MADRID
Feria del Libro

Independientes y líderes, la osadía de las editoriales desde Madrid: "Los grandes sellos ya nos copian"

Sacuden el rumbo de un sector erigido desde Barcelona por gigantes: "Arriesgamos con temáticas que eran su carencia" / Alertan de que "la bibliodiversidad y la pluralidad" de la Feria está en juego si excluye a los nuevos proyectos

Las editoras de Tránsito, Capitán Swing y Círculo de Tiza y el editor de Páginas de Espuma, en el montaje de la Feria del Libro.
Las editoras de Tránsito, Capitán Swing y Círculo de Tiza y el editor de Páginas de Espuma, en el montaje de la Feria del Libro.ÁNGEL NAVARRETE
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Independientes y peleonas. En el arranque de la Feria del Libro de Madrid, inaugurada ayer en El Retiro, cuatro editoriales madrileñas, especies únicas, diseccionan con GRAN MADRID esa alquimia con la que han logrado su habitación propia entre la comunidad lectora, en ventas, en prestigio y por derecho propio, en una industria editorial marcada desde Cataluña por el conglomerado de los grandes grupos. Frente al modelo tradicional, Páginas de Espuma, Círculo de Tiza, Tránsito y Capitán Swing, cada cual desde fórmulas tan arriesgadas como -en resumen- el cuento, el periodismo literario, la literatura de autoras y el ensayo crítico, han sabido con su «singularidad crear un espacio extraordinario», como analiza el decano, Juan Casamayor (junto a Encarnación Molina, son Páginas de Espuma desde 1999). Lo que, por supuesto, «ya copian» aquellos competidores gigantes, confirma en comunión Eva Serrano (artífice de Círculo de Tiza, desde 2014).

Con sus maneras propias y mucha resistencia, estas independientes han hecho que «Madrid también sea una gran capital del libro», proclama Sol Salama (Tránsito, desde 2018), y que la ciudad se haya convertido «en la Barcelona del boom de los 60, con la llegada de escritores y escritoras de Latinoamérica, que es llamativa: la última que se ha quedado ha sido Natalia García Freire», apostilla Casamayor, que cuenta con cuatro empleados en el continente vecino. Y ello pese a que esa explosión de las independientes en Madrid, en tendencia desde los 2000, se haya producido «remando a contracorriente, en lo económico y lo institucional», recalca Blanca Cambronero (editora desde 2017 en Capitán Swing, fundada por Daniel Moreno). La victoria ilustrada por este cuarteto bizarro muestra el tesoro bibliográfico de la Feria de El Retiro, ya «feria del libro iberoamericano», destaca Serrano, y de sus tensiones con, precisamente, el espacio, ese que estos cuatro hogares impresos han conquistado título a título. Cuídense los Goliat, que los Davides son avispados.

Aclara Serrano: «Nadie se plantea ningún choque de trenes ni conflicto Madrid-Barcelona. En el mundo editorial todos nos necesitamos». Y reconoce Salama: «Ambas ciudades tienen una red poderosa de librerías independientes». Pero como sitúa Cambronero, esta parcela «venía, sobre todo a mitad del siglo XX, de familias burguesas, y había más en Barcelona», de ahí su fuerza cultural o que hoy, por ejemplo, el 53% de la facturación del sector, según los últimos datos, todavía sea catalana, con los colosos Planeta, Penguin Random House y RBA al frente, frente al 40% madrileño. O que lo que se vende en El Retiro en 17 días (600.000 ejemplares y 11,2 millones de euros en 2023) sea un tercio de lo que despacha Sant Jordi en una semana (1,98 millones de ejemplares este abril). Tercia Salama: «No se puede comparar porque Sant Jordi ha adquirido la relevancia casi de una fiesta internacional». Y añade Casamayor: «Decía Constantino Bértolo que para ser editor hay que ser catalán y rico».

Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma.
Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma.ÁNGEL NAVARRETE

Pero la dinámica se rompe cuando las independientes, «lectoras de los grandes sellos, identifican sus carencias y lo que no encontraban para leer» y «arriesgan con temáticas que habían dejado fuera y eso abre una nueva puerta en Madrid, a la que se le ha dado una forma mayor o más visible», desmenuza Cambronero. De hecho, Casamayor recuerda que su editorial es «la única que disfruta de que los autores de los grandes grupos digan: 'Te doy las novelas, pero los cuentos se los doy a Páginas de Espuma'», porque «la industria había dado la espalda a ese género». Igual sucedió con la autoría de mujeres: Salama, pionera, creó Tránsito desde una «propuesta radical feminista», al descubrir con rabia que casi todos los libros leídos y subrayados durante su adolescencia fueron escritos por hombres, y por intentar «revertirlo para las generaciones que vienen y erradicar la condescendencia con la que siempre se ha leído a las autoras».

Y lo mismo en Círculo de Tiza: «A la editorial grande no le importaba que yo me quedara con recopilaciones periodísticas, le parecía una cosa menor». Sin embargo, dice: «Ahora estoy viendo que las editoriales van también ahí». Apoya Casamayor: «A nosotros también nos ocurre, ya quieren los cuentos». O en el debate público hay quienes se quejan de que los gigantes se inundan -por fin- con escritoras y que se privilegia su comercialización y premios. «Ahora se ha dado la vuelta. Al identificar esos espacios y que nos funcionan, los grandes han creado sellos o los han modificado para abordar esos nuevos nichos que ahora sí existen y no estaban cubriendo», comenta Cambronero. Sin pretenderlo, con sus expediciones revelaron rumbos.

En Capitán Swing, aventuran que fue mezcla de suerte, que nacieron en 2010, en crisis económica y política, y presentaron «libros que estaban en la conversación pública», lo que sostuvo su supervivencia y su trayectoria, con siete ya en el equipo: «Intentamos observar la realidad, analizarla y proponer un entretenimiento crítico y, digamos, positivo, no el rollo Mr. Wonderful ni siendo apocalípticos». Supieron cabalgar la indignación del 15-M sin que el tiempo les alcanzase. Si trajeron a España decenas de traducciones del pensamiento contemporáneo, hoy también abonan el talento nacional.

Eva Serrano, editora de Círculo de Tiza.
Eva Serrano, editora de Círculo de Tiza.ÁNGEL NAVARRETE

Con ese acierto sobre el presente y «el diseño minimalista y cuidado de cada libro», también arrancó Tránsito, entre hermanas: «Creo que el éxito está siendo la filosofía feminista del proyecto y cierto carácter valiente del catálogo, que a menudo toca temas incómodos y necesarios en ahondar». Nació el año de la huelga del 8-M, pero nadie podría achacarle publicar por moda, sino por calidad: Fernanda Trías, Cristina Rivera Garza, Bette Howland, Natalia Carrero, Caroline Lamarche...

Mientras que en Círculo de Tiza, dos en cantera, se agarran «a la fe» sobre su labor, a «confiar en tu criterio, no disparar a todo y buscar un equilibrio entre la emoción y la objetividad», conjugando apuestas arriesgadas con libros de fondo. Suyo fue el fenómeno Feria, de Ana Iris Simón.

Esa misma relevancia se da en Páginas de Espuma -con nueve integrantes y Premio Nacional en 2020-, al catálogo, como «ejercicio de resistencia y coherencia, desde un principio de pasión lectora». De hecho, si antes lanzaban 25-26 títulos al año, ahora reeditan 40-50 y publican 16. «Y hay un punto añadido si estás en una ciudad como Madrid o Barcelona, habiendo ganado Madrid muchos puntos frente a Barcelona en los últimos años. Una parte importante de la edición independiente está aquí, es indudable».

Aunque también lamentan que la conquista del edén fue contra todos los elementos. «Partiendo por lo general de una situación económica más precaria y, aunque el sector editorial no es que genere poco PIB, es poco ayudado por las instituciones», subraya Cambronero. Incluso, «hay una intención de no ayudar», pues las subvenciones a la edición se publican en pleno agosto o «jamás sale la cultura en debate; los ministros hacen promesas genéricas». Reafirma Serrano que sólo para la burocracia necesitaría a una persona más.

Blanca Cambronero, editora de Capitán Swing.
Blanca Cambronero, editora de Capitán Swing.ÁNGEL NAVARRETE

Y Casamayor aporta dos críticas, con prisma rotundo: «Un país que sobre todo eclosiona ventas en grandes cadenas es un problema para las editoriales pequeñas» y «la Comunidad de Madrid refleja la tristísima política cultural que hubo en este país siempre. España pasó de un 600 a un BMW, en el cambio desde la dictadura, y nadie metió en el maletero la cultura. Ni un libro. Hay pequeñas ayudas del Ayuntamiento para viajar, para la edición de libros, pero un gran programa, ya no sólo de la CAM, sino nacional, para dotación de novedades en bibliotecas, no lo hay». También asisten «con tristeza, es dramático» a la presencia menguante de lo cultural y los libros en los medios de comunicación.

Frente a los escollos, la Feria del Libro se proclama como «una gran fiesta»; «un ritual y parte de la personalidad de Madrid»; «una cita ineludible donde las editoras podemos hablar con las lectoras y ponerles rostro»; donde se criaron y donde «pasárselo bomba», al «encuentro con los colegas de profesión» y, además, «rentable económicamente», detallan. Para Páginas de Espuma y Capitán Swing, el porcentaje de facturación sobre el anual es de «casi un 2%» y «nimio», pero para Círculo de Tiza y Tránsito es «un 10%», frente a los 650 (si compartes) y 2.600 euros (la de 4 metros) que le cuestan las casetas a los sellos madrileños.

Por ello, alertan en común: «Debemos ser sensibles a lo que las editoriales pequeñas reclaman», buscando espacio en la Feria para todas o replanteando «la normativa muy excluyente», que en los últimos años ha dejado fuera a participantes, ante la sobreproducción editorial de los gigantes: «Los grandes grupos sacan 100-200 novedades a la semana, eso no puede ser. Ni que nos reclamen a quienes publicamos menos», protesta Cambronero. Pues «la bibliodiversidad y la pluralidad de la Feria», esa identidad única de su genética, está en juego. Pese a que, como destaca Casamayor, «es mejor feria que la que había antes». Él mismo recuerda: «En los 70 y pico, era una juerga, sólo faltaba el tiovivo. Ahora hay una protección del Retiro; hace 25 años aquí había churrerías. Pero conozco bien las ferias latinoamericanas y hay asignaturas pendientes». Añade Cambronero: «La dirección ahora sí escucha, coge el teléfono. Pero no puedes dejar fuera los nuevos proyectos. Eso es cortarte los pies a ti misma».

Sol Salama, editora de Tránsito.
Sol Salama, editora de Tránsito.ÁNGEL NAVARRETE

La propia Tránsito ha sido víctima en esta edición de la tensión con el espacio, al ser colocada «en el batiburrillo» del octógono central: «Me afecta y desanima enormemente. Entiendo que El Retiro tiene un límite y que es crucial que no envíen la Feria a otro lugar, pero algo tiene que hacerse desde los gremios para que el reglamento se modifique y no seamos las pequeñas las castigadas. No tiene sentido que una editorial como Tránsito, con 45 títulos en catálogo y 10 novedades en 2024, que está presente en toda España en librerías independientes y grandes cadenas, no pueda tener un metro en una caseta de la feria del libro de la ciudad a la que pertenece».

Como inciden sus colegas, saben bien que esta pasión «es una carrera de resistencia», pero también que «hay un valor social de libro mayor de lo que parece» y que «los índices de lectura suben». Demos gracias, cómo no, a su osada independencia.

RECOMENDACIONES

PÁGINAS DE ESPUMA

-De su catálogo: 'Cuentos completos', de Franz Kafka, con una nueva traducción en su centenario.

-De otra editorial: 'Pequeño hablante' (Alfaguara), de Andrés Newman. Híbrido, apunta a una nueva masculinidad.

CÍRCULO DE TIZA

-De su catálogo: 'Te escribo una carta en mi cabeza', de Isabel Coixet, con historias cortas que da tiempo a leer en el Metro.

-De otra editorial: 'Ensayo general' (Anagrama), de Milena Busquets, con humor y profundidad.

CAPITÁN SWING

-De su catálogo: 'Laboratorio palestino', de Antony Loewenstein, sobre cómo a Israel le interesa mantener el conflicto en Palestina.

-De otra editorial: 'El invencible verano de Liliana' (Random House), de Cristina Rivera Garza. El valor universal de la literatura vivencial, tan denostada cuando venía de mujeres,

TRÁNSITO

-De su catálogo: 'Una mínima infelicidad', el debut de la italiana Carmen Verde. Sobriedad y elegancia en una historia de infelicidad desde una relación maternofilial.

-De otra editorial: 'Tiempo de cerezas' (Consonni), de Monserrat Roig.