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Los grandes duques Enrique y María Teresa de Luxemburgo ceden el trono: la historia de la rica plebeya cubana que enamoró al heredero y enfadó a su suegra

Los grandes duques de Luxemburgo, María Teresa y Enrique.
Los grandes duques de Luxemburgo, María Teresa y Enrique.GTRES
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En plena época dorada para las monarquías europeas, el príncipe Juan de Luxemburgo, como heredero al trono de dicho país, estaba obligado a casarse y tener descendencia. Lo hizo con un matrimonio concertado con la princesa Josefina Carlota, primogénita del rey Leopoldo III de Bélgica y de la princesa Astrid de Suecia, nieta de los reyes Óscar II de Suecia y Federico VIII de Dinamarca.

Tras conocerse en el castillo de Fischbach en 1948 empezó la maquinaria para casar a estos dos grandes nombres europeos que, finalmente, se dieron el "sí, quiero" el 9 de abril de 1953 en el Salón de Ceremonias del Palacio Gran Ducal de Luxemburgo y posteriormente en la Catedral de Notre-Dame. El matrimonio tuvo cinco hijos, María Astrid (71), Enrique (70), los mellizos Juan (68), Margarita (68) y Guillermo (62).

Para saber más

Debido a la Ley Sálica, María Astrid (71) no podía heredar el trono, por lo que todos los ojos estuvieron puestos en el apuesto Enrique (70), a quienes sus progenitores deseaban una mujer de la alta nobleza y, a ser posible, princesa, para que el linaje de los Nassau-Weilburg-Borbón-Parma siguiere siendo resplandeciente de cara a la monárquica Europa.

Pero aquellos deseos no tardaron en desvanecerse cuando el príncipe Enrique conoció en la Universidad de Ginebra a la atractiva cubana María Teresa Mestre (69), una rica plebeya con raíces catalanas de la que no tardaría en quedarse tremendamente prendado. Aunque oficialmente ella asegura que se lo presentaron amigos españoles de sus respectivos padres, el runrún histórico asegura que cuando los dos jóvenes se conocieron ella no sabía quién era.

Tan solo le dijo que se llamaba Enrique, sin apellidos, para evitar que las cazafortunas se enamorasen más del título y su fortuna que de su personalidad. Con apenas 20 años, aquella morena racial educada en los mejores colegios del mundo se enamoró de aquel apuesto joven alto, rubio y de ojos claros. Mantuvieron su relación en secreto, hasta que ya no pudieron más.

Como era de esperar, en cuanto la Gran Duquesa Josefina Carlota se enteró de los intereses amorosos de su vástago cayó presa de la cólera. Se las ingenió para que toda la maquinaria del castillo se pusiera en marcha para evitar males mayores debido al origen plebeyo de la joven. Sin embargo, esto podría quedar en entredicho, ya que el historiador Jonatan Iglesias comentó a quien escribe estas líneas que "si escudriñamos su árbol genealógico aparecen nombres ilustres como el II conde de Casa Montalvo o los marqueses de San Felipe y Santiago o los Espinosa de los Monteros, entre otros".

El príncipe Enrique se enfrentó a sus progenitores. Su única intención era ser feliz con la mujer que le eligiera y no con la que se le impusiera. Incluso llegó a amenazar con apartarse de la sucesión al trono. Como María Teresa no las tenía todas consigo hizo gestiones para conseguir un trabajo en la Cruz Roja de Ginebra. A regañadientes los Grandes Duques invitaron a María Teresa a una cacería en el castillo de Berg donde tuvo lugar la pedida de mano. En noviembre de 1980 lo anunciaron oficialmente a los luxemburgueses, quienes hasta ese momento no sabían que el heredero estuviera enamorado.

La boda se celebró el 14 de febrero de 1981 en la Catedral de Santa María en Luxemburgo y, a su salida, miles de personas vitorearon a los novios. A la Gran Duquesa se le carcomían los nervios por dentro. No soportaba que una plebeya cubana ocupara su lugar en el futuro. Para este día tan especial, María Teresa lució un exclusivo diseño de Balmain de manga larga y falda de vuelo con detalles plisados en el cuerpo y las mangas, así como detalles de pelo en el escote, el bajo y los puños, que fueron de gran alivio en aquel crudo invierno. La cola medía dos metros y estaba sujetada por la tiara de brillantes del Congo Belga que le había prestado su suegra.

Entre los asistentes a la boda se encontraban los reyes de Bélgica Balduino I de Bélgica y Fabiola, la reina Margarita de Dinamarca, el príncipe Felipe de Edimburgo y Rainiero III de Mónaco junto a Grace Kelly quien, junto a la novia, fue la mujer más fotografiada del evento social. Este fue el último de gran importancia al que asistió la ex actriz hollywoodiense reconvertida en princesa ya que falleció en accidente de coche a los 52 años en septiembre de 1982.

En una entrevista exclusiva a ¡Hola! en marzo de 2021, la Gran Duquesa María Teresa de Luxemburgo reveló: "Yo no pertenecía a la realeza y eso, que hoy en día parece normal, en aquel momento era excepcional". Por ello, tal y como dijo en otra conversación con un periodista, aprendió "sola a convertirme en Gran Duquesa observando y visitando numerosas asociaciones y hospitales. La empatía me conmovió de inmediato. Necesito el contacto físico con la gente; nunca me canso de él. Estamos aquí para ayudarlos y servirles... Mi intuición me guía".

La pareja real está muy feliz por haber creado una bonita familia compuesta por cinco hijos y ocho nietos. Por orden de nacimiento, sus descendientes son Guillermo, Félix (41), Luis (39), Alejandra (34 y Sebastián (32). Este último es el único que permanece soltero y sin descendencia. A pesar de que María Teresa se había esforzado por encajar en la rancia tradición de la Casa, la Gran Duquesa Josefina Carlota seguía sin tragar a su nuera.

Y no se lo puso nada fácil. Con el paso de los años, la ex Gran Duquesa María Teresa confesó a unos periodistas en privado que su suegra la solía llamar "la pequeña criolla" o "la pequeña cubana". Todo aquello generó grandes tensiones familiares en las que el Enrique, Gran Duque de Luxemburgo, no quiso intervenir, por lo que se agudizó el distanciamiento familiar.

Uno de los momentos más duros y dramáticos del reinado de los Grandes Duques de Luxemburgo ocurrió en 2019 cuando el gobierno encargó el informe Waringo para saber qué función ejercía la Familia Real y cómo invertía el dinero de los contribuyentes, donde María Teresa salió muy mal parada. Se descubrió que en los últimos años había despedido a decenas de miembros del personal del castillo de malas maneras y sin motivos aparentes, haciendo gala de un comportamiento despótico que creó una cultura del terror. En 2020 se empezaron a tomar medidas, entre ellas, la Gran Duquesa perdió influencia en la corte.

En esta ocasión, su esposo la defendió públicamente: "¿Qué sentido tiene atacar a una mujer? ¿A una mujer que defiende a las demás mujeres? ¿A una mujer a quien ni siquiera le está permitido defenderse? Se ha puesto injustamente en entredicho a mi esposa". Para limpiar su imagen, María Teresa concedió una entrevista al canal Univisión.

Fortuna familiar

El origen de la fortuna de la familia de María Teresa, así como sus raíces catalanas y españolas, se rastrea hasta su trastarabuelo José Antonio Mestre Roig, que emigró a Cuba para labrarse un futuro mejor gracias a la instauración de la liberación del comercio directo con algunas islas del Caribe a petición de Carlos III en la segunda mitad del siglo XVIII.

Nacido en Sitges en agosto de 1787, José Antonio se casó en 1830 con Josefa Dionisia Domínguez y Morales, hija de un matrimonio tinerfeño. No tardarían en convertirse en dos de las figuras clave de la burguesía de Cuba cuyos posibles heredaron sus descendientes, que tuvieron cargos importantes entre el funcionariado o en el mundo de los negocios.

De hecho, Agustín Batista González de Mendoza, el abuelo materno de la Gran Duquesa, fue hacendado de Puerto Príncipe y presidente del Consejo de Administración de la Trust Company of Cuba y su mujer, María Teresa Falla Bonet, fue la heredera de un multimillonario dueño de una azucarera y de dos bancos confiscados a raíz de la revolución cubana. Con la llegada al poder de Fidel Castro, los Mestre se instalaron en Nueva York.

Allí, la joven María Teresa estudió en el Marymount School, una institución católica para chicas en el elitista Upper East Side y, posteriormente, se matriculó en el Liceo Francés. En 1965 los padres de María Teresa y sus hermanos se trasladaron a Santander, donde su familia poseía amplias extensiones de terreno y, tiempo después, se instalaron en Ginebra, donde el padre de la futura Gran Duquesa tenía su negocio bancario.

En Gstaad, la célebre estación de esquí donde tenían residencias Elizabeth Taylor, Julie Andrews y Valentino, María Teresa estudió en el Chalet Marie-José, una escuela privada de gran raigambre. Después se matricularía en Ciencias Políticas en la Universidad de Ginebra, donde su vida terminaría como en un cuento de hadas.

Por primera y única vez en su vida, la Gran Duquesa María Teresa quiso conocer de primera mano sus orígenes catalanes, por lo que en verano de 1996 viajó a Sitges junto a su esposo, el Gran Duque Enrique de Luxemburgo. Tal y como publicó el diario ECO de esta localidad mediterránea, el matrimonio se paseó por algunas zonas que en su día pertenecieron a los antepasados de María Teresa, entre ellas, una finca enorme situada en pleno centro en la confluencia de las calles Jesús y Francesc Gumà.

Como gesto de buena voluntad, la noble obsequió a la localidad con el libro Genealogía biográfica de la familia Mestre Batista (1988), escrito por su madre, María Teresa Batista de Mestre, que contiene un conjunto de árboles genealógicos que la vinculan con Sitges y Sant Perre de Ribes y que se conserva en el Arxiu Històric de Sitges.