MADRID
Errante en la Sombra

Revista Ajoblanco, 1994

Había un tablón de anuncios con los clásicos mensajes tipo «Chica bi en Sabadell: jazz, literatura, cine... Amistad y lo que sea. Ref. 146». Me parecen los textos más poéticos y solitarios que he leído

Pepe Ribas (con el nombre mal escrito), en 1994.
Pepe Ribas (con el nombre mal escrito), en 1994.A. Nodar
Actualizado

Encontré un Ajoblanco de 1994 en el que aparecía Luis María Anson entrevistado por Pepe Ribas. El diálogo, en resumen, trataba sobre el caótico final de Felipe González en el Gobierno, pero Ribas le preguntaba dos o tres veces por Pedro J. Ramírez y Anson, que entonces dirigía ABC, contestaba que muy bien con Pedro, que tenía sus cosas pero que era majo y muy bueno en lo suyo y después decía con ignaciana mala uva que EL MUNDO era el mejor periódico de izquierdas que había en España y que ABC era el mejor periódico de derechas. Qué genial me parece hoy todo aquello: la aparición de Anson en medio de reportajes del tipo «vamos a Chiapas con Marcos» firmados por Antonio Baños, el pellizquito en el culo de El País sin venir a cuento y la percepción de que EL MUNDO era de izquierdas. Yo qué sé: en 1994 estaba en tercero de BUP, así que escribo de oídas, pero conozco a la gente que estuvo en aquella redacción y sé que de todo había. No diría que EL MUNDO fuese Mundo Obrero pero sí que tenía una tendencia anarcoburguesa que me encantaba y que me sigue encantando cuando asoma: algo en su moral sexual, en su diseño, en su gusto por la autoironía, en la aceptación de las contradicciones... Lo gracioso es que hay lectores muy ideologizados que vuelven a decir en 2025 que EL MUNDO es un diario de izquierdas. Como reproche, claro. No sé si son muchos pero son muy locuaces.

Para saber más

Mi madre compraba Ajoblanco en los 90 y yo lo leía de segunda mano. ¿Lo leía o lo miraba? Supongo que al principio lo miraba y después empecé a leerlo. Mi actitud era escéptica porque salían demasiados señores en sandalias para mí, según un hábito de su etapa setentera que yo detestaba. Pero algo me atraía hacia Ajoblanco. En sus páginas supe de El buda de los suburbios, de Hanif Kureishi, que fue el libro que más regalé en los siguientes 10 años. Me acuerdo de que la crítica decía algo así como «si eres negro europeo, reza porque tus padres cayeran en Londres y no en París».Ya hubiese querido yo, en 1994, ser un negro londinense o parisino. Luego ocurrió algo: salió un Ajoblanco Especial Cannabis que regalaba bolsas con semillas de cáñamo. Mi madre, sin fijarse bien, trajo un ejemplar a casa. Cuando se dio cuenta, aquello fue estupor-y-temblores, que diría Amélie Nothomb. Por esa época, mi amigo Manolo me introdujo en Rockdelux, en sus placeres y tormentos. Ajoblanco salió de mi vida.En 1999 apareció su último número.

Ay, se me acaban estas líneas sin llegar siquiera al tema que me interesaba: Ajoblanco traía en esa época un tablón de anuncios para los lectores con los clásicos mensajes del tipo «Chica bi en Sabadell: jazz, literatura, cine... Amistad y lo que sea. Ref. 146». Me parecen los textos más conmovedores que he leído en meses. Otro día lo explico, si me centro un poco y me dejan.