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Ya de adolescente, Juan Antonio Pérez Simón (Llanes, 1941) recortaba ilustraciones y reproducciones de obras de arte de entre las páginas de periódicos y revistas, con una atracción innata por la belleza, para colgarlas de las paredes de su habitación. Hijo de una familia asturiana humilde, que emigró a México en la España de la posguerra cuando él tenía 5 años, aquella afición suya le llevó con apenas 23, en cuanto logró reunir algo de dinero, a un viaje iniciático por Europa y, con un sustento de ocho dólares al día, recorrer «el Louvre, especialmente, y todos los museos que pudo». Tras aquel bautismo, donde logró descubrir in situ «las obras que había admirado durante tanto tiempo», comenzó a comprar grabados, litografías y serigrafías de originales, hasta que, en los 90, su adquisición artística tornó en constante. Para atesorar, ya hoy como empresario, «un acervo completísimo», de relevancia mundial: la Colección Pérez Simón.
Setenta de sus obras maestras, en su mayoría, nunca antes exhibidas, se pueden contemplar al fin en CentroCentro, hasta enero de 2025. Broncino, El Greco, Van Dyck,Turner, Sisley, Renoir, Rothko, Zuloaga, Munch Picasso, Magritte... Con joyas como un retrato de Doña María Teresa de Vallabriga y Rozas (1783), de Goya, cuyos restos de pintura, para limpiar los pinceles, aún se pueden apreciar al bordel marco. O un Gauguin del XIX, El campo de Lollichon y la iglesia de Pont-Aven (1886), en el que ya se adivina, pese a que entonces residía en Francia, al postimpresionista de colores libres de las Islas Marquesas.
Aunque el patrimonio del millonario cuenta con más de 4.000 piezas de pintura, dibujo, escultura, artes decorativas y manuscritos, además de una biblioteca de más de 50.000 volúmenes. Y, como resalta Susana Martínez-Garrido, comisaria española de la muestra, junto a los mexicanos Graciella Telléz y Roberto Fernández Castro «es posible que la cifra se quede corta. Habría que hacer un estudio, porque tiene criselefantinas, figuras Art Déco... Mucho no incluido».
No obstante, la virtud de la colección no es sólo cuantitativo, sino que ante todo deslumbra por su carácter enciclopédico. «Abarca todos los periodos: desde una tablas góticas hasta artistas de hoy. Por ejemplo, él ahora está comprando arte asiático, como Yoshitomo Nara, que hoy se expone en el Guggenheim de Bilbao», y del que también cuelga, en la sala de Cibeles, una de esas figuras a lo anime, de ojos y cabezas desmesuradas. «Después de la colección de Andrew Lloyd Weber, la Pérez Simón es la mejor, fuera de Reino Unido, en pintura victoriana inglesa. Pero tiene europea, española, latinoamericana, novohispana, asiática, norteamericana, expresionista, pop...», enumera al infinito. De hecho, «se puede estudiar la Historia del arte de un sólo golpe, como con la colección Thyssen, porque es muy rica y está muy bien estructurada».
Ya en 2006 y en 2014, en el mismo Museo Thyssen, se pudieron degustar dos muestras parciales, de Lucas Cranach el Viejo a Claude Monet y sobre la especialidad victoriana. Pero la actual, que de nuevo arranca con Cranach, con su Caridad (1537), presenta lienzos nunca vistos, como los contemporáneos. «El propio Juan Antonio Pérez Simón hace años que no ve muchas obras, la mayor parte embalada en unos almacenes», afirma la comisaria, que, con ese afán ilustrativo, ha dispuesto Setenta grandes maestros de la Colección Perez Simón en tres periodos, y confrontando el estilo prerrafaelita con el historicista o el academicista con el moderno.
El arranque, sobre Maestros antiguos y primeros modernos, abarca 16 estampas, desde Brueghel, Rubens, Canaletto o Murillo hasta Rodríguez Juárez o Gainsborough, mientras que la continuación, Siglo XIX, con 31 cuadros, recorre desde Turner, Waterhouse o Cabanel hasta Van Gogh, Monet, Sorolla, Romero de Torres o Anglada-Camarassa. El colofón, De las vanguardias al arte actual, lo rematan 23 artistas: Munch, Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Dalí, Pistoletto, Katz, Xiaogang, Barceló o Antonio López. «Es un coleccionista compulsivo, como todos, pero con mucho criterio e inclusivo, no es fruto del capricho. Tiene un ojo sin prejuicios, no ha ninguneado ni al arte académico ni a las vanguardias», analiza Martínez-Garrido, que cumple año y medio inmersa en este caudal artístico.
Y lo que queda, pues la Fundación Pérez Simón y el Ayuntamiento de Madrid tienen entre manos la futura instalación de esta colección, ya de manera permanente, en el Espacio Cultural Serrería Belga, entre el Prado y el Reina Sofía, para sumar patrimonio a esa milla dorada del arte que forma parte del Paisaje de la Luz. Aún «en ciernes», pues la sede requiere reformas, sirvan las 70 obras como stendhalazos por méritos propios.



