A sus 85 años, y con una de las más brillantes trayectorias de un músico vivo, Herbie Hancock se ha ganado el derecho a hacer lo que le da la gana. Y lo hace muy bien, además, por mucho que actuaciones como la de este jueves en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense no acabasen de complacer a algunos de los espectadores que volvieron a colmar el recinto. Porque Herbie, jaleado cuando ingresó al trote en el escenario, siempre mira hacia delante, al igual que la mayoría de los músicos que se forjaron al lado de Miles Davis, y en esa actitud persevera a una edad en la que podría mecerse dócilmente en algunas de las melodías de su inmenso legado.
Para esta nueva aventura se ha rodeado de un grupo que no se mueve por mera obediencia, sino que agrega valor individual a un proyecto de ambición colectiva, en el que temas como "Footsprints", el clásico de Wayne Shorter ("mi mejor amigo") arrojan luz nueva con los arreglos del trompetista Terence Blanchard. Del mismo modo sucedió con el retorno al futuro a través de la música de los Headhunters, el grupo de fusión que formó en 1973, ya concluido su paso por el segundo gran quinteto de Miles Davis. "Actual proof" fue uno de los testimonios señeros de aquel período en el que revolucionó el jazz fusión.
Porque Herbie Hancock tiene muchas vidas. Y la que le queda, a tenor del estado de forma física, intelectual y artística del que hizo gala en Madrid. Se marchó recorriendo a la carrera el escenario de punta a punta, sonriente y agradecido, después de marcarse un baile junto al guitarrista de Benin Lionel Loueke, un gigante en fondo y forma cuya voz y concepto musical contribuyeron a que el concierto remitiese por momentos a la idea del añorado Joe Zawinul.
Sin concesiones
A caballo entre el piano acústico, el eléctrico y el sintetizador, Hancock se dilató tal vez en exceso en la utilización del vocoder, en un tramo de la noche que dio lugar a silbidos entre algunos espectadores que aguardaban un concierto de carácter más convencional. Pero el genio de Chicago no hace concesiones, se desenvuelve como si esto acabara de empezar, con un propósito de constante innovación.
Fueron apenas media docena de temas profusamente deconstruidos, desde la overtura inicial hasta el desenlace con "Chameleon", con teclado al hombro, en el cierre de la novena edición de Las Noches del Botánico, en las que un total de 185.000 espectadores han disfrutado de 50 conciertos dentro de un proyecto plenamente consolidado.
Desde que Van Morrison pusiese la proa con sendas actuaciones el 4 y el 5 de junio, han desfilado, en un cartel afinado y ecléctico, artistas del calado de Carlos Santana, Silvia Pérez Cruz, Kool and the Gang, Morgan, Lori Meyers, Ana Belén o Pepe Habichuela al frente del homenaje a Paco de Lucía, por citar solo algunos de los protagonistas. Herbie Hancock fue el coherente colofón de un festival siempre con un pie puesto en el mañana.

