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Academia francesa

Defender la lengua francesa a capa y espada

La entidad ha conservado la liturgia y los ritos desde su fundación. Entre ellos, un uniforme del siglo XVIII y la entrega de un sable. Al tiempo, la institución trata de renovarse

El filósofo Alain Finkielkraut, en su ingreso en la academia en 2016.
El filósofo Alain Finkielkraut, en su ingreso en la academia en 2016.Académie Française
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Se los llama "Inmortales" y, como en la película protagonizada por Christopher Lambert, alcanzan la eternidad empuñando una espada. Aparte del bicornio, la capa y el traje oscuro, bordado con motivos de hojas de olivo verdes o doradas, uniforme que data de finales del siglo XVIII, los 40 miembros de la Academia Francesa pueden optar por recibir un sable forjado que represente su vida y obra. La espada es financiada por el dinero de amigos y simpatizantes a través de una suscripción, y se entrega unos días antes de la oficialización del ingreso, durante una ceremonia privada.

Durante mucho tiempo, ni los miembros del clero ni las mujeres llevaban este ornamento que recuerda la antigua pertenencia de la institución a la Casa del Rey. Hélène Carrère d'Encausse, la tercera mujer elegida y hoy secretaria perpetua de la Academia, fue la primera en poseer una espada. El arma de la historiadora -accesoriamente madre del escritor Emmanuel Carrère- se llama Joyeuse, como la legendaria Joyosa de Carlomagno, y lleva grabado el lema "Heureux les pacifiques" (felices los pacíficos).

Algunas inmortales no sólo han exigido su espada, sino que han encargado una versión futurista, como la filósofa Barbara Cassin, que desde 2018 blande un honorable sable de Jedi, lo que también supone el ingreso al parisino Quai Conti, sede de la Academia, de un anglicismo. El artefacto pop, transparente, lleva dentro luces led donde puede leerse en letras violetas "Plus d'une langue" (Más de una lengua), cita de Jacques Derrida refiriéndose a la multiplicidad de lenguas que habitan el francés.

No a la escritura inclusiva

Pero hoy, ¿una espada como símbolo de qué? ¿Para luchar contra quién? La institución fundada en 1635 por el cardenal Richelieu debía proteger el francés, llevarlo "a la inmortalidad", como reza el sello que el cardenal entregó a la institución (de ahí el sobrenombre de sus miembros). Su vocación primera era "trabajar con todo el cuidado y toda la diligencia posibles para dar unas reglas seguras a nuestra lengua y volverla pura, elocuente y capaz de tratar las artes y las ciencias". Es una versión extendida del anónimo "Limpia, fija y da esplendor" de su hermana RAE.

El escritor Jean d'Ormesson ha ido más allá al indicar que "pretende evitar a los franceses y al pueblo francés el cruel destino de Babel". No es de extrañar entonces que, de un sablazo, la Academia haya intentado cortar de cuajo y por unanimidad la incipiente "escritura llamada inclusiva", que "da lugar a un lenguaje desunido, dispar en su expresión, creando una confusión que conduce a la ilegibilidad". "La lengua francesa corre peligro de muerte", a causa de esa "aberración", advirtió la Academia en 2017. "Nombrar mal las cosas significa aumentar las desgracias del mundo", decía Albert Camus.

Este papel conservador -reaccionario y machista para sus detractores- va acompañado por una segunda misión. Para velar por el buen uso del francés, la Academia está obligada desde el inicio, por sus estatutos, a redactar un diccionario. La legendaria lentitud para culminar dicho proyecto ha sido durante décadas motivo de burlas y controversias, además de celos, al compararse con la velocidad de la Academia de Madrid para crear el propio.

Prestigio exterior

En el prólogo de la edición de 1986, Maurice Druon, secretario permanente, lo reconocía: "Las quejas y bromas sobre la lentitud del Diccionario son casi tan antiguas como la propia Académie". Hoy, va por la novena edición. En el camino, entre una versión y otra, podía pasar medio siglo para arrojar un mero copiar/pegar de la anterior (en una época donde no existía el ordenador), con definiciones marcadas por la arbitrariedad.

En la actualidad, el prestigio de la Academia Francesa existe sobre todo en el extranjero. Mientras Balzac o Baudelaire en su época movilizaron sus influencias para poder sentarse en uno de sus sillones, algunos escritores contemporáneos la esnobean. Si Zola fue en su época candidato a ingresar 25 veces sin conseguirlo, los premios Nobel Le Clézio o Modiano han rechazado hasta hoy su propia membresía. En cuanto a la última distinguida con el premio sueco, fue lapidaria sobre la posibilidad de tener su sillón. "Es una institución de conservación muy antigua. [...] Cuando uno acepta los honores, es porque ya no tiene mucha esperanza en su escritura, en su acción a través de las palabras. Toma asiento", dijo Annie Ernaux. Actualmente hay dos premios Nobel: el biólogo Jules Hoffman y, ahora, Mario Vargas Llosa.

Consciente de la necesidad de actualizar su imagen, la Academia ha encontrado una nueva veta de candidaturas más allá de sus fronteras, y se jacta de que "casi un cuarto de los miembros actuales nacieron en el extranjero". El canadiense de origen haitiano Dany Laferrière fue una primera muestra de que no sólo se trata de incorporar "inmortales" fuera de Francia, sino de ampliarse por el mapa de la francofonía.

EXTRANJEROS CÉLEBRES Y CENA EN EL ELÍSEO

Mario Vargas Llosa no es el primer extranjero que entra en la Academia (sí el primero que no ha escrito su obra en francés, y el primero que supera la edad límite de 75 años). Otros 19 académicos no nacidos en Francia se han incorporado a la institución a lo largo de su historia. Entre ellos, Julien Green, Eugène Ionesco, Héctor Bianciotti, François Cheng, Assia Djebar o Amin Maalouf.

De los 40 asientos, cinco están vacantes, por el fallecimiento de sus titulares. Seis de los 35 restantes están ocupados por mujeres.

Vargas Llosa ingresará el próximo 9 de febrero, con la lectura de su discurso. Previamente, recibió la aprobación del presidente de la República, Emmanuel Macron, en su calidad de protector de la Academia. Macron invitó al Nobel a una cena en el Elíseo en septiembre.

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