Reza esperaba con ansia la llamada de sus seres queridos en Irán, mientras seguía por internet las noticias de la represión de las protestas contra el régimen. Los pocos vídeos que consiguieron sortear el bloqueo de internet mostraban un escenario de horror, con hospitales y morgues abarrotadas de civiles disparados por las fuerzas de seguridad.
Los primeros testimonios de familiares y amigos al otro lado del teléfono revelaron una violencia sin precedentes. "Reza, todo el mundo que conozco ha perdido a alguien. Vecinos, amigos, hijos, compañeros de clase. Han matado a tanta gente, todos hemos perdido a alguien", le explicó su primo desde Teherán.
Protestas multitudinarias en grandes ciudades y pueblos sacuden el país desde finales de diciembre y se han convertido en uno de los mayores retos que ha enfrentado la República Islámica. El régimen trata a los manifestantes de "terroristas" y ha reprimido las movilizaciones con el despliegue de diferentes unidades de la policía y militares. Según el observatorio de derechos Hrana, más de 2.600 personas han muerto y cerca de 20.000 han sido detenidas. Reza asegura que son muchos más los fallecidos: "Sólo el viernes 9 de enero en la ciudad de Mashhad mataron a 5.000 personas. En el norte, en Rasht, murieron en un día 1.500", afirma. Un amigo contó a este abogado que en el bazar de Rasht, un mercado antiguo muy conocido, "las fuerzas de seguridad empezaron a disparar a la gente y prendieron fuego a las instalaciones", dejando a decenas de personas atrapadas en el interior. "Conforme salían del mercado huyendo de las llamas, fueron disparados. Esta vez tenemos que contarlo todo, tenemos que hablar, ya no hay nada que ocultar por miedo", explica conmocionado.
Irán restableció este sábado el funcionamiento de los SMS dentro del país, bloqueados desde hace 9 días por las autoridades iraníes, que impusieron un apagón de las comunicaciones, con el corte de internet global y las llamadas internacionales, en medio de las protestas
Reza era un niño cuando se instauró la República Islámica, pero recuerda todos los intentos populares de derrocar al régimen. "La primera protesta seria que recuerdo fue cuando Jatamí era presidente [1997-2005]. Atacaron la universidad de Teherán. Yo en aquel entonces era estudiante. Recuerdo cómo la Guardia Revolucionaria acosaba a los estudiantes, tiraron a uno desde un tercer piso", describe. Años después tuvo que huir del país cuando las autoridades empezaron a acosarlo por su doctorado en Derechos Humanos. Tras varios periplos en países europeos, se instaló en España, donde no consiguió escapar por completo de las garras del régimen. "Durante las protestas de 'Mujer, Vida y Libertad' [en 2022] cuestioné al Gobierno iraní en mis redes sociales. Entonces fueron y detuvieron a mi padre, que en aquel momento tenía 79 años. Estuvo tres meses en prisión, lo torturaron y ahora está sordo de un oído", explica.
Desde el exilio, Reza ha observado el rápido deterioro económico y de libertades en el país. "El levantamiento actual empezó con la pérdida de valor de la moneda. Mi hermana me contó que los precios son una locura. Decía que vas al supermercado por la mañana y compras yogur por 100 toman [moneda nacional]. Por la tarde el mismo yogur vale 150 toman", describe. "Comer huevos se ha convertido en un lujo para muchas familias. Muchos ya no comen nunca pollo o carne. Irán es el quinto país más rico en recursos del mundo. ¿Cómo puede ser?", añade.
Pronto surgieron eslóganes contra el régimen y las movilizaciones se extendieron a todo el territorio. "La gente no quería irse a casa, pero cuando el líder supremo habló, trató a los manifestantes de alborotadores, de agentes israelíes... sabíamos que mucha gente iba a morir", señala. "Entonces perdimos el contacto con nuestros seres queridos", describe, sobre el bloqueo de telecomunicaciones impuesto el 8 de enero. "Lo que ha ocurrido en Irán es una carnicería. Es increíble. Mi tía es cirujana en Teherán. Me dijo que la noche del viernes fue la peor. Operaron a cuatro personas que recibieron disparos en la cabeza, en el cuello. Luego fueron trasladadas a la UCI, pero la Guardia Revolucionaria entró en la unidad y mató a estas personas, les inyectó aire", describe. Su testimonio coincide con las imágenes verificadas de decenas de fallecidos en Kahrizak, provincia de Teherán, donde los cuerpos metidos en bolsas mortuorias aún tienen los tubos de respiración conectados, lo que sugiere que fallecieron mientras recibían tratamiento.
Ante la continuación de la represión, Reza siente una gran frustración por "la falta de medidas de España y la Unión Europea" para "frenar esta masacre". "Han prohibido la entrada a iraníes al Parlamento Europeo. ¿Sirve de algo esto? ¿Por qué no incluyen a la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas o amenazan con entrar en el país a investigar las masacres?", se pregunta. Debido a esta situación extrema, Reza aceptaría incluso un ataque estadounidense que desestabilice al régimen. "Hay muchos debates en torno a esta solución. No tengo una respuesta, pero veo que la comunidad internacional no nos está ayudando. O el régimen nos mata o moriremos en una guerra. Pero al menos después de esto, el régimen desaparecerá e Irán será libre", advierte. En un ecosistema opositor marcado por las divisiones, este abogado confía en Reza Pahlavi, hijo del último Sha de Irán expulsado por la revolución islámica que ha tomado relevancia en las últimas semanas como alternativa al régimen. "Él dice que no quiere ser rey. La gente tampoco quiere, pero confía en que pueda liderar una transición. Es nuestra única alternativa", admite.
