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¿Comprar Groenlandia? Todas las veces que EEUU se hizo con territorio a golpe de dólar

Como pasó con Alaska o Filipinas, quedarse Groenlandia se instala en una tradición puramente estadounidense: la de la expansión mediante la compraventa más que por la conquista

El Comandante en Jefe del Artic Command, el general mayor Soren Andersen, se ha reunido con miembros de las fuerzas de la OTAN en el cuartel general de Groenlandia, mientras Donald Trump mantiene su intencion de anexionarse la isla.
El Comandante en Jefe del Artic Command, el general mayor Soren Andersen, se ha reunido con miembros de las fuerzas de la OTAN en el cuartel general de Groenlandia, mientras Donald Trump mantiene su intencion de anexionarse la isla.Alberto Di Lolli
Actualizado

No es la primera vez que Estados Unidos se plantea comprar Groenlandia. Ya ocurrió en 1867, cuando el secretario de Estado de la joven república, William Seward, cerró la compra de Alaska a la Rusia zarista por 7,2 millones de dólares de la época. Groenlandia era el siguiente territorio en la lista de la compra de Washington. Pero la reacción en Estados Unidos fue tan negativa que el ministro del presidente Andrew Johnson abandonó la idea. También porque ese mismo año Gran Bretaña había concedido la autonomía a Canadá, que era el verdadero objetivo de Estados Unidos ya desde los tiempos de la Revolución. Y el argumento de que querían liberar al país vecino del yugo inglés dejó de ser sostenible.

La operación de Alaska se inscribía en una tradición puramente estadounidense: la de la expansión mediante la compraventa más que por la conquista. Y aunque la amenaza de las armas nunca estuvo realmente lejos de la mesa de negociaciones, lo cierto es que más del 40% del territorio estadounidense fue incorporado a golpe de dólares, incluso cuando estuvo precedido por una guerra. En el siglo XIX, la táctica de la compra, incluso bajo presión, ofrecía varias ventajas a unos Estados Unidos que aún no eran una potencia mundial: evitar un conflicto con las potencias europeas, legitimar la anexión y reforzar la percepción del excepcionalismo, tan apreciada por la opinión pública, convencida de que la colonización era cosa de europeos, mientras que ellos, los estadounidenses, eran liberadores o civilizadores.

Luisiana, 1803

Convencido de que Estados Unidos debía ser una nación de agricultores independientes, el presidente Thomas Jefferson, elegido en 1801, quería más tierras para poder asentarlos a todos. Ese fue el principal motivo de la célebre Louisiana Purchase, la compra a la Francia napoleónica de 828.000 millas cuadradas al oeste del Misisipi por 15 millones de dólares, fondos que el emperador francés necesitaba con urgencia para financiar sus guerras. La operación duplicó de un solo golpe la superficie de Estados Unidos, asegurándole además el control del estratégico puerto de Nueva Orleans. La Louisiana Purchase daría lugar a la creación de hasta 15 estados estadounidenses.

Florida, 1819

Controlada desde 1565 por España, pasada a manos británicas en 1763 y devuelta a la corona española apenas veinte años después, Florida se había convertido tras la Revolución estadounidense en un territorio sin ley, refugio de delincuentes, criminales y esclavos fugitivos. "Ninguna potencia colonial era ya capaz de hacer respetar la ley", explica el historiador H.W. Brands, profesor en la Universidad de Austin, en Texas. Además, era motivo de continuas disputas territoriales entre Washington y Madrid. Así, tras años de negociaciones, el secretario de Estado John Quincy Adams logró el golpe de su vida con la firma del Florida Purchase Treaty, por el que España cedía Florida a Estados Unidos sin coste alguno, salvo el reembolso de unos cinco millones de dólares en daños reclamados por ciudadanos estadounidenses a España. La ocupación formal tuvo lugar en 1821 y la admisión oficial como estado de la Unión, esclavista, en 1845.

Oregón, Texas, México (en parte), 1845-48

Tras arrebatar por sorpresa la nominación demócrata en 1844, James Polk -de quien Donald Trump tiene un retrato en el Despacho Oval- fue elegido impulsado por una campaña centrada en un programa de expansión agresiva. En la frontera norte adoptó una postura beligerante, muy similar a la de Trump con Groenlandia, bajo el lema "54°40' o guerra", en ese caso frente al Reino Unido, reclamando para Estados Unidos todo el territorio hasta la frontera con Alaska, entonces rusa. Pero en 1846 se conformó con un compromiso en el paralelo 49, que le permitió anexionarse Oregón.

En el frente suroccidental, Polk anexionó Texas, que era independiente, y fue a la guerra con México, que no aceptaba la anexión. El conflicto terminó con la victoria estadounidense, la ocupación incluso de Ciudad de México, una negociación muy parecida a la que Trump quiere imponer a Ucrania, y la cesión de más de 500.000 millas cuadradas de territorio, incluidas toda California con San Diego, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Colorado y Wyoming. A cambio, Estados Unidos asumió la deuda mexicana y pagó 15 millones de dólares. La expansión lograda por Polk fue la mayor de la historia territorial de Estados Unidos y "una de las mayores apropiaciones de tierras de la Historia", según el historiador Hampton Sides, autor de un libro sobre la conquista del Oeste.

Alaska, 1867

Como ya se ha señalado, Alaska fue vendida por Rusia a Estados Unidos por 7,2 millones de dólares, unos 120 millones a valor actual, por una superficie de más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados. Decidida por el zar Alejandro II, agobiado por las deudas tras la derrota en Crimea, la Alaska Purchase fue mal recibida en ambos países: "liquidación del pueblo ruso" o "pérdida", para la intelligentsia moscovita; "la locura de Seward", para los estadounidenses. Pero si aún hoy los nacionalistas rusos siguen lamentando el mal negocio, quienes se desdijeron muy pronto fueron los compradores, gracias a la fiebre del oro iniciada en 1897, que en pocas décadas reportó a Estados Unidos cien veces la inversión inicial.

Filipinas, 1898

El mito de una América inmune al virus del colonialismo se hizo añicos en 1898 con la guerra hispano-estadounidense, cuando las tropas estadounidenses ocuparon Puerto Rico, Cuba, Guam y, sobre todo, Filipinas, después cedidas por Madrid a Washington por 20 millones de dólares. En el archipiélago, Estados Unidos impuso una administración de tipo colonial, contra la que las poblaciones locales se alzaron repetidamente en armas, solo para ser reprimidas con violencia. Escarmentado por una experiencia costosa y dolorosa, el Congreso estadounidense empezó en 1934 a preparar el camino hacia la independencia de la nación asiática, concediendo primero la autonomía y después la independencia, que no llegó hasta 1946, al final de la Segunda Guerra Mundial, tras un periodo de ocupación japonesa.