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Los combates fronterizos han vuelto a sacudir la frontera entre Tailandia y Camboya, una de las zonas más calientes del Sudeste Asiático, rompiendo definitivamente el frágil acuerdo de paz alcanzado hace apenas unos meses bajo el auspicio del presidente estadounidense Donald Trump. La reanudación de los enfrentamientos supone un duro revés para los esfuerzos diplomáticos internacionales y reactiva un mortal conflicto histórico que parecía, al menos temporalmente, contenido.
Este lunes, el ejército tailandés lanzó ataques aéreos contra infraestructura militar en territorio camboyano, un día después de que ambas fuerzas comenzaran a intercambiar disparos a lo largo de su frontera común, que se extiende a lo largo de 817 kilómetros. Según Bangkok, las operaciones aéreas fueron una respuesta directa a un ataque previo de tropas camboyanas.
El portavoz del ejército tailandés, el general Winthai Suvari, afirmó que las fuerzas de Camboya abrieron fuego durante la madrugada del lunes contra posiciones tailandesas, causando la muerte de al menos un soldado e hiriendo a otros cuatro. Las autoridades camboyanas informaron más tarde que cuatro civiles habían muerto y nueve resultaron heridos durante los ataques aéreos tailandeses en las provincias norteñas de Preah Vihear y Oddar Meanchey.
Hubo evacuaciones masivas en ambos lados de la frontera han sido evacuadas. En Tailandia, 385.000 civiles fueron trasladados a refugios seguros.
"Los ataques aéreos tuvieron como objetivo exclusivamente infraestructura militar, incluidos depósitos de armas, centros de mando y rutas logísticas identificadas como amenazas directas", señaló la Real Fuerza Aérea Tailandesa (RTAF) en un comunicado oficial.
El texto añadía que las autoridades militares habían detectado la movilización de armamento pesado, el reposicionamiento de unidades de combate y la preparación de apoyo armado por la parte camboyana, acciones que, según Bangkok, incrementaban el riesgo de una escalada mayor en la zona fronteriza.
Desde Phnom Penh, sin embargo, dan una versión opuesta. El Ministerio de Defensa camboyano negó haber iniciado las hostilidades y aseguró que fue Tailandia quien lanzó directamente sus ataques aéreos alrededor de las cinco de la madrugada. "Fiel al espíritu de respetar los acuerdos vigentes y de resolver las disputas de manera pacífica conforme al derecho internacional, Camboya no tomó represalias y continúa vigilando la situación con la máxima cautela", afirmaron las autoridades camboyanas.
Ya el domingo, ambas partes se habían acusado mutuamente de provocar los primeros enfrentamientos, tras un intercambio de artillería que se prolongó durante unos 35 minutos en varios puntos del noreste de la frontera. Como consecuencia, tanto Tailandia como Camboya ordenaron la evacuación preventiva de numerosos civiles de las localidades fronterizas, ante el temor de una intensificación de los combates.
El último enfrentamiento se produce en un contexto de creciente tensión diplomática. Semanas atrás, Tailandia solicitó a la ONU una investigación sobre el supuesto uso sistemático de minas terrestres por parte de Camboya dentro de territorio tailandés, lo que en noviembre dejó a varios soldados heridos. A raíz de esas denuncias, el primer ministro tailandés, Anutin Charnvirakul, anunció la suspensión de la declaración conjunta de paz firmada en octubre en Kuala Lumpur, durante una ceremonia encabezada por Donald Trump.
"Tailandia está decidida a defender su soberanía, de acuerdo con las normas internacionales y nuestro derecho a defendernos", declaró el primer ministro tailandés el lunes por la tarde, anunciando también nuevas "operaciones militares" para responder a "todos los incidentes".
Este conflicto se había recrudeció gravemente el pasado mes de julio, cuando estallaron los enfrentamientos fronterizos más letales en más de una década, con un balance cercano al medio centenar de muertos y alrededor de 300.000 personas desplazadas. En aquel episodio, ambas partes intercambiaron acusaciones de crímenes de guerra. Phnom Penh denunció que el ejército tailandés había utilizado bombas de racimo -armamento prohibido por tratados internacionales de la ONU- en al menos siete zonas fronterizas dentro del territorio camboyano.
La tregua de agosto
Después de cinco días de intensos combates, en agosto firmaron una tregua negociada por el primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, y el estadounidense Trump, que amenazó a los dos países con nuevos aranceles si no se detenía el intercambio de artillería. Con la firma del acuerdo de paz en octubre, el mandatario estadounidense se atribuyó un nuevo logro diplomático, presentándose nuevamente como un actor clave en la resolución de conflictos internacionales.
La disputa entre Tailandia y Camboya se remonta a más de un siglo, cuando Francia, que ocupó Camboya hasta 1953, trazó por primera vez la frontera terrestre. Camboya fue gobernada por el líder autoritario Hun Sen durante casi cuatro décadas, antes de que este cediera el poder a su hijo, Hun Manet, en 2023. Actualmente, Hun Sen preside actualmente el Senado y mantiene un gran poder en el país.
Desde Phnom Penh han rechazado la división trazada por los franceses y han solicitado un nuevo fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el principal órgano judicial de la ONU, sobre las zonas en disputa. Sin embargo, Bangkok no reconoce la jurisdicción de la CIJ y también reclama algunas zonas controladas por Camboya porque asegura que nunca fueron rigurosamente demarcadas.
El primer choque armado del año tuvo lugar el pasado mes de mayo, cuando un soldado camboyano murió en un enfrentamiento aislado. A partir de ese incidente, la tensión fue en aumento y desembocó también en una grave crisis política interna en Tailandia. La entonces primera ministra, Paetongtarn Shinawatra, fue duramente criticada tras mantener una conversación telefónica con Hun Sen, viejo aliado de su familia, lo que provocó una oleada de protestas masivas en Bangkok.
Finalmente, el Tribunal Constitucional suspendió a Shinawatra de sus funciones, acusándola de "deshonestidad" y de "violaciones éticas", en un episodio que evidenció cómo el conflicto fronterizo ha trascendido el ámbito militar para convertirse en un factor de inestabilidad política regional.

