MADRID
Las calles, de Répide a hoy

La historia de la calle más 'sexy' de Madrid: el lugar donde todos quieren vivir

Estéticamente sin competidores, señorial, clásica y de edificios espectaculares, esta vía de Chamberí esconde también algunos secretos

La calle Almagro, hace unos días.
La calle Almagro, hace unos días.JAVIER BARBANCHO
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Si lo dice la mayor consultora inmobiliaria del mundo, Knight Frank, y lo recoge en un reportaje la revista Architectural Digest España, habrá que tomárselo en serio: la calle de Almagro es «donde están las casas más sexy de la capital», «donde todos quieren comprar su casa» y «estéticamente no tiene competidores: es clásica, señorial y sus edificios son espectaculares, el sueño europeo de muchos extranjeros que suspiran por techos altos y ascensores de rejilla». Almagro es uno de los inicios del ensanche decimonónico de Madrid hacia el norte que dio lugar al barrio de Chamberí: son apenas cinco manzanas a partir de Santa Bárbara-hoy, Alonso Martínez- flanqueadas por Génova a un lado y Santa Engracia al otro. Como fue la primera zona urbanizada de ese ensanche, ya estaba muy formado el conjunto de edificios cuando el cronista de la Villa, Pedro de Répide, desgranó hace un siglo las descripciones de nuestras calles. De hecho, dedicó a Almagro más espacio y detalles que a la mayoría de las entonces nacientes calles de Chamberí. Y desde entonces, guerra civil de por medio, han sucedido muchas más cosas en ella.

Empezaba el cronista recordando los sucesivos y curiosos nombres que tuvo esa vía en sus inicios: «Entre Chamberí y la Castellana trazáronse unos paseos de nombres pintorescos cuando todavía no se había extendido la población por esta parte. Había el paseo del Huevo, que partía de la puerta de Santa Bárbara en ángulo agudo con el paseo de Santa Engracia; el paseo del Cisne, que ha conservado su poético nombre, y el paseo Novelesco, que luego se llamó del Obelisco y ahora de Martínez Campos». (El paseo del Cisne hoy es Eduardo Dato).

Luego, proseguía Répide, el paseo del Huevo se convirtió en calle del General Winthuysen, héroe de la guerra de Independencia, y finalmente en la de Almagro, «en memoria de Diego de Almagro, manchego y amigo de Francisco Pizarro, a quien acompañó en la conquista de Perú». Y recordaba su posterior enfrentamiento con Pizarro, tras lo que fue preso y murió por garrote vil en 1538, y el hijo de Almagro y sus seguidores se vengaron matando a Pizarro en 1541, antes de que el rey enviase a tropas y Almagro el Mozo fuese decapitado en Cuzco. Así que de la pacífica villa manchega de Almagro, nada: la calle deriva su nombre de un famoso héroe que acabó ajusticiado.

(Interesante descripción la que hacía un liberal como Répide de los protagonistas de la conquista de América, «la epopeya de aquellos hombres singulares, que tenían de hidalgos y de facinerosos, de generosos y de rapaces, de civilizadores y de bárbaros»).

Esa calle, desde sus inicios ya urbanizada, fue muy elegante, y de ahí su envidiada situación actual. El cronista subrayaba que Almagro,«llena de hermosas construcciones particulares, es una de las más hermosas y aristocráticas calles de Madrid». Pero, como tantas veces en esta ciudad, tiene historias y edificios que la rodean y que completan esa imagen, o a veces contrastan con ella. Así, por Répide sabemos esto: «En 1846 se construyó a la derecha del paseo del Huevo el primer hipódromo que hubo en Madrid, en el que además de la gradería y los palcos había un pabellón destinado a café y un lugar para los músicos que tocaban durante las carreras de caballos, como se hace en las corridas de toros. No prosperó el hipódromo, y dos años más tarde su terreno y locales fueron adquiridos por una sociedad titulada La Juventud Vascongada, que daba allí bailes y otras fiestas al uso del País Vasco».

Como en todo Madrid, y particularmente en Chamberí, las calles elegantes están también pobladas de edificios, templos unos e instituciones caritativas otros, de la Iglesia Católica. Y nuestro cronista nos recuerda de Almagro: «En el número 3, pasado el solar donde estuvo el circo de Colón, en la plaza de Santa Bárbara, se halla el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, en un gran edificio construido expresamente para tal fin, y al que hace poco más de 30 años se trasladaron esas religiosas que, establecidas en Madrid desde 1851, habían permanecido primeramente en una modesta casa del paseo de Santa Engracia». Ahí sigue este histórico edificio de 1875, obra de Antonio Ruiz de Salces. En la calle más sexy de Madrid.

Un apunte final de Répide: «En el número 26 duplicado está el hotel en el que se encuentra instalado el Centro de Estudios Históricos. Este hotel fue una de las primeras construcciones particulares que se hicieron en esta vía, y era de los padres de don Francisco Silvela». La guerra, en este caso, cambió las cosas. El Centro se creó en 1910, como una más de las instituciones programadas por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas para el fomento y desarrollo de la cultura en una España que pretendía ponerse a la altura de Europa, siguiendo el programa de la Institución Libre de Enseñanza. Dirigido por Ramón Menéndez Pidal, al concluir la guerra civil española y dispersos en el exilio la mayor parte de sus directivos y componentes, fue desmantelado en 1939 y sus fondos pasaron al recién constituido Centro Superior de Investigaciones Científicas.

Ay, la guerra. Nada más terminar se montó una comisaría provisional en Almagro, 26, en la que fue notorio el encarcelamiento de Felipe Sandoval, albañil, atracador, anarquista de la CNT, en la checa de Fomento al inicio de la Guerra Civil, que asesinó a múltiples personas al inicio de la contienda. Preso en Almagro en 1939, se suicidó allí el 9 de julio de 1939. Más pacíficamente, en el 26 de Almagro donde había estado el Centro de Estudios Históricos, Luis Gutiérrez Soto construyó uno de los primeros edificios con terrazas-jardín de Madrid, marcando el estilo que tanto cautiva hoy a la gente que quiere comprarse piso aquí.

Casas de lujo, bufetes de grandes abogados, sede de grandes empresas: la calle de Almagro de hoy se completa con buenos restaurantes -Narciso, El Deseo- diseñados para esa clientela. Y se oye mucho español con acentos iberoamericanos.