LA LECTURA
LA LECTURA

Solimán López, artista digital: "La pantalla es muy fría pero el arte tiene que ser poético"

El fundador del Hard Disk Museum estrena la primera exposición 'new media' del Instituto Cervantes, con una relectura del 'Quijote' y los retos eólicos en los campos de Castilla

Solimán López en los campos de Castilla-La Mancha, en el documental de su proyecto 'Aeolia', que parte de 'El Quijote'.
Solimán López en los campos de Castilla-La Mancha, en el documental de su proyecto 'Aeolia', que parte de 'El Quijote'.
Actualizado

Hasta aquel lugar de la Mancha de cuyo nombre Cervantes no quería acordarse viajó Solimán López (Burgos, 1981) para atrapar el viento. Suena quijotesco pero es real: el artista succionó el viento de los campos de Castilla con un compresor para traerlo al Instituto Cervantes de Madrid. Ese viento pondrá en movimiento un molino-escultura-eólica que es la pieza central de Aeolia, la primera exposición de arte digital que estrena el ciclo Paisajes Intangibles.

Partiendo del Quijote y la famosa escena del capítulo VIII en la que el hidalgo se enfrenta a los molinos de viento que confunde con gigantes, Solimán López ha construido una compleja instalación que va más allá de lo literario para cuestionar los límites de la Inteligencia Artificial (IA) y adentrarse en los retos de la energía eólica.

«La pantalla es muy fría, un lugar un tanto inhóspito. Pero el arte tiene que ser poético. Un cuadro siempre ha sido venerado como la expresión del artista. Pero la tecnología no se identifica todavía como arte, la vemos como un servicio, no como un espacio poético», explica López, uno de los más destacados artistas digitales de nuestro país, el primero en vender una obra NFTen ARCO 2021, el fundador del pionero Hard Disk Museum y del laboratorio de Innovación en la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia. «Las noticias de ventas millonarias de NFT y la especulación en torno al ecosistema digital han generado mucha confusión. Ha habido mucho oportunismo y han proliferado obras de un efecto wow que no perdura», añade.

A López le fascina la tecnología desde niño. «Cuando veía el fax pensaba que era algo mágico:tú ponías un papel en un sitio y aparecía en otro lugar... ¡Traspasaba el tiempo y el espacio!», recuerda con una sonrisa. Pero cuando estudió Historia del Arte, la teoría prácticamente acababa en los ismos y las vanguardias históricas. «Mi inquietud era el pensar ¿cómo se puede generar Historia del Arte hoy? ¿Con qué nuevas herramientas se escribe?», plantea.

Solimán López fundó el Hard Disk Museum en 2015.
Solimán López fundó el Hard Disk Museum en 2015.

Sus inicios en el ámbito digital son prácticamente artesanales. Incluso lleva tatuado en su antebrazo una secuencia en rojo de líneas y puntos: código morse, una innovación del siglo XIX. Aunque hizo sus pinitos como artista plástico, con cuadros que incluían cables, su primer gran proyecto -aún en curso- fue el Hard Disk Museum: un museo digital dentro de un disco duro, al que el público accede con gafas de realidad virtual. Hoy suena normal,a dos clicks se pueden encontrar museos virtuales en el metaverso, pero en 2013 la idea causaba sorpresa. «Siempre me ha interesado cómo se archiva y se preserva lo digital», admite. Al final de la década daría el salto a la biotecnología gracias a las investigaciones de ADN del laboratorio del MIT.

«La tecnología actual permite almacenar una cantidad enorme de datos digitales en una molécula de ADN que se puede imprimir en 3D», explica. Entonces empezó a desarrollar los más proyectos de bioarte, estrechamente relacionados con la naturaleza y la ciencia, de la preservación de la selva amazónica a cómo acabar con la basura espacial. Literalmente, ha viajado a los confines del planeta: ha llegado al glaciar de Svalbard del Ártico, se ha adentrado en la selva colombiana y ha subido al volcán Chimborazo, cuya cima alcanza los 6.263 metros.

«El mundo tecnológico es muy autoreferencial. Hay que salir de la burbuja para no convertirte en un tecnócrata», admite. Aunque encarna la hipermodernidad tecnológica, su obra no podría ser más humanista, poética y filosófica. Empezó noviembre presentando Manifiesto Terrícola en Chile y lo terminará con El Quijote. Porque Aeolia es un cruce de caminos donde confluyen varias de sus investigaciones.

Además de un documental y una escultura digital con un mapa en 3D de todos los aerogeneradores de Castilla-La Mancha, López propone una relectura contemporánea del Quijote con versiones reescritas por una IA entrenada para que el libro sea más inclusivo, pacifista, feminista, queer... No se lleven las manos a la cabeza. «Quijote sólo hay uno», reivindica el artista. Y la comisaria Roberta Bosco, especialista en new media, matiza: «Esta iniciativa no debe verse como un gesto de fe en la creatividad de las máquinas, sino como un acto filosófico y crítico que cuestiona el papel del autor, el lenguaje y el lugar del ser humano en el mundo simbólico, en este inicio de siglo». Esas reescrituras precisamente demuestran las limitaciones de la IA y la controversia que genera en la autoría: ¿quién quiere leer un libro de 800 páginas escrito por un algoritmo?

Aeolia. Solimán López

Comisaria: Roberta Bosco.
Del 27/11/25 al 08/03/26.