MADRID
Ayuntamiento

La ruina del pabellón de Recoletos, a 600 metros de Cibeles, donde alternaron Victoria Beckham o la Infanta Elena: "Hay toxicómanos y ratas"

Personas sin hogar utilizan el pabellón de El Espejo como refugio.
Personas sin hogar utilizan el pabellón de El Espejo como refugio.Sergio González Valero
Actualizado

A solo 600 metros del Palacio de Cibeles, en pleno paseo de Recoletos, se alza el antiguo velador El Espejo, un pabellón de estilo parisino inspirado en la Belle Époque situado en este céntrico bulevar. Lo que una vez fue un espacio con fama de refinado y moderno, al que acudían celebridades como Almodóvar, Victoria Beckham o la infanta Elena, hoy se ha transformado en un refugio improvisado para indigentes y toxicómanos, según denuncian Aitor Enatarriaga Bilbao y sus socios, quienes han sido los últimos en explotar comercialmente esta instalación. Mientras tanto, ellos siguen regentando el Gran Café El Espejo (situado a la misma altura y en la acera de la izquierda, subiendo hacia Colón) y la terraza que rodea completamente la construcción municipal.

Aunque a priori pueda pasar inadvertido para los viandantes, la situación es rocambolesca y recuerda un asedio de la antigüedad clásica. La disposición es la siguiente: parte del bulevar se encuentra ocupada por la terraza del Gran Café El Espejo, protegida por una valla camuflada con lonas y abundante vegetación, y justo en el corazón de este perímetro está el pabellón municipal, al que acceden las personas sin hogar que se han convertido en sus moradores.

Para acceder al interior del pabellón, estas personas deben sortear las vallas y esquivar a los clientes y al personal que trabaja en la terraza. «Con la que tenemos encima, solo nos faltaba tener que estar vigilándoles como si fuéramos la policía», espeta un encargado antes de precisar que «se cuelan por cualquier sitio» o aprovechando una puerta para camareros que da a la carretera. También muestra una ventana del pabellón tapiada con un trozo de madera y cuenta que «rompieron la cerradura de una puerta y ahora la encajan con un trozo de cartón».

pabellon el espejo
Otra imagen del deterioro del pabellón.Sergio González Valero

Concretamente, se trata de la parte inferior de una puerta de servicio situada junto a la trasera de la barra de bar del pabellón. Si se quiere entrar, es necesario hacerlo agachado o gateando, ya que se trata de una apertura de un metro de altura.

Tras cruzar el umbral, lo primero que llama la atención es la presencia de cuatro personas que duermen en el suelo del quiosco, sobre un lecho improvisado de mantas, cartones y ropa. Ante la presencia de los periodistas, uno de ellos saluda de forma escueta antes de abandonar el pabellón hacia el pequeño pasillo que queda entre el velador y la verja, con el acceso para los camareros.

Los otros tres continúan durmiendo junto a basura, restos de comida y botellas vacías que salpican la estancia decorada por pintadas verde y rosa chillón, en las que pueden leerse palabras como «okupas» (a veces escrito con c y otras con k), «Podemos» o «trabajadores a la calle». Además, desde la planta baja, donde se encontraban los baños (convertidos en un almacén improvisado de ropa y detritus), emana un olor agrio y amoniacal. «Es por las cagarrutas de rata», aclara un camarero.

Tratando de explicar cómo se llegó a este absurdo, Enatarriaga comenta a GRAN MADRID que «el pabellón fue adquirido por nuestra sociedad en septiembre de 2022 a través de un proceso judicial». Tras la compra, sostiene que él y sus socios invirtieron cerca de 600.000 euros en acondicionarlo. «Lo dejamos como nuevo: moderno, elegante», precisa. Sin embargo, tras una disputa judicial con el consistorio, sostiene que se vieron obligados a entregarlo el pasado 13 de julio «ante las amenazas del ayuntamiento de echarnos por la fuerza».

Sin embargo, desde el Ayuntamiento sostienen que el pabellón ha estado operando con la licencia caducada. Fuentes del consistorio explican a GRAN MADRID que «en 1988 se dio la concesión para la construcción y explotación del pabellón por un plazo de cinco años prorrogables hasta un máximo de 30». Asimismo, señalan que el 20 de febrero de 2019 el concejal del distrito Centro firmó un decreto que «declaraba extinguida la concesión al haber transcurrido el plazo de vigencia». No obstante, sostienen que se produjo «un largo proceso judicial» y que «el Tribunal Superior de Justicia de Madrid considera extinguida la concesión del quiosco el 27 de junio de 2024», lo que precipitó la entrega de llaves.

«A finales de julio vinieron del ayuntamiento a tomar posesión, pusieron un candado del que solo ellos tienen la llave, y desde hace dos meses y medio ni nos dicen nada, ni han aparecido ni lo han cuidado, y el lugar se ha convertido en apto para okupas», se lamenta Enatarriaga.

El empresario sostiene que «es incomprensible que tantos técnicos y abogados del Ayuntamiento se esforzaran por quitarnos el pabellón, y ahora nadie aparezca para gestionar su futuro o evitar su deterioro», y explica que solicitaron al consistorio que se tramitara el concurso del pabellón por procedimiento de urgencia, pero no han obtenido respuesta alguna. «¿Dónde están ahora y qué están haciendo esos técnicos y juristas?», se pregunta.

«No es de recibo que dejen a 20 familias en la calle con el pretexto de recuperar el pabellón y que, tras obtenerlo, lo dejen deteriorarse y ocuparse de manera indigna», señala Entarriaga, acusando al Ayuntamiento de ser responsable de los despidos que hizo al entregar el pabellón.

Paradójicamente, este quiosco acristalado se ha convertido en una referencia arquitectónica para otras ciudades españolas, como Burgos, cuya alcaldesa informó hace un mes que construirá un pabellón como el madrileño en uno de sus bulevares. Un anuncio que llegó cuando el de Madrid ya se encontraba cercado, abandonado y utilizado como refugio de personas sin hogar. Mientras tanto, desde el Ayuntamiento aseguran que su «objetivo es sacar una futura licitación para una concesión de explotación» de esta icónica construcción.