- Primera vuelta El Partido Socialista y la extrema derecha de Chega pasan a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Portugal
- Legislativas El conservador Luís Montenegro gana las elecciones en Portugal y los ultras de Chega empatan con el Partido Socialista (mayo 2025)
António José Seguro (Partido Socialista, PS) y André Ventura (Chega, derecha dura) no contaban el pasado 18 de enero -cuando pasaron de forma sorprendente a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales portuguesas- con otros tres nombres que podrían influir y mucho en las votaciones de este domingo: Kristin, Leonardo y Marta.
Las primeras dos tormentas son las que han empapado la campaña electoral y han hecho estragos en el día a día de los ciudadanos en las últimas dos semanas, sobre todo en las regiones centrales de Portugal. La tercera, la nueva amenaza que llega del Atlántico. "Insto a toda la población a comportarse con seguridad y mucho cuidado para que no tengamos problemas y más víctimas", dijo el viernes el comandante nacional de Protección Civil, Mário Silvestre.
Cuando aún se está gestionando cómo ayudar al gran número de afectados por la tormenta Kristin, que provocó la muerte de seis personas de forma directa y cuatro de manera indirecta, dañando de manera importante carreteras y otras infraestructuras vitales, y dejando sin luz en algunos momentos a 850.000 hogares, la amenaza que suponen Leonardo y Marta puede dejar en sus casas a una parte del electorado menos comprometido con votar en estos comicios tan atípicos. El actual presidente, Marcelo Rebelo de Sousa, tuvo que cancelar a última hora su encuentro el viernes con Felipe VI en Madrid por las consecuencias del temporal.
Unas presidenciales muy distintas a las anteriores en las que los dos candidatos han gestionado de manera opuesta el único tema que de estos días: Seguro, de forma moderada frente a la reacción marcadamente populista de Ventura. Una señal, según indican las distintas fuentes consultadas, de cómo podría ser la convivencia con el primer ministro Luís Montenegro (Alianza Democrática, AD, derecha) si gana uno o lo hace el otro.
Las encuestas señalan una clara victoria del socialista, que llega en algunos casos al 70%, sobre todo por el apoyo de quienes van a votar contra la ultraderecha más que a favor de Seguro, una especie de "cordón sanitario" o "votar com o nariz tapado", como dicen los portugueses de manera más gráfica. Aunque todavía queda por ver cómo afectará el mal tiempo a los resultados y las consecuencias catastróficas que se están viviendo.
"Ambos candidatos cambiaron su agenda de campaña y se centraron en las consecuencias del temporal, pero lo hicieron de un modo tan distinto que es difícil saber quién sacará más partido de su opción estratégica", destaca el ex diputado Nuno Magalhães, director de Contexto Político en la consultora LLYC en Portugal. Magalhães, que fue secretario de Estado de Administración Interior entre 2002 y 2005 y presidente del grupo parlamentario CDS-PP (derecha), cuenta que mientras Seguro "visitó los lugares afectados sin periodistas y fue prudente con sus palabras, Ventura se centró en recoger y distribuir bienes y hacer declaraciones contundentes contra las medidas del Gobierno. Llegó incluso a decir que le importaban un bledo las elecciones".
En Portugal, los poderes del jefe de Estado son superiores a los de otras repúblicas, aunque no llegue a ser lo que en Francia o EEUU. Considerado el guardián de la Constitución, el presidente, que se elige por cinco años y que no puede acceder a un tercer mandato, puede disolver la Asamblea de la República y convocar elecciones anticipadas si cree que hay una crisis institucional grave sin solución. Esta potestad, llamada "la bomba atómica", es la que usó Rebelo de Sousa tras la dimisión de António Costa en 2023 o el pasado año con Montenegro, que obligó en los dos casos a celebrar elecciones legislativas. También puede devolver leyes a la Asamblea de la República con objeciones o enviarlas al Tribunal Constitucional para su revisión.
Esta es la segunda ocasión en la que los portugueses necesitan dos vueltas para elegir a su jefe de Estado en su medio siglo de democracia. La primera vez fue hace justo 40 años, entre el socialista Mário Soares y Freitas do Amaral, en la que ganó el primero por un estrecho margen. Además, en la primera vuelta del pasado enero tuvieron que escoger entre cinco candidatos, cuando habitualmente había sido cosa de dos. Los elegidos fueron Seguro, antiguo secretario general del PS, que no contó en un principio con el apoyo de su partido y que llevaba 11 años fuera de la política por una derrota ante António Costa; y Ventura, el líder populista que dio la campanada en las legislativas del pasado mayo, tras convertirse en el principal partido de la oposición frente a la formación de Montenegro.
"Las presidenciales siempre habían sido unas elecciones muy previsibles", explica Raquel García, investigadora del Real Instituto Elcano, "y sin embargo éstas han resultado tener, en muchos sentidos, un carácter histórico", afirma esta experta. "Portugal se había visto como un país en el que formaciones de derecha dura no tenían arraigo y, en muy pocos años, Chega, que se formó en 2019, se ha consolidado como un partido protagonista de la gobernabilidad del país". Aunque, según su impresión, al ser Ventura su única cabeza visible -fue el aspirante también a primer ministro- "podría acabar quemándose de alguna manera".
Magalhães añade que "el país está polarizado como nunca y políticamente tan fragmentado como en los primeros años de democracia". "La mayoría de las presidenciales las ganaron quienes, a derecha e izquierda, eran casi vencedores anticipados: ex primeros ministros o alcaldes con un prestigio y simpatía personales que iban más allá de sus partidos o incluso de sus ideologías", explica.

