MADRID
EXPOSICIÓN

De la más ardiente pasión al suicidio por una relación tóxica

Actualizado

La Fundación Canal reúne 99 obras de grandes autores marcados por amores trágicos

Una visitante, ante las obras de Francis Bacon.
Una visitante, ante las obras de Francis Bacon.EFE

Toulouse-Lautrec y Jane Avril se conocieron en 1890. Ella fue su inspiración y se convirtió en la modelo preferida del pintor. Sin él, la cabaretera no sería conocida. Sin ella, las obras más celebradas del artista no existirán. En la otra esquina del arte, algunos de los más luminosos versos de Rafael Alberti no se habrían escrito sin la inspiración que le regaló Maruja Mallo. Y así, unos y otras caminan por la historia del arte componiendo una relaciones cómplices y enemistadas, convergentes y divergentes, desiguales y paralelas, efímeras y eternas, tóxicas e inspiradoras.

Lo demuestran las historias de muchos artistas universales como Picasso, Dalí, Madrazo, Francis Bacon, Robert Capa, Chillida, Antonio López, Alberti, Julio Romero de Torres y Sorolla, que ahora se han reunido en Artistas y modelos. Historias de pasión, creación y destrucción, una extraordinaria y original exposición organizada por la Fundación Canal que se mantendrá hasta el 5 de enero. Un total de 99 piezas, algunas apenas conocidas, ilustran las diferentes facetas que arman estas relaciones.

La muestra dignifica algo que no por conocido ha sido puesto en su auténtico valor, que el consabido «detrás de un gran hombre hay una gran mujer», aquí, se transforma en un caminar paralelo, en el que ellas enseñan el protagonismo que tuvieron. La exposición r devuelve su nombre a las parejas que tantas veces lo perdieron en el camino.

Un buen ejemplo de esa relación cómplice, en este caso absolutamente paritaria, es la de Eduardo Chillida y Pilar Belzunde. La mujer del escultor vasco, de quien el próximo año se celebra su centenario, fue mucho más que esposa, supeditó su vida a la del creador, aunque de manera activa y protagonista. Relaciones públicas, contable, benefactora y tantas otras cosas, que para nada es desmedido considerarla coautora de su obra. Dos frases concluyentes de la pareja lo explican: «Yo aprendí a ser yo al lado de Eduardo y Eduardo a ser él al lado mío» «¿Qué sería yo sin Pilar?».

En otras ocasiones ocurre lo opuesto, que la complicidad, la pasión y la adoración se transforman en sustancias tóxicas y destructoras. La tercera parte de la exposición, en una sala de negro riguroso, enseña el lado tenebroso que en ocasiones exploran las relaciones de pareja. Pablo Picasso es el adalid de esta faceta pese a su propia sentencia: «Sin modelo, no hay obra ni artista». La oscura influencia con la que el malagueño emponzoñó a sus mujeres, destruyó sus vidas e hizo que dos se suicidaran. Olga Joljova, Dora Maar, Marie-Thérèse Walter, Fernanda Olivier, François Gilot y, por supuesto, Jacqueline Roque, una tras otra, o a veces con relaciones simultáneas, fueron amadas primero, luego universalizadas en la pintura y finalmente arrojadas al infierno.

En la misma sala cuelgan obras de otro pintor que mantuvo una relación destructora con su pareja: Francis Bacon y George Dyer. El pintor solía contar el inicio de su pernicioso vínculo, que se produjo cuando el segundo intentó robar en casa del artista, pero pisó una claraboya que se hundió con gran estrépito. Lejos de asustarse, Bacon le gritó: «Quítese la ropa y métase en la cama conmigo; podrá conseguir todo lo que quiera». Inicio tormentoso que siguió hasta el final de su amorío, cuando Dyer se suicidó dos días antes del inicio de una exposición del artista en el Gran Palais de París. Lejos de anunciarlo, Bacon mantuvo escondido el cadáver de su amante y modelo principal en el hotel hasta la inauguración de la muestra, para que no quedara ensombrecida.

El retrato de un cuello insuperable, línea perfecta que separa el blanco y negro en la fotografía que sirve de cartel de esta exposición, pero también ilustra la relación del artista y su modelo, abre la cuarta parte de la muestra. El cuello pertenece a Lee Miller; la fotografía, a Man Ray.

Exitosa modelo, fotógrafa de moda y fotoperiodista de guerra, Lee Miller fue rechazada al inicio de su relación con Man Ray. Terminó siendo primero su asistente, luego su musa y ya finalmente su amante. La cosa, sin embargo, no acabó bien. Los celos profesionales de Ray abrieron una zanja que los separó para siempre. Todo lo enseñan cuatro instantáneas del artista visual en la que ella es la modelo y otras cuatro fotos de Lee en la que el retratado es él.

Al lado se muestra otro aspecto de esta complicidad. En ella se refugiaron bajo el nombre ficticio de Robert Capa dos fotoreporteros clave: el húngaro Endre Ernö Friedman y la alemana Gerda Taro. A ambos les unió el amor, pero sobre todo fotografías como las recogidas en la muestra. Con sus instantáneas perdieron la vida. Ella en Brunete en 1937 aplastada por un tanque en la Guerra Civil española; él, en 1954, al pisar una mina en la Guerra de Vietnam.