Muchos españoles, la mayoría según las encuestas, son hoy muy críticos con un Gobierno al que ven entregar todo lo que piden, empezando por una amnistía general, a los partidos separatistas que quieren romper España, y eso como único medio para que los socialistas logren una mínima mayoría en el Congreso y sigan mandando, si es que a eso se le puede llamar mandar. La inmensa mayoría de los madrileños se halla en esa postura indignada y ante la realidad de que ese Gobierno reside en la capital de España, que es su ciudad. Una situación kafkiana, ante la cual Pedro Sánchez y sus partidarios intentan ahora encontrar argumentos para desprestigiar a la oposición española y democrática.
Pese a las buenas intenciones de muchos participantes en el curioso corte de la A-5 del pasado domingo, en el que se exigió a Almeida la prolongación del soterramiento previsto de la salida de esa autovía, no hay más remedio que ver en la manifestación una manipulación más de la Moncloa para desprestigiar a las administraciones de Madrid y su región, en manos del PP. Al corte de la vía pública, protegido y no evitado por la Policía Nacional, han asistido responsables de los partidos en el Gobierno como la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Reyes Maroto, y el concejal de Más Madrid, José Luis Nieto. Se han cantado todo tipo de consignas contra el PP.
Ya es curioso que, dos días antes, el delegado de Urbanismo, Borja Carabante, se hubiera reunido con el secretario de Estado de Vivienda y Agenda Urbana, David Lucas, para ratificar lo acordado en la reunión del mes de enero entre los mismos Carabante y Lucas, en la que se dio luz verde a la Operación Campamento, de cuyo coste se hará cargo el Gobierno central, y en la que debe incluirse por motivos técnicos ese último tramo de 700 metros de soterramiento, ya que incluirá el enlace con la avenida de los Poblados. Tras aquella reunión se manifestó el pleno acuerdo entre la Administración central y la madrileña.
¿A qué viene ahora el ataque con ribetes sainetescos del pasado domingo? Pues a que en los dos últimos meses han estallado más graves escándalos de corrupción y se ha conocido la rendición de Sánchez ante Puigdemont, con una caída en picado del apoyo social al Gobierno. Entre las respuestas para intentar introducir el «y tú más» -o al menos el «y tú también»- nos encontramos con el novio de Ayuso o la protesta de la A-5. Es lo que sucede cuando un Gobierno nacional se convierte en enemigo de los ciudadanos de su propia capital. En nuestra historia ha sucedido alguna vez, pero en la actual democracia no.

