MADRID
Errante en la Sombra

Leds rojos

Tantos pisos de soltero evocan a una discoteca, un pub, un club de caballeros o algún otro escenario que suene ingenuamente a sexy.

Leds rojos
Luis Parejo
Actualizado

AL VECINO de la calle Infanta Mercedes que el lunes por la noche sintió una mirada invasiva dentro de su piso y que echó una cortina para espantarla: fui yo, lo siento, sé que no está bien pero se me van siempre los ojos a los interiores que se ven desde la calle y, por si sirve como atenuante, había bebido dos copas de vino, había cenado muy ligeramente y había luna llena, así que volvía yo a casa con el ánimo hiperestésico. Y la imagen de su piso era irresistible, usted tiene que saberlo (no sé si este trato de usted suena forzado entre vecinos). Intentaré sintetizarla en siete palabras: «potentes leds rojos, fútbol en la tele». Después, al seguir mi camino, entré en la prensa deportiva para informarme y darle a esta imagen impresionista un poco de chicha informativa y de verosimilitud. Así deduje que el fútbol enla tele debía de ser un espinoso Israel-Italia o un fraternal Croacia-Montenegro, partidos que no suenan muy apasionantes, pero qué sé yo. Tampoco me voy a presentar aquí como el tío que sabe lo que es divertirse un lunes noche, si miraba Marca en el móvil, tanínico y hambriento, en la honrada calle Infanta Mercedes.

Para saber más

Bueno: iba al tema de los leds rojos que llamaron mi atención y que, debe constar aquí, no eran un complemento circunstancial sino el objeto directo de ese salón. El piso parecía recientemente reformado y el trabajo de interiorismo, por lo que intuí, debió de basarse en esos leds, en la idea de crear unas molduras en las que esconder las luces para que el conjunto estuviese marcado por eso que podríamos llamar «molón efecto cromático». ¿Es siempre rojo ese salón? Quizá no. Una niña de mi familia tuvo en su habitación una cinta de luces led que cambiaba sola de colores, del rojo al naranja, luego al amarillo, el verde, el azul, etcétera. Aquello le hizo gracia al principio y luego no.

Reconozco que mi primera mirada sobre la casa roja fue irónica, que lo primero que pensé es que qué mal ángel tenemos los hombres para nuestras casas, porque di por hecho que el señor que echó la cortina es un lobo solitario. Me incluyo, ¿eh? La estética de lo doméstico-masculino es un tema gracioso que parece moverse entre dos polos opuestos, sin nada en medio: está el descuido absoluto como de habitación de colegio mayor, y está la tematización completa y más bien kitsch. Hablo de esos pisos de soltero que evocan a una discoteca, un pub, un club de caballeros o algún otro escenario que suene a sexy. Hablo también de esas casas beyoncé-minimalist de algunos gays ricos... Pero después, me acordé del loft de Tom Hanks en Big y lo pensé otra vez: pensé que en esa manera inocente de expresarse en una casa también hay una forma de libertad y de rebeldía. Dicho esto: qué fuerte lo de vivir con esa luz roja, vecino. Yo tuve una vez unas gafas de sol amarillas y me ponían de un mal humor horroroso.