MADRID
Errante en la Sombra

Colegio pijo-progre

Con el tiempo, el ADN pijo del colegio pesó más que el progre. Se encareció la cuota y la disciplina punitiva apareció en el paisaje.

El Petit Comte Kindergarten, 2010, en Besalú, Girona.
El Petit Comte Kindergarten, 2010, en Besalú, Girona.Hisao Suzuki
Actualizado

Irene, Pablo, yo también fui a un colegio privado y progresista, uno que aún hoy es una cooperativa y está en un suburbio burgués como el de vuestros hijos, así que no os juzgaré. Cómo os voy a juzgar si mis padres dieron el mismo paso en 1980, en un tiempo tan lejano que quizá sea un atenuante. En 1980 nadie pensaba con ironía en la condición de pijo-progre y en sus paradojas, tampoco mis padres, que estaban encantados de pertenecer a la nueva tribu de profesionales educados en los 60 y 70 que jamás llevarían a sus hijos a jesuitas y teresianas. Por eso aparecieron en todas las ciudades colegios para ellos: amables, modernos, cosmopolitas... Yo también habría llevado a un hijo a un sitio así en 1980 si me hubiese ido medio bien. Creo que, al principio, mi colegio no era caro. No mucho.

Para saber más

Algunos apuntes, por si os interesan. Uno: con el tiempo, el ADNpijo del colegio pesó más que el progresista. Se encareció la cuota y entramos todos en la fase de la disciplina punitiva. En mi tercero hubo lío en un viaje de fin de curso porque alguien llevó en la maleta suficiente hachís como para acabar con el dolor en el mundo. La dirección respondió con el discurso de la manzana podrida, con interrogatorios y delaciones. ¿La dirección? En realidad, los padres lo exigieron. Los abogados progres de 1980 eran señores conservadores en 1994.

Dos: ahora, algo íntimo. Con 30 años yo no sabía comportarme en los tanatorios, no conocía los códigos, metía la pata y luego justificaba mi torpeza aludiendo al colegio: «Como fui a un cole progre y me protegieron demasiado, lo hago fatal». Los amigos de colegios de curas de esa época me miraban estupefactos. Y tres: a los amigos de instituto a los que conocí en la carrera no les pregunté nunca si les parecí un pijo idiota al principio, pero ese temor me pesó muchísimo. Conclusión de los puntos cuatro y cinco: en la vida me he sentido culpable por pijo y por progre. Vaya broma.

Cuatro: mi madre daba clase en la universidad.Dice que siempre reconocía a los chicos de mi colegio. A veces eran presuntuosos pero solían ser buenos alumnos, inconformistas. Cinco: encajé regular en el colegio. Como todo el mundo pero un poco peor. Cinco años despues de COU ya no veía a nadie de esa época y, para consolarme de mi fracaso, me dije a mí mismo que era un disidente de clase huido del mundo odioso de los pijos. Ahora, a veces me cruzo con antiguos compañeros y son amables y educados. Me dan ganas de pedirles perdón.

Cinco: había clase trabajadora en el colegio, hijos de empleados que entraban becados: Uli, Marcos... Me encantaría saber cómo vivieron aquello. Por mi parte, la economía de mi padre era caótica. El desclasamiento fue lento al principio y rápido después. Yo no lo acusé mucho porque vivía en mi mundo. Puede que mi hermana, que era más social, lo pasara peor.