INTERNACIONAL
La caída de Maduro

Venezuela, Siria, Armenia... el paraguas de seguridad de Putin existe, mientras no llueva demasiado

Durante años, Moscú ha presentado su red de alianzas como una alternativa más dura y fiable que la OTAN. Sin valores, pero con músculo. La experiencia reciente de Armenia, Siria y Venezuela muestra lo contrario

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, antes de una reunión con el presidente de Bielorrusia en el Kremlin, en septiembre de 2025.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, antes de una reunión con el presidente de Bielorrusia en el Kremlin, en septiembre de 2025.Ramil SitdikovPOOL / AFP
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Moscú no puede mirar al Caribe porque apenas puede levantar la vista de Ucrania. Sin embargo, con los intentos de Donald Trump de dominar su entorno por encima de la ley el mundo se parece hoy más a lo que Vladimir Putin tiene en la cabeza.

La invasión a gran escala de Ucrania forma parte de una campaña más amplia para restaurar una esfera de influencia en la esfera postsoviética. Pero el precio que ha pagado ha sido descuidar todo lo demás. Su aliado en Siria, Bashar Asad, cayó hace un año y su proyección en el Cáucaso y Asia Central se ha apagado.

Durante años, Moscú ha presentado su red de alianzas como una alternativa más dura y fiable que la OTAN. Sin valores, pero con músculo. La experiencia reciente de Armenia, Siria y Venezuela muestra lo contrario: el paraguas de seguridad de Putin protege solo cuando conviene, y se pliega cuando el coste sube. Estos tres casos revelan la naturaleza de las alianzas de Putin: clientelares, no contractuales; radiales, no colectivas; temporales, no estructurales.

El caso de Venezuela expone el límite estructural del modelo ruso. Venezuela y Rusia firmaron un acuerdo de cooperación militar en 2001. Moscú ha respaldado a Nicolás Maduro con créditos, petróleo, información de inteligencia y apoyo diplomático, pero sin un tratado de defensa ni voluntad de confrontación directa con Estados Unidos. El núcleo duro del trato era la venta masiva de armamento financiada en parte con créditos rusos a la era Chávez: cazas Su-30, helicópteros, sistemas de defensa aérea, vehículos, fusiles y proyectos como una planta de Kalashnikov. Después de 2013, la crisis venezolana frenó nuevas compras, pero siguió la cooperación de mantenimiento, repuestos y formación.

En marzo de 2019, Moscú reconoció la presencia de personal ruso en Venezuela y la enmarcó en acuerdos militares existentes, insistiendo en que era cooperación técnica, no una fuerza de combate. La presencia era limitada y diseñada para sostener al régimen y molestar a Washington. Pero no ha servido de nada.

SIRIA, PROTECCIÓN QUE CADUCA

En Siria, el paraguas ruso funcionó... pero con fecha de caducidad. Moscú salvó a Bashar Asad en 2015, pero nunca transformó esa intervención en una estabilidad duradera. Con la guerra de Ucrania absorbiendo recursos y atención política, Rusia ya no puede actuar como garante absoluto del régimen.

Con el desgaste estratégico provocado por Ucrania, la guerra europea se ha convertido en la prioridad absoluta del Kremlin y ha reducido su margen para apuntalar a aliados lejanos. Aunque Rusia intente mantener enclaves como Tartus y Jmeimim, la pérdida de control político sobre Damasco complica la lógica estratégica de esas bases y obliga a negociar con nuevas autoridades sirias.

El paraguas militar ruso puede mantener instalaciones, pero no necesariamente regímenes. Y eso altera el cálculo de cualquiera que hubiera comprado la idea de una protección rusa "indefinida". La protección rusa es reversible cuando surge una prioridad mayor.

ARMENIA, ALIANZA VACÍA

Armenia es tal vez el caso más embarazoso para la credibilidad rusa porque implica a su propia arquitectura formal de defensa. Ereván es miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), un bloque de seguridad regional nominalmente comprometido a defender a sus miembros de cualquier ataque. Agrupa a Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Sobre el papel, funciona como un pacto de defensa y asistencia mutua, con mecanismos de consulta y fuerzas "colectivas". En la práctica, su historial es desigual: su intervención más clara fue en Kazajistán en enero de 2022, cuando desplegó contingentes para ayudar al gobierno a estabilizar el país durante los disturbios.

Donde la OTSC se ha "quedado paralizada" es justo donde su promesa era más relevante: ante peticiones de Armenia por ataques y presión militar de Azerbaiyán (incluidos episodios fuera de Nagorno Karabaj), y ante choques entre miembros de la alianza, como algunos enfrentamientos kirguís-tayikos.

Azerbaiyán, previendo que Rusia se mantendría al margen, invadió lo que quedaba de Nagorno-Karabaj, ocupada por Armenia, en la primavera de 2023. La OTSC ha resultado ser una garantía política sin respaldo real cuando Moscú está distraído o debilitado

"Los armenios pidieron ayuda, invocaron el artículo de seguridad, Rusia se negó, arguyendo que eso no era territorio realmente de Armenia y no hicieron nada", recuerda Francisco Olmos, Investigador Principal en GEOPOL 21, un 'think tank' de análisis internacional. "En cambio "en Kazajstán, ahí sí que intervino la OTSC [en enero de 2022] aunque era algo puramente doméstico [manifestaciones contra el gobierno]". Armenia está decepcionada con la seguridad que en teoría aportaba Moscú, "pero no han abandonado la OTSC, han congelado, digamos, su membresía".

El resto de miembros tiene razones para mirar el paraguas con escepticismo.

UN MUNDO DE ZONAS GRISES

Hasta ahora la comparación con la OTAN era reveladora. El modelo ruso se parece más al Pacto de Varsovia tardío, donde la protección dependía de la prioridad del centro. Cuando el aliado cae, Putin ofrece refugio, no rescate: en Moscú se cruza el exilio del ucraniano Victor Yanukovich con el del sirio Asad.

Pero la entrada en el escenario de Trump, con un enfoque transaccional incluso con los miembros de la OTAN, hace que el mundo gire hacia un esquema de esferas de influencia en el que Putin, a pesar de sus problemas para proyectar su poder hacia su vecindario, puede intentar sacar partido.

Un mundo partido en zonas grises con dueño, donde las limitaciones propias estorban; pero las otras potencias distantes, no.