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Los últimos movimientos de Alice Campello y Álvaro Morata han vuelto a situar a la pareja frente a una posible ruptura, que esta vez tiene un grado de concreción mayor que la crisis que se hizo pública en 2024. La desaparición de imágenes compartidas en redes sociales, la distancia durante las fiestas navideñas y, sobre todo, el hecho de que Morata haya abandonado el domicilio familiar para instalarse en una vivienda cercana, deja claro que en este momento no están juntos. A ello se suma que el programa En todas las salsas haya anunciado que la pareja ya está con los trámites del divorcio.
Y, sin embargo, tampoco se espera que ninguno hable del otro más allá que para confirmar una separación que a todos ya nos parece un hecho, pues nunca jamás han hablado mal el uno del otro, ni han dado más explicaciones que las estrictamente necesarias y siempre con el fin de no alimentar la polémica. Pues pese a que todo indica que ya no son pareja, sí son familia, son padres de cuatro hijos que siempre les van a unir. Y más allá del vínculo personal y familiar, existe otro elemento que conecta a Campello y Morata y que adquiere especial relevancia si la separación se confirma. Se trata del entramado empresarial vinculado al futbolista, en el que ella ocupa un papel clave desde hace dos años. Un vínculo que no es recíproco, ya que Morata nunca ha tenido participación ni responsabilidad alguna en las empresas que Alice Campello ha desarrollado por su cuenta.
El punto de inflexión en este ámbito se produjo en 2023, cuando el padre de Álvaro Morata dejó de formar parte de la gestión de las sociedades asociadas a la carrera profesional del jugador. A partir de ese momento, Alice Campello pasó a asumir un rol activo en esas estructuras, incorporándose a la administración de las principales empresas y participando de manera directa en la toma de decisiones. Desde entonces, su presencia en el núcleo empresarial de Morata ha sido constante, incluso durante los meses que estuvieron separados en 2024.
La sociedad más representativa de este vínculo es Tamora 2011 SL, creada en 2012 y vinculada históricamente a la gestión de los derechos profesionales y de imagen del futbolista. En marzo de 2023, Campello entró como administradora conjunta junto a Morata, consolidando una gestión compartida que se ha mantenido hasta hoy. La empresa siempre se ha permanecido activa y registra una facturación anual de 2,5 millones en el último ejercicio, lo que la convierte en una pieza central del patrimonio empresarial del jugador.
Junto a esta sociedad, la pareja también comparte Tamora Housing Investments SL, de la que ella forma parte de igual manera desde hace tres años. Se dedica a canalizar inversiones en bienes inmuebles y depende en términos administrativos de la anterior. Morata Campello Real Estate SL se creó el pasado mes de septiembre a nombre de ambos como vehículo para nuevas operaciones en este sector. En ambas, la implicación de Alice Campello ha sido directa, reforzando su papel como gestora del patrimonio del futbolista en un momento en el que su carrera deportiva ha seguido marcada por cambios de club y de país.
Este nivel de implicación contrasta de forma clara con la posición que Álvaro Morata ha mantenido respecto a los negocios de Alice Campello. El futbolista no figura en ninguna de las sociedades creadas por ella, ni ha tenido cargos de administración ni funciones de gestión en sus empresas. El principal ejemplo es Masqmai, la firma de cosmética fundada por Campello, que se ha consolidado como su proyecto empresarial más relevante y completamente independiente. La compañía cerró 2023 con una facturación cercana a los 7,8 millones de euros y superó los 8,8 millones en 2024, cifras que reflejan un éxito rotundo y ajeno a la carrera deportiva de Morata.
Además de Masqmai, Campello controla Alice Campello Holding SL, una sociedad creada para agrupar participaciones e inversiones y desde la que articula su actividad empresarial. Esta estructura refuerza su autonomía financiera y deja claro que, a diferencia de lo ocurrido en las empresas de Morata, él nunca ha tenido un papel en las suyas. El patrimonio inmobiliario compartido añade otro elemento a tener en cuenta. A lo largo de los años, la pareja ha adquirido propiedades tanto en España como en Italia. Entre otras cuentan con dos chalets en la exclusiva urbanización la Finca, uno valorado en 1,6 millones de euros y otro en casi 4 cuando lo compraron, un loft en Sanchinarro, y dos locales comerciales en Madrid.
Por ahora, el respeto mutuo y la voluntad de proteger a sus hijos han marcado el relato público de esta separación que parece un secreto a voces. Campello y Morata han optado por el silencio. Pero si esta vez la ruptura termina siendo definitiva, más allá del plano personal tendrán que abordar una reorganización compleja en cuanto a negocios. Lo que en muchas ocasiones no supone problema alguno y otras es directamente el fin de la cordialidad.
