cada vez había más humo; probablemente ya no esté viva", aseguraba.
El complejo de viviendas públicas arrasado por el fuego estaba formado por ocho torres de 31 plantas, con cerca de 2.000 apartamentos que alojaban a unas 4.800 personas. La mayoría de los residentes eran personas mayores. Según el censo, más del 36% tienen 65 años o más.
Aún se desconoce cómo se originó el incendio, pero las autoridades han atribuido la rápida propagación a una negligencia en los trabajos de renovación en curso desde 2024: los edificios estaban envueltos en andamiaje de bambú recubierto por mallas verdes, y se utilizó poliestireno para sellar ventanas y paneles en cada piso. Ambos materiales, altamente inflamables, actuaron como acelerantes. También influyó la presencia de redes plásticas y lona.
El jefe del Ejecutivo hongkonés, John Lee, anunció que se reemplazarán de inmediato los andamios de bambú, históricamente han sido considerados una parte importante del patrimonio local, que se están utilizando en más de un centenar de obras en la ciudad.
En la ciudad, el bambú ha sido tradicionalmente el material predilecto para los andamios (barato, abundante y flexible), atado con cuerdas de nailon. En China continental este material ha sido sustituído desde hace año por abrazaderas metálicas no inflamables y más resistentes. Sin embargo, Hong Kong, a pesar de su modernidad, ha mantenido la red de andamiaje de bambú.
El jueves, el líder Lee anunció que el Gobierno local establecería un fondo de 300 millones de dólares de Hong Kong (alrededor de 33 millones de euros) para ayudar a los residentes afectados. Las autoridades anunciaron una investigación criminal y fueron arrestadas tres personas -dos directores y un consultor de la empresa contratista encargada de la renovación de los edificios- por homicidio involuntario.
La tragedia -la más letal en Hong Kong desde la década de 1940- ha desatado una oleada de indignación ciudadana, recriminaciones hacia las autoridades y un nuevo debate sobre la seguridad en las viviendas públicas, los estándares de construcción y la fiscalización de las obras.
