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Algunos nietos y bisnietos de Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, XVIII duquesa de Medinaceli, se han quedado sin la herencia de la aristócrata. (De momento). La Audiencia Provincial de Sevilla ha dado un vuelco a la sentencia de 2021 del Juzgado de Primera Instancia nº 12, que daba la razón a Rafael y Luis Medina Abascal, Victoria y Casilda Medina Conradi, y Alexander y su hermana Victoria von Honhenlohe Langenburg, actual titular del ducado de Medinaceli. La multimillonaria herencia de Mimi Medinaceli, fallecida en 2013, se queda -de momento-, en la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, controlada por Ignacio, duque de Segorbe. El único hijo vivo de Mimi es conocido como el hijo del amor, dada la debilidad de su madre por el cuarto y último de sus vástagos, consejero de su madre en todos los asuntos familiares y al que Mimi daba toda su confianza.
En la sentencia, llama la atención de los expertos sus contradicciones y detalles inusuales en el lenguaje judicial. En esencia, la resolución niega a los hijos de Naty Abascal y el fallecido duque de Feria y a sus primos el derecho a reclamar la legítima, como parte de la herencia de su abuela, de la que deberían corresponderles un total de 40,5 millones de euros. Para los nietos, Rafael, Luis, Victoria y Casilda, 4.119.095, 81 euros, a cada uno de ellos. Y 1.373.031,94 de euros a los bisnietos, Victoria y Alexander.
Los afectados, unidos sin fisuras por sus derechos, recurrirán ante el Tribunal Supremo en un plazo de 20 días hábiles. Sus letrados están convencidos de que se revertirá el fallo y tachan los argumentos de la Audiencia de disparatados en alguno de sus argumentos.
En el testamento redactado en 2003 y ratificado en 2012 la duquesa dejaba como herederos universales por partes iguales a todos sus hijos y a los hijos de sus hijos, ya que tres de ellos, Ana, Luis y Rafael, fallecieron antes que su madre. Sin embargo, la duquesa caía en una contradicción. Años antes había ido donando todos sus bienes a la fundación creada en 1978 "para preservar los valores históricos, artísticos, culturales y patrimoniales de la Casa Ducal de Medinaceli". Según la ley, un propietario puede donar en vida parte de su patrimonio, pero hay unos límites que imponen el guardar bienes para vivir con decoro hasta la muerte del donante, preservando la legítima a la que tienen derechos sus herederos.
En el caso de Medinaceli sus bienes son de gran valor, quizá superiores a los de la Casa de Alba. Desde el palacio de Pilatos en Sevilla, el Pazo de Oca en Galicia, la iglesia de Jesús de Medinaceli en Madrid, el Hospital de Tavera en Toledo, la capilla del Salvador de Úbeda, un valioso patrimonio documental y obras de arte, entre ellas seis grecos, La Piedad de Sebastiano il Piombo, La mujer barbuda de Ribera, o San Juan Bautista niño, única escultura de Miguel Ángel en manos privadas.
El ex presidente del Consejo de Estado y reputado jurista Antonio Hernández Gil, ya fallecido, fue el encargado del cuaderno particional que determina el reparto de una herencia, haciendo un inventario de casas, dinero, acciones, joyas y deudas y lo que corresponde a cada heredero. El contador-partidor estimó en más de 100 millones de euros la herencia de la duquesa de Medinaceli. Pero Mimi, de acuerdo con su hijo Ignacio, había ido despojándose de su patrimonio para blindarlo en la Fundación, de manera que se quedó sin nada, privando así a sus descendientes de la legítima estricta, a la que todo heredero español tiene derecho.
En sus últimas voluntades de 2012, señalando a sus herederos como beneficiarios de su fortuna, ya no había nada que repartir. Pero a la duquesa en sus últimos años y a su hijo Ignacio en la actualidad, nunca les faltó de nada, no eran precisamente pobres ni carecían de lujos. La Fundación, presidida por el duque de Segorbe, recibe sustanciosos ingresos de las visitas al palacio de Pilatos, al pazo de Oca o al monumento de Úbeda, alquilados para fiestas y eventos de alto nivel.
Segorbe y su esposa, María Gloria de Orleans y Braganza, prima hermana del Rey Juan Carlos y anteriormente casada con el príncipe heredero de Yugoslavia, son propietarios también de un bellísimo palacio en Venecia y de algunos hoteles en Andalucía, decorados con el buen gusto del aristócrata. Sus dos hijas, Sol y Luna, celebraron en Pilatos y en el Pazo de Oca sus bodas, mientras que Victoria von Hohenlohe, la actual duquesa de Medinaceli, tuvo que organizar la suya con Maxime Corneille en 2023 en la finca de unos amigos en Jerez de la Frontera por los impedimentos de su tío Ignacio a los primos y sobrinos demandantes, que tienen prohibido disfrutar del patrimonio de la familia.
Las relaciones con este pariente obstinado en su empeño son de una hostilidad manifiesta por parte de Segorbe desde que reclamaron sus derechos por vía judicial y más cuando en 2021 el Juzgado de Sevilla les dio la razón. En aquella sentencia quedó claro que la Fundación había recibido unas donaciones que menguaban la herencia hasta dejarla a cero y la entidad debía abonar a través de sus bienes patrimoniales lo que correspondía en concepto de legítima estricta, 40,5 millones de euros. Como solución, los abogados de estos herederos propusieron poner a la venta algunas obras de arte de la Fundación.
En una de las negociaciones quedó de manifiesto que vendiendo cuatro de los cuadros, quedaría saldada la deuda de la Fundación con los herederos y que esa venta no tendría por qué afectar al patrimonio familiar que reúne una de las más importantes colecciones artísticas de Europa. El rechazo del duque de Segorbe fue rotundo, a pesar de que la Justicia le obligaba a cumplir la sentencia.
Su reacción fue también expulsar del patronato de la Fundación a los querellantes "por deslealtad manifiesta", aunque el deseo manifestado por Mimi en su última voluntad era que hijos y nietos siempre formaran parte del patronato. Su lugar como patronos fue ocupado por amigos afines y hasta por alguien tan ajeno a ese mundo como Albert Boadella, el dramaturgo catalán, al que Segorbe conoció en un cóctel y que, al parecer, quedó deslumbrado por la cultura y el don de gentes del aristócrata.
Abogados consultados por LOC sobre la sentencia que desestima a los herederos aseguran que algunos términos que aparecen en el texto son insólitos en este tipo de documentos. Por ejemplo, en los Fundamentos de Derecho escriben: "Sr. D. Ignacio Medina y Fernández de Córdoba, XIX Duque de Segorbe..", cuando no es habitual mencionar un título nobiliario, irrelevante y desconocido para los magistrados, a no ser que alguien interesado (o vanidoso) les sugiera introducir la distinción. A la duquesa la tratan de "Excelentísima señora doña Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, que en paz descanse", algo más cristiano que jurídico, mientras que al resto de los encausados los menciona simplemente como Rafael Medina o Victoria de Hohenlohe, aunque esta última es duquesa de Medinaceli, el rango más alto de los citados.




