Una vez al mes, 12 veces al año, Jeffrey Epstein aterrizaba con su jet privado en el aeropuerto de Le Bourget en París. Nada más tocar tierra enfilaba directamente hacia una misteriosa dirección: el número 22 de la Avenida Foch, donde estaba el piso de 800 metros cuadrados que compró en 2002 por 3,5 millones de euros y que hacía las veces de su cuartel general en la capital francesa.
Al pisazo, a tiro de piedra del Arco del Triunfo y de las grandes embajadas, no le faltaba de nada. Decorado profusamente en estilo neoclásico por Alberto Pinto, tenía cuatro salones para recibir a las visitas, un larguísimo comedor, un lujoso despacho, una inmensa suite nupcial, cuartos de baño de mármol y la consabida sala de masajes, como en todas las casas del financiero.
Las paredes estaban decoradas con fotos suyas con Bill Clinton, Donald Trump, Michael Jagger, Woody Allen, Fidel Castro y hasta el papa Juan Pablo II. Había también en los pasillos y en los cuartos de baño imágenes de chicas jóvenes ligeras de ropa. En una de ellas podría verse al propio Epstein rodeado por tres mujeres semidesnudas.
Por aquel piso desfilaron probablemente todos los amigos parisinos de Epstein: del ex ministro de Cultura Jack Lang (y su hija Caroline) a la banquera Ariane de Rothschild, pasando por el patrón de Hermès Axel Dumas, el matemático Cédric Villani, el monje budista Matthieu Ricard o el director de orquesta Frédéric Chaslin, el mismo que el 12 de septiembre de 2013 le envió este correo electrónico revelado en los archivos de Epstein: "Te encontré una chica maravillosa para tu próximo viaje a París. Estudiante de filosofía, 21 años. Se parece un poco a la actual esposa de Polanski [Emmanuelle Seigner]".
Aunque el visitante más asiduo fue seguramente Jean-Luc Brunel, fundador, entre otras, de las agencias Karin Model, MC2 Model Management y The Identity Models, considerado como el principal "proveedor" de mujeres de Epstein durante sus estancias parisinas. Brunel fue detenido y condenado por violación en 2020, protagonizó varios intentos de suicidio y fue encontrado muerto en su celda en la prisión de la Santé en 2022, en circunstancias muy similares a la muerte del propio Epstein en prisión tres años antes.
En 2019, precisamente, la asociación Innocence in Danger (Inocencia en Peligro) elaboró un informe remitido al fiscal sobre posibles casos de violación y agresión por parte del financiero pederasta. "No puedo imaginar que Jeffrey Epstein viniera a París a leer tranquilamente libros en su casa", advirtió en declaraciones a Radio Francia Homayra Sellier, directora de la ONG que defiende los casos de explotación sexual a menores.
Sellier llegó a recopilar una decena de casos, pero reconoció que todas las mujeres contactadas "estaban aterrorizadas por hablar o estaban sujetas a acuerdos de confidencialidad, algo habitual por parte de Epstein". El informe dio, en cualquier caso, pie a una investigación preliminar de la Policía judicial, que llegó a registrar el piso del número 22 de la Avenida Foch a la busca de pruebas (Sellier recalca cómo el apartamento fue visitado días antes por Valdson Vieira Cotrin, el mayordomo parisino de Epstein durante 20 años, "sin que se supiera muy bien lo que venía a hacer").
La Policía judicial se incautó en cualquier caso de dos ordenadores, varias memorias USB, decenas de fotografías y una lista de "62 nombres femeninos". Los documentos incautados se usaron como pruebas en el proceso de Jean-Luc Brunel. Tras su condena y posterior muerte en la cárcel, el juez cerró la investigación.
Reapertura del caso
La organización Inocencia en Peligro ha reclamado ahora la reapertura de la investigación, a raíz de la difusión de los documentos de Epstein y de la reciente denuncia por violación presentada por la ex modelo sueca Ebba Karlsson contra Daniel Siad, otro de los "reclutadores" predilectos de Epstein en Francia. "Hay muchas cuestiones en el aire sobre los cómplices y la gente que posibilitó en Francia el tráfico sexual del financiero", sentenció Homayra Sellier
El Ministerio de Asuntos Exteriores, que forzó la dimisión de Jack Lang al frente del Instituto Mundial Árabe, se ha visto también indirectamente salpicado por el caso de Fabrice Adrian, el diplomático francés que estuvo destinado en Oriente Próximo y en África del Norte, citado repetidamente en los archivos del caso Epstein e investigado desde 2013 por el FBI por pederastia.
El propio Ministerio de Exteriores ha reconocido que no descarta que otros diplomáticos aparezcan implicados en el caso Epstein, mientras la élite francesa espera con inquietud las futuras revelaciones tras el impacto y la alerta desatada por el caso del popular y carismático Jack Lang (investigado por apoyarse, junto a su hija Caroline, en Jeffrey Epstein para crear un compañía offshore y evadir impuestos).
Emmanuel Macron, que dijo en su día que el caso Epstein es "una cuestión de la Justicia estadounidense", ha cambiado esta semana de tono y ha pedido "claridad". "Si es cierto que la Administración tenía información hace varios años, se deberían haber hecho ciertas cosas", ha reconocido el presidente francés, víctima por su parte de fake news de fabricación rusa que lo vinculaban con las supuestas fiestas sexuales en el ya famoso y luminoso piso de Epstein en la avenida Foch.
El piso de Epstein, haciendo chaflán en el número 22 de la Avenida Foch, 16, fue valorado en nueve millones de euros en el momento de la muerte del financiero. El inmueble en el señorial distrito 16 de París fue adquirido por 10,5 millones de euros en el 2022 por Georgi Tuchev, magnate del plástico de origen búlgaro.


