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El indulto de Netanyahu y el futuro de Israel, en manos del presidente Herzog

En su entorno, se espera que el presidente Herzog acceda a una petición sin precedentes por quién la formula y su contenido

El presidente israelí, Isaac Herzog.
El presidente israelí, Isaac Herzog.ATEF SAFADIEFE
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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, asegura que el cese de su juicio por corrupción contribuirá a reducir la tensión interna y restaurar la unidad en un país fracturado que afronta retos colosales, pero, de momento, su petición de indulto ha acrecentado las discrepancias.

Al día siguiente de lanzar una inesperada bomba judicial y política, Netanyahu volvió ayer a testificar en el tribunal en Tel Aviv donde se celebra el juicio por corrupción iniciado en 2020. Los cargos de soborno, abuso de confianza y fraude en tres casos tienen en común su costumbre de rodearse de amigos multimillonarios generosos (los regalos básicamente para su esposa Sara) y su deseo activo de cambiar el trato informativo de los medios de comunicación israelíes, que ha visto siempre como parte integral de la oposición contra él y la derecha.

En su entorno, se espera que el presidente Herzog acceda a una petición sin precedentes por quién la formula y su contenido. Cuesta creer que Netanyahu hubiera desafiado la hemeroteca (declaraciones negando que intentará frenar el juicio o recibir indulto asumiendo alguna culpa) si no estuviera convencido que hay posibilidades reales de que Herzog acceda. Algunos analistas señalan un pacto previo con el que fuera dirigente del partido laborista, de la misma forma que creen que las peticiones de indulto formuladas por el presidente Donald Trump fueron coordinadas con él.

La solicitud también puede ser la base de la negociación para un acuerdo con la Fiscalía dado que, según los expertos, es improbable que Herzog otorgue el indulto sin que Netanyahu no asuma la responsabilidad de alguno de los cargos, se arrepiente o abandone la carrera política. De hacerlo, lloverán los recursos al Tribunal Supremo.

Partidarios y detractores del primer jefe de Gobierno israelí en el banquillo de los acusados tienen puestas sus miradas en la sede de Presidencia, en Jerusalén, donde Herzog debe decidir qué hacer con una patata caliente tan grande que puede quemar su legado o causar un incendio más en su país.

"[La solicitud] sacude a mucha gente y diferentes comunidades en el país y despierta discusión, pero ya aclaré que será tratada de la forma más correcta y precisa", ha declarado Herzog, insistiendo que sólo tendrá en cuenta "el interés y bien de la sociedad y el Estado de Israel".

Desde su hogar ideológico, denuncian que Herzog no haya rechazado ya la petición que ven sobre todo como interferencia en el proceso judicial. Se refieren a que la cláusula 11 de la Ley Básica sobre el presidente establece que tiene autoridad "para indultar a delincuentes y aliviar las sanciones reduciéndolas o conmutándolas". En este sentido, recuerdan que Netanyahu no cumple las condiciones para solicitar el indulto como haber sido condenado, la asunción de la culpa y el arrepentimiento. Y le acusan de "chantaje" al decir que, si recibe el indulto, podrá tratar asuntos referidos al estamento judicial y la comunicación insinuando así que frenaría las polémicas iniciativas al respecto.

Desde su casa rival (la derecha) que también le votó en las elecciones en la Knésset (2021), señalan que el juicio "político" de Netanyahu ha agravado la división causando un bucle de elecciones, el boicot de partidos de izquierda, centro y centro derecha a Netanyahu y un aumento de la desconfianza en el poder judicial. Por eso, piden a Herzog que piense en el interés nacional tras el paso dado por Netanyahu "por el bien del país".

Tras invitar a sus ciudadanos a enviar sus opiniones (¿consejos?) a la web presidencial, Herzog respondió a los ataques: "La discusión violenta no me influye. Al contrario. Un debate respetuoso despierta diálogo".

Herzog difícilmente saldrá bien parado del examen. Si indulta a Netanyahu antes de finalizar el juicio y sin que asuma alguno de los delitos imputados o se comprometa a dejar la política, será recordado por muchos como el presidente que cedió a la presión y permitió la derrota del sistema judicial ante el líder que se volvió en su contra a raíz de las investigaciones. Y si no lo hace, algunos lamentarán que no supo cerrar la fractura interna mientras la derecha le acusará de "hacer política". La ministra Idit Silman ha ido más allá: "Si el presidente Herzog no sabe cómo favorecer la seguridad de Israel y del pueblo israelí, a favor de la unidad, creo que el presidente Trump podría tomar medidas adicionales y verse obligado a intervenir. Medidas que quizá podrían incluir la imposición de sanciones a altos funcionarios del sistema judicial".

¿Netanyahu? En principio, su iniciativa no le hará daño. El indulto le quitaría de encima una enorme losa que hubiera podido llevarle a la cárcel, proclamando que es inocente. Si su petición es rechazada, será una baza política en año electoral relanzando la campaña de que el establishment hace todo lo posible para acabar políticamente con él.

Curiosamente, sus acérrimos defensores (bibistas) y detractores (antibibistas) coinciden en pedir la continuación del juicio hasta conocer la verdad. Unos, para demostrar que Netanyahu "fue perseguido", y otros, que "es corrupto".

Sólo hubo un caso en la historia de Israel en el que se concedió indulto antes de la condena en juicio. Dos agentes del servicio de seguridad general (Shabak) fueron perdonados de los cargos de asesinato y obstrucción de procedimientos judiciales después de que mataran a dos terroristas ya detenidos tras participar en el secuestro de un autobús en 1984. Dos años después, y tras la dimisión de varios implicados, incluyendo el jefe del Shabak, Avraham Shalom, fueron indultados. El presidente era Chaim Herzog, el padre del hombre que hoy tiene en sus manos algo más que el destino de Netanyahu.