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Los límites del arte

Cuando el arte se lleva al extremo: "El dolor es la puerta"

Expresiones individuales o protesta política, transgresoras y excesivas, las 'performances' de riesgo han saltado de los espacios marginales a cobrar protagonismo en galerías, museos y ferias como ARCO

Orlan, la artista mutante, que se sometió a nueve operaciones estéticas.
Orlan, la artista mutante, que se sometió a nueve operaciones estéticas.
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Los retablos góticos fueron todo un espectáculo de torturas y martirios, un infierno que se anticipó siete siglos al gore más explícito de las pantallas. Pero el efecto de la sangre (real) y del dolor (real) en directo causa un impacto incomparable, brutal, de ahí que la performance (actuación, en inglés) se erija en el arte más radical y extremo, un aquí y ahora, a corta distancia del artista.

Desde sus inicios en los años 60, la performance ha sido el territorio salvaje para acciones que transgreden moralidad, ética, tabúes e incluso leyes. Los Accionistas Vieneses ya sentaron cátedra con sus controvertidas y perturbadoras acciones (que incluían fluidos corporales, vísceras, laceraciones y escenas sexuales) en una Austria ultraconservadora. Casi todos sus miembros pasaron por la cárcel o se exiliaron. «Las performances más radicales suelen surgir en contextos totalitarios o donde la libertad de expresión está amenazada. Después del apartheid, Sudáfrica se convirtió en una de las capitales de la performance. Y en la Latinoamérica de los años 60 hay una presencia incomparable de performers. Mientras en Estados Unidos los artistas teorizaban o estaban en un estado embrionario, los latinoamericanos se jugaban el pellejo y usaban el arte como herramienta de combate político», explica el periodista e historiador Pedro A. Cruz Sánchez, autor del monumental Arte y performance. Una historia desde las vanguardias hasta la actualidad (Akal).

La performance extrema suele ser una práctica relegada a lo underground, la expresión de una disidencia no apta para todos los públicos. Pero ha ido ganando terreno en galerías, museos y, aunque no suele verse en ferias, el año pasado entró en ARCOmadrid con Wynnie Mynerva (Lima, 1991), que acaparó titulares -y polémica- por su instalación Cerrar para abrir, que además de coloridas esculturas de plexiglás, incluía un vídeo de la cirugía a la que se sometió para suturar su vagina. «No me siento identificada con la idea de mujer biológica. Quiero sentirme la diseñadora de mi propio cuerpo», contó. La artista, que creció en uno de los distritos más violentos de Lima, hizo de esa cirugía un proyecto artístico sobre la condición de la mujer y lo no binario. Pero no fue su acción más extrema: en Soy un principio y un final muestra a una perra comiéndose a su cría muerta frente a imágenes de la artista haciendo lo mismo con los restos de su aborto clandestino (en Perú el aborto es ilegal). Lo consideró «una forma de ritual», de «reconciliación» con el trauma abortivo.

'Acción 135' de Hermann Nitsch, artista del Accionismo Vienés.
'Acción 135' de Hermann Nitsch, artista del Accionismo Vienés.

Cirugía y mutación

La maestra de la performance quirúrgica es la francesa Orlan (Saint-Étienne, 1947), que a sus 75 años aún luce esas protuberancias en la sien que se insertó en los años 90. Tras someterse a nueve operaciones en menos de tres años, en el ciclo La reencarnación de Santa Orlan, los médicos dijeron basta: su vida corría peligro. Su objetivo no era estético, al contrario, deconstruyó los cánones de belleza para convertirse en una «artista mutante».

'Cerrar para abrir' de Wynnie Mynerva en ARCO 2022.
'Cerrar para abrir' de Wynnie Mynerva en ARCO 2022.

«Las líderes de las performances de riesgo son mujeres. En los años 60 y 70, la mujer asumió su cuerpo como ámbito de libertad: el autoinfligirse heridas y dolor es un acto de subversión. Con la performance, la mujer ganó otro espacio de poder», apunta Cruz Sánchez. Si hay una gurú de la performance esa es, desde luego, Marina Abramovic (Belgrado, 1946), que acuñó la famosa frase Pain is the door (el dolor es la puerta). Su performance más dura fue Rythm 0, que realizó en 1974 en la galería Studio Mora de Nápoles. Dispuso una mesa con 72 objetos de toda índole (flores, tijeras, látigos, plumas, sal, miel, cuchillos...) e invitó al público a que los usara como quisiera sobre su cuerpo: «Yo soy el objeto». Durante seis horas, la artista fue cortada y herida, parcialmente desnudada, pintada, incluso un espectador la apuntó con una pistola cargada. Pero Abramovic permaneció allí, quieta, con lágrimas en los ojos, en una de sus primeras performances de resistencia.

'Rhythm 0'  (1974), la performance más extrema de Marina Abramovic.
'Rhythm 0' (1974), la performance más extrema de Marina Abramovic.

Arma política

En la misma época, la cubana Ana Mendieta (1948-1985)destacaba por sus piezas contestatarias y feministas, por su grito contra la dictadura castrista. Su acción más cruda fue Rape Scene (1973) y el título lo dice todo: recreó la escena de una violación para denunciar la que había sufrido una estudiante universitaria ese mismo año en Iowa City, la ciudad donde la presentó.

'Autosabota-je' de Tania Bruguera: una conferencia con ruleta rusa.
'Autosabota-je' de Tania Bruguera: una conferencia con ruleta rusa.

A Mendieta le dedicó Tania Bruguera (La Habana, 1968) sus primeras performances, recogiendo su testigo. En el Jeu de Paume de París lo que iba a ser una conferencia titulada Autosabotaje (2009)se convirtió en una ruleta rusa: mientras lee sus reflexiones sobre arte político Bruguera hace una pausa, coge un revolver, hace girar el tambor, se lo lleva a la sien, cierra los ojos y dispara.

«Eventos de arte político» prefiere llamarlos Piotr Pavlenski (San Petersburgo, 1984), que en la Rusia de 2012 se cosió la boca después de que las Pussy Riot fueran condenadas a dos años de cárcel por irrumpir en la catedral de Kazan con pasamontañas de colores y una canción punken una lúdica performance feminista. «Era la situación que vivíamos: de censura. Todo el país era una cárcel», explicó Pavlenski a este medio desde su exilio en París. Tras Fijación (él mismo se clavó el escroto en la plaza Roja de Moscú), Amenaza (incendió las puertas del KGB) o Separación (se cortó la oreja con un machete delante de un psiquiátrico), Pavlenski tuvo que abandonar Moscú.

'Fijación' de Piotr Pavlenski, que clavó su escroto con un martillo en la plaza Roja de Moscú.
'Fijación' de Piotr Pavlenski, que clavó su escroto con un martillo en la plaza Roja de Moscú.

¿Dónde están los límites? ¿Hasta dónde puede llegar un artista? «No hay límite. Ni siquiera la ley, salvo que te pille la policía y te meta en la cárcel», señala Cruz Sánchez. Una cárcel que hasta Zhu Yu (Pekín, 1970), «el artista caníbal» que ingirió en más de una ocasión fetos humanos cocinados, ha sorteado en China. Y ahora es vegetariano.

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