CASA REAL
Noruega

Mette-Marit, la princesa 'salvaje' que avergüenza a Noruega por su 'affaire' con Epstein

Mintió sobre la profundidad de su amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein. La desclasificación de cientos de mensajes intercambiados entre la esposa del heredero Haakon y el financiero deja en la picota a quien está llamada a ser futura reina, algo que ya rechaza la mayoría de su pueblo. Es el último escándalo de ‘la Cenicienta’ que nunca encontró su lugar en la ‘aburrida’ Corte.

La princesa noruega Mette-Marit en una imagen reciente.
La princesa noruega Mette-Marit en una imagen reciente.GETTY
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"Lo importante es lo que haga en el futuro, no lo que hizo en el pasado". Así se expresaba Elin Orre, una enfermera de Oslo que, como más de un centenar de miles de sus compatriotas, se echó a la calle el 25 de agosto de 2001 para apoyar a los flamantes novios que ese día protagonizaban la boda real más insólita de todos los tiempos, la del príncipe heredero Haakon y Mette-Marit Tjessem Høiby, apodada entonces la Cenicienta de Kristiansand. Hasta el obispo Gunnar Staalseth, que ofició el sacramento matrimonial, se dejó llevar por la ola romanticona: "No han elegido el camino más fácil, pero el amor ha triunfado", dijo ante la estupefacta mirada de reyes de toda Europa todavía no curados de todo espanto y Herederos como Felipe de Borbón, enamorado por aquellos días de la modelo Eva Sannum, y que tan bien reflejado se veía en su amigo Haakon.

Apenas unos meses antes, y en pleno debate nacional sobre la idoneidad de que aquella joven que había consumido toda clase de sustancias, había participado en un reality eróticofestivo y había tenido una relación con un hombre condenado por posesión de cocaína, conducción ebria y agresiones, fruto de la cual había nacido su primer hijo, Marius Borg, ella había admitido su "pasado salvaje" y querencia por los "chicos malos", por lo que pedía disculpas y una oportunidad para emprender una nueva vida, al más puro estilo Julia Roberts en Pretty Woman. Y el júbilo con el que se vivió aquella ceremonia pareció confirmar que, pese a las andanadas de los sectores luteranos más conservadores, el grueso de los noruegos pensó que pelillos a la mar y que tirara la primera piedra quien estuviera libre de pecado.

Varias vidas ha tenido Mette-Marit. Y, por lo que se ve, no ha encontrado su lugar en ninguna ni ha sido capaz de aprovechar lo que le iba ofreciendo a cada paso el destino. Quizá aquella enfermera Elin Orre comparta hoy, como la mayoría de los noruegos, que la esposa de Haakon no debe convertirse en reina consorte en su día.El 47,6% se opone frente al 28,9% que aún la respalda, según un sondeo de esta semana de TV2. Y es que la "falta de criterio" que ha demostrado a tenor de todo lo que está dejando a la luz el escándalo de su amistad con el empresario pedófilo Jeffrey Epstein, en expresión del primer ministro Jonas Gahr Støre -nunca un jefe del Gobierno había censurado públicamente a un miembro de la Casa Real, lo que dice mucho de la grave crisis institucional que golpea al país escandinavo-, avergüenza al mismo pueblo que una vez decidió que no pasaba nada porque los portones de Palacio se abrieran para una mujer con un perfil en las antípodas de lo que se consideraba el modelo ideal de princesa consorte.

Para saber más

La amistad de Mette-Marit y Epstein arrancó en enero de 2011. Boris Nikolic, consultor de la fundación de Bill y Melinda Gates -matrimonio tan relacionado con el pedófilo como con la misma princesa-, coincidió en el Foro de Davos con la nuera del rey Harald. Y, mes y medio después, Nikolic escribió a Epstein para preguntarle si iba a estar en Nueva York en marzo. Porque "una amiga" iba a ir a visitarle. "No es la típica royal, es retorcida", le dijo -según los documentos desclasificados-, junto a una búsqueda de Google sobre ella: Mette-Marit. A partir de ahí, se sabe que ambos mantuvieron una larguísima relación de colegueo, en la que, además de verse varias veces, se escribían con asiduidad, muchas veces con el tono picante que él acostumbraba con su círculo. Se contaban intimidades: él se preocupaba por su salud; ella, por buscarle pareja. En un correo, la princesa le llega a decir: "París es bueno para el adulterio". Y en otros que "le echa de menos". Hablaban de películas, de libros y de aficiones comunes. En una referencia a Nabokov, autor de Lolita, él le espeta picarón a la princesa: "Ahora veo por qué te gustan estos libros".

Mette-Marit (dcha) con otra mujer en la casa de Epstein en Palm Beach.
Mette-Marit (dcha) con otra mujer en la casa de Epstein en Palm Beach.EM

En los documentos también aparecen referencias a Marius Borg, entonces menor de edad. En uno de ellos, la noruega pregunta a Epstein si es inapropiado sugerir como fondo de pantalla para su hijo "dos mujeres desnudas llevando una tabla de surf". La respuesta del magnate es seca: "Déjale decidir. Una madre debería mantenerse al margen".

Y todo a pesar de que, en un mensaje de octubre de 2011, ella, en el juego divertido y desvergonzado que parece caracterizaba la amistad, le confiesa que había buscado información sobre él en Google y que los resultados "no causaban buena impresión", seguido de emoticonos cariñosos. Como para causarla, cuando el empresario se situaba bajo el foco de distintas investigaciones relacionadas con delitos sexuales contra menores desde 2005, ya había pactado con la Fiscalía por un asunto de acoso y ya pesaba sobre él una condena que le había mantenido más de un año en arresto domiciliario, aunque el grueso de sus repugnantes andanzas aún permaneciera para esas fechas oculto. La princesa también conoció a Ghislaine Maxwell, la cómplice de Epstein hoy entre rejas, en un evento de Clinton, en 2012, según se supo ayer.

Haakon y Mette-Marit se conocieron en 1999, dos años antes de casarse, durante un festival de música. Él diría que le "había sorprendido la normalidad de la brillante sureña" y que el hecho de que tuviera un hijo de casi tres años lo vio como un signo de que "no tenía miedo a asumir compromiso y responsabilidad". No se aireó lo que fuera que le dijera su padre, el rey Harald, a propósito de su decisión de casarse con ella. Trascendió, sí, que el príncipe amagó con renunciar a sus derechos, extremo sobre el que él mismo llegó a confesar que fue una opción que nunca creyó seriamente que tuviera que abordar. Al muy respetado Harald, en todo caso, debió de pesarle mucho su propia historia personal y las vicisitudes por las que él había pasado para casarse con la costurera Sonia -por más que lo único polémico en la biografía de la actual reina fuera su origen plebeyo-. Y suponemos que los recuerdos le ablandarían y se tragó el sapo.

Mette-Marit y Haakon junto a sus hijos Ingrid y Sverre y los reyes noruegos, Harald y Sonia en una imagen de agosto de 2024.
Mette-Marit y Haakon junto a sus hijos Ingrid y Sverre y los reyes noruegos, Harald y Sonia en una imagen de agosto de 2024.AP

Pero, aunque las campanas de boda habían repicado felices, y todos se habían hinchado de perdices, se vio lo complicado que era para Mette-Marit amoldarse a su nuevo rol. Junto al curso intensivo de princesa heredera, los estilistas de Palacio convirtieron a la joven en la consorte más sosa y con peor gusto estético de toda Europa -con permiso de Estefanía de Luxemburgo, que aún no había aparecido en escena-, todo en aras de mostrar a una Mette-Marit muy modosita y dulcificada, obligada a que en su imagen no quedara ni rastro de su pasado de juergas, borracheras, sexo desenfrenado, sustancias y barras de bar. Pero, sólo un año después de la boda, protagonizó su primer gran incidente mediático cuando las cámaras captaron a la princesa durante una fuerte discusión con su secretaria personal Hilde Haraldstad, nada más aterrizar su avión en la localidad noruega de Karmoe, a lo que siguió un fuerte manotazo a Haakon, quien intentó mediar para calmar a su esposa. La Corte tuvo que salir al paso justificando a la Heredera consorte con la excusa de que sentía pánico a volar, algo que le ponía en un estado de nerviosismo irrefrenable.

Aquello le sirvió a Mette-Marit para ser más cauta en los espacios públicos. Y a medida que el matrimonio se consolidó y que ella cumplió con la obligación de toda princesa de engendrar vástagos, en este caso la princesa Ingrid y el príncipe Sverre Magnus, la Cenicienta se fue ganando el respaldo de los noruegos, que durante dos décadas han apoyado a la pareja real, en buena medida beneficiada de la enorme popularidad con la que cuenta la Monarquía en la nación.

Ese apoyo ha permitido que no se hiciera mucha sangre, por ejemplo, con el hecho de que Mette-Marit haya sido entre las princesas herederas una de las que han tenido una agenda institucional más pobre -un poco lo mismo que le pasó en España a Doña Letizia hasta convertirse en Reina-. Y que, sin embargo, los medios internacionales la captaran sin parar en destinos vacacionales de alto nivel, como la isla caribeña de San Bartolomé, o en viajes interminables al sudeste asiático, con temporadas de esparcimiento y de reconexión personal en la India o Tailandia, por citar algunos de sus destinos favoritos, o de sarao en sarao en Nueva York y otras capitales del globo, muchas veces del brazo de quien fuera durante décadas la mítica directora de Vogue Franca Sozzani.

Mette-Marit transmitía la imagen de princesa que, hablando en plata, no daba palo al agua ni se sentía muy cómoda con las obligaciones institucionales, algo que ahora no hacen sino confirmar los muchísimos mensajes que se intercambió con Epstein, en los que le confesaba lo que le aburrían eventos como la misma boda de los entonces príncipes herederos de Luxemburgo, hoy flamantes grandes duques Guillermo y Estefanía. Por no hablar de lo bien que superó la supuesta fobia a los aviones.

Los príncipes Mette-Marit y Haakon en una imagen del pasado 28 de enero.
Los príncipes Mette-Marit y Haakon en una imagen del pasado 28 de enero.GTRES

Claro que en la imagen y construcción del relato de Mette-Marit como futura reina marcó un punto de inflexión el diagnóstico de fibrosis pulmonar que se hizo público en 2018. Los noruegos se solidarizaron con su princesa ante una enfermedad crónica que, desde entonces, le ha obligado a desarrollar su agenda institucional de un modo intermitente. Fue tal el impacto por su salud, que muy probablemente permitió que no se hiciera demasiada bola al año siguiente cuando por primera vez se vinculó a Mette-Marit con el pedófilo Epstein. El mundo entero ya estaba conmocionado por el historial perverso del financiero, y la realeza toda se había visto sacudida por la crisis que golpeaba al príncipe Andrés, hijo favorito de la reina Isabel II. La heredera noruega tuvo que admitir que había tenido algunos contactos sociales con el depredador sexual, a través de amigos comunes. Y ahí quedó la cosa. Ahora el mosqueo de los noruegos es todavía mayor porque Mette-Marit soltó un bulo de campeonato al no ser transparente y sincera y admitir en su día que su compadreo con Epstein había sido enorme y estrechísimo, y que se había prolongado al menos entre 2011 y 2014.

Hoy que todo se observa con lupa y que se intentan recomponer las piezas del puzle palaciego, cómo no recordar que justamente entre 2012 y 2013 algunos medios sensacionalistas difundieron el rumor de distanciamiento entre Haakon y Mette-Marit. No hubo jamás desmentido oficial a aquellos dimes y diretes, ni se sabe si fueron reales o no. Pero cuando todo el pasado se le vuelve como un bumerán a la princesa pareciera que en su peligroso modo de vivir siempre ha jugado con fuego.

También por aquellos años, exactamente en 2012, saltó el primer escándalo relacionado con Marius Borg, adolescente entonces de 15 años. Al principito rebelde le gustaba por aquellos días hacer uso y abuso de las redes, en las que colgaba toda clase de imágenes suyas y de su familia, que incluían información sobre cuestiones como el paradero de la familia real durante sus momentos de asueto. Ello fue objeto de una investigación de un organismo gubernamental que alertó de que la actitud de Marius era extremadamente imprudente y comprometía la seguridad de los miembros de la dinastía. Pero, lejos de asumir el coscorrón como necesario y obrar en consecuencia, los príncipes herederos montaron en cólera y no disimularon su disgusto por el celo excesivo de los cuerpos de seguridad, poniéndose de parte de su consentido hijito, que ya empezaba a apuntar maneras y sufría en sus carnes lo que había vaticinado la princesa Ragnhild, hermana del rey Harald. "El chaval comprenderá que hay una diferencia. Y eso les dará problemas a Haakon y Mette-Marit", declaró la princesa, que había renunciado por amor a sus derechos sucesorios y vivía bien alejada de la Corte en Brasil, en un documental de 2004. "Espero morir antes del día en que la princesa heredera Mette-Marit se convierta en reina de Noruega. De verdad espero que eso no ocurra", subrayó, enfatizando que la consideraba perjudicial para la Monarquía. No se equivocaba Casandra, no.

Mette-Marit y Epstein se vieron en varias ocasiones, en EEUU y en Oslo, según se desprende de la última tacada de documentos desclasificados por el Departamento de Justicia norteamericano. La princesa heredera fue invitada al menos dos veces a la isla privada del pedófilo entre el 2012 y el 2013, Little Saint James o la infame Isla de la pedofilia, como se la conoce, aunque no hay archivos que demuestren que la noruega acudiera allí. Sí estuvo cuatro días en la mansión del magnate en Palm Beach (Florida), de donde son justamente las polémicas fotos de la princesa que han visto la luz.

La mujer rusa que habría suministrado las imágenes ejerció como ayudante de Epstein y ha relatado que Mette-Marit no tenía una "relación inapropiada" con él, subrayando que al financiero le iban jovencitas, pero sí ha explicado que cuando la princesa estuvo en la residencia allí se encontraban también dos víctimas del pedófilo, aunque sin acusar a la noruega de conocer los detalles. Epstein se mostraba como un tipo "encantador, seductor y generoso" al que le obsesionaba tener fotos con este tipo de figuras tan destacadas, que usaba en su estrategia de captación de carne humana por el pisto que así se daba.

Ese viaje en concreto es tan demoledor para Mette-Marit como para la propia institución. Porque, naturalmente, ella no se desplazó sola ni de incógnito, y como se aprecia en uno de los documentos desclasificados, el equipo de seguridad de la Casa Real organizó el dispositivo para esperarla en el aeropuerto. Para entonces, la reputación de Epstein ya era nefasta. Basta recordar que, en marzo de 2011, el príncipe Andrés de Inglaterra ya se vio obligado a renunciar a su cargo como representante especial de Comercio e Inversiones del Reino Unido por las intensas críticas por su amistad con Epstein, de lo que hablaba la prensa de todo el globo. ¿Cómo aún así Mette-Marit pudo meterse en la boca del lobo y cómo nadie en la Casa Real noruega frenó semejante disparate?

Mette-Marit y Haakon de Noruega junto a Marius Borg en 2017.
GTRES

La última imagen de Mette-Marit estos días es una foto borrosa junto a Haakon y la princesa Ingrid, cuando los tres acudieron a visitar a un hospital a Marius, donde fue trasladado horas después de su arresto el lunes, la víspera del juicio que está enfrentando por 38 delitos, entre ellos violación, agresiones y tráfico de drogas. La Monarquía resistía en el imaginario colectivo a este escándalo, no así la imagen de la futura reina, muy tocada desde que la prensa difundió que la policía le habría trasladado información de la investigación que ella habría contado a su hijo, lo que supuestamente le habría permitido borrar algunas pruebas. Ante el tribunal, el principito descarriado lo ha negado.

Marius fue detenido por primera vez en 2024, en el curso de una cruda investigación por presuntas violaciones y otros delitos por los que está siendo juzgado desde este pasado martes en un tribunal de Oslo. Para el príncipe Haakon, siempre ha sido un hijo más. Y, aunque nunca formó parte de la Casa Real, sí era un miembro de la familia real -sin títulos-, de la que quedó apartado en 2024, tras conocerse el escándalo. Parte de los presuntos delitos habrían sucedido en su vivienda de Skaugum, dentro de la propiedad en la que residen Haakon y Mette-Marit.

Tras una semana instalada en la tormenta perfecta, la princesa emitió ayer un comunicado a modo de acto de contrición. "Quisiera expresar mi más profundo pesar por mi amistad con Jeffrey Epstein. Es importante que me disculpe con todos ustedes por haberlos decepcionado. Algunos mensajes entre Epstein y yo no representan la persona que deseo ser. También me disculpo por la situación en la que he puesto a la familia real, especialmente al rey y a la reina", se lee en el mensaje difundido por la Corte. En el mismo, se enfatiza que la princesa desea explicarse con más detalle, pero que no puede ahora: "Se encuentra en una situación muy difícil. Espera que se comprenda que necesita tiempo para recomponerse".

No se había visto en una crisis igual la Casa Real noruega. "Siempre me haces sonreír", le repetía Mette-Marit a Epstein. Hoy, en cambio, sólo tendrá motivos para llorar.