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Unas 30 personas fallecen cada día en su intento de llegar hasta nuestras costas. Solo el año pasado se registraron 10.457 muertes, según el balance que recientemente hizo la ONG Caminando Fronteras. Entre las víctimas, 421 mujeres y 1.538 niños y adolescentes, que no son solo cifras, sino personas anónimas que portan historias propias. Como la que Benito Zambrano relata en su última película, El salto (2024), donde cuenta la historia de Ibrahim. Deportado de España a Malí por no tener permiso de residencia, inicia un peligroso viaje para regresar a Madrid y reunirse con Mariama, embarazada de su futura hija. En esta travesía llega al campamento del monte Gurugú, donde conoce a Aminata, una joven decidida a cruzar la peligrosa valla hacia Europa, y cuyo personaje está basado en la única mujer que hasta ahora ha saltado la valla de Melilla.
GRAN MADRID se cita con Zambrano en Lavapiés para hablar de su experiencia en este multicultural barrio de Madrid y de su película, cuya temática está ligada a muchos de los habitantes de estas calles. "Hace muchos años que quería hablar de la inmigración, no solo por una cuestión puramente solidaria, humana y de compromiso, sino porque yo soy del sur, de Lebrija, muy cerquita de las playas de Cádiz. Y claro, llevamos muchísimos años viendo cómo llegan pateras y cómo es toda la tragedia de cruzar el Estrecho", explica el director, mientras toma un café en una terraza de la calle Argumosa, arteria principal de este barrio tan lleno de vida y en el que las diferentes culturas conviven con naturalidad. "Sin salir de Lavapiés, parece que viajas por el mundo. Es como si el mundo hubiera venido a Madrid", dice quien ha vivido tres años y medio en este mosaico de culturas. De hecho, al poco de llegar, se presentó la posibilidad de hacer El salto, lo que fue un buen punto de partida para dar voz a quienes buscan cruzar fronteras en busca de una vida digna.
Para Zambrano, el cine, además de divertir y entretener, es una herramienta importante de educación, de contar historias que no tienen cabida en nuestra cotidianeidad, de ahondar en temas como el del sufrimiento de la inmigración subsahariana. Por eso, cree que ha sido su película más necesaria, explica, mientras se dirige hacia la plaza de Lavapiés. "Quería mostrar que esas personas que vemos en imágenes tan impactantes como la de los saltos a la valla de Melilla o de Ceuta son personas como cualquiera de nosotros, contarlo desde su punto de vista, acercarnos y ver cuál es su sufrimiento, su dolor, cuáles son sus ilusiones, esperanzas, deseos, la vida que quieren tener y que es la misma que cualquiera de nosotros quisiéramos", explica el director de Solas (1999).
Mientras pasea por las calles de Lavapiés, Zambrano recuerda que en España se calcula que viven irregularmente medio millón de personas, la mayoría expuestas a cualquier tipo de abuso, precisamente por carecer de papeles "y no ser ciudadanos de pleno derecho". También subraya que la mayor parte de personas en situación irregular no llegan patera, sino en avión. "De África, el país con más habitantes creo que es Senegal, y está en el puesto número 20, me parece, pero es durísimo ese periplo desde Malí, Camerún, Senegal, Burkina Faso o Guinea Conakry, hacer todo ese viaje, atravesar África hasta conseguir cruzar en patera, y muchísima gente se queda en el camino".
El director piensa que se ha generado un discurso malintencionado contra la inmigración y que ha terminado calando en la sociedad, como muestra el hecho de que en los barómetros del CIS sea uno de los problemas que más preocupan a los españoles. "No sé dónde está el problema", se pregunta. "Están en los trabajos que nadie quiere. Ahora mismo, la mayoría de los que trabajan en los bares son personas extranjeras. Es una palabra que a mí no me gusta nada, la palabra 'extranjero' me parece horrible", reflexiona Zambrano, mientras se encamina hacia la plaza de Nelson Mandela. "Nosotros, los europeos ricos , viajamos por placer. Los pobres viajan por necesidad. No se juegan la vida cruzando toda África para venir a robarte una cartera o para meterse en un piso y no pagar el alquiler". El andaluz incide en que la gente siempre se ha movido a lo largo de la historia por encontrar alimento, por conflictos o por guerras. "Otra tribu llegaba y te echaba". También por curiosidad. "La vida no está quieta. La naturaleza se mueve. Se mueven los árboles porque las raíces se mueven y porque el polen y las semillas vuelan y porque, si no, no nos hubiésemos desarrollado", filosofa el director de Habana blues (2005). "Lo paradójico es que el origen de la humanidad nace en África. Los restos más antiguos están ahí. Nuestros antepasados eran negros, africanos. ¿Por qué estamos aquí hoy y somos blancos? Porque se movieron".
De hecho, para el director de La voz dormida (2011), en los años 50 y 60, los negros de Europa eran los españoles pobres, y en los 60, 70 y 80, los negros del País Vasco, Madrid o Cataluña eran los andaluces, los extremeños y los murcianos pobres.
El padre de los Zambrano, de siete hermanos, también trabajaba como jornalero del campo. "Éramos los temporeros, sobre todo cuando llegaba la aceituna o el algodón". Por eso cuando le ofrecieron hacer la película Intemperie (2019), Zambrano sabía de lo que estaba hablando. Los señoritos, los cortijos, el respeto, tener que pasar por la otra acera cuando se cruzaban con la gente rica del pueblo. "Era otro mundo, toda esa parte de diferencia social tan fuerte yo sí la viví, y por eso entendía tanto lo que contaba la película".
SELECCIONAR LA VIDA
Después, Zambrano aprendió a contar la vida a través de una Sony Video8, y llegó al cine casi por casualidad. "Estudié una Formación Profesional de electrónica y ahí empezaron con el tema de los vídeos comunitarios, una cosa muy divertida que se empezó a organizar, y nos compramos esa camarita"». Grabó ese año todo lo que se le puso por delante: plenos del Ayuntamiento de Lebrija, partidos de fútbol, eventos de la Semana Santa... y fue entonces cuando aprendió a colocarla. "Qué es lo que vas a enmarcar dentro de ese cuadradito, qué seleccionas de la vida, qué quieres que la gente vea, a tener un punto de vista, que en realidad es lo más importante". Después, estudió arte dramático, hizo cortos en vídeo, trabajó como fotógrafo en El Correo de Andalucía, como ayudante de cámara en televisión y terminó por marcharse a estudiar cine a Cuba, en 1992.
Cuando se graduó como guionista en La Habana, Zambrano regresó a Lebrija, y con 31 años volvió otra vez a casa de sus padres. "Yo, que con 14 años me había ido a estudiar a los internados, tuve que vivir de mis padres, que cobraban una mierda de pensión. Y gracias a que mi madre me dio cama, comida y refugio, pude terminar la primera versión del guion de Solas, de la que ahora se acaban de cumplir 25 años», remata.
CUESTIONARIO CASTIZO
1. Una comida. "El cocido madrileño me encanta. Yo me hago mis potajes andaluces, con mis choricitos, mi pimentón...".
2. Un recuerdo. "Viajar en el Sevibus desde Lebrija hasta Madrid, que era lo más barato. Fue la primera vez que vine, y era para hacerme el reconocimiento médico, donde está el Pirulí, porque me contrataron en Televisión Española como ayudante de cámara. Me tuve que venir viajando de noche porque tenía que estar aquí temprano. Fui, me hicieron el reconocimiento y me volví directamente otra vez en ese bus a Lebrija".
3. Un plan nocturno. "Me gusta mucho ir a La Coquette, un club de blues que hay cerca de la calle Arenal. Me encanta porque tienen muy buenos bluesman. Una noche perfecta es salir a cenar con los amigos y después terminar escuchando blues ahí. Es la música que más me gusta, junto con el jazz y el flamenco".



