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Con los 100 años recién cumplidos, José Maya, su actual dueño desde 1999, ya lo subrayaba ante este diario: «Que un edificio de principios de siglo siga estando aquí y no haya sido víctima de los devoradores de ladrillo, es una maravilla». Estimaba como fruto de «siete milagros» que el Teatro Pavón continúe en pie en el barrio de Lavapiés y cruzaba los dedos, junto a Esther Bravo, la directora desde 2022, por que la solicitud de Bien de Interés de Cultural (BIC), presentada ante la Comunidad de Madrid, fuese valorada. Desde ayer, ya pueden sumar un triunfo más.
El Consejo Regional de Patrimonio respaldó por unanimidad este jueves que el edificio levantado por el arquitecto Teodoro de Anasagasti sea declarado Bien de Interés Patrimonial (BIP), en la categoría de monumento, por su valor tipológico, histórico e inmaterial. El inmueble ya contaba con la protección estructural y, ahora, alcanzará la protección máxima posible. Un escalón por debajo del ansiado BIC, porque, pese a su «correcto estado de conservación», como destaca el informe, desde el punto de vista patrimonial, algunos elementos del proyecto original se han perdido.
Pues son un puñado de prodigios, pero también de vidas, las que ha gastado este sumo exponente del racionalismo en Madrid. Promovido por la empresaria Francisca Pavón, nació como teatro-cine después de que Anasagasti ensayara antes, con el Teatro Monumental y el Real Cinema, ese estilo de hormigón armado y la inspiración secesionista vienesa y art decó que aquí reluce en la fachada. Entre 1948 y 1953, el Pavón se convirtió sólo en sala de cine, bajo la reforma del arquitecto José Antonio Corrales, para volver a habilitarse, en 1978, sólo en teatro. Entonces se empobreció, de hecho, su decoración primitiva con falsos techos y frisos y, después, terminó abandonado en 1985.
Hasta la reconstrucción del arquitecto Ignacio de las Casas en 2001, que recuperó, mediante su recreación, los revocos, esgrafiados, pinturas al fresco en la fachada y la torre del reloj. Ya en 2016, con la apertura del Café Pavón, se habían rescatado los techos con artesonados de yeso y algunos azulejos estilo nazarí originales.
Con esta protección, se velará por la adecuación del Pavón, ante futuras intervenciones urbanísticas y arquitectónicas, pues, además, es una de los pocas obras que se conservan de Anasagasti, pionero de la arquitectura cinematográfica en España, al definir la fisonomía del nuevo cine con la propia estructura. La torre en esquina que preside la fachada fue un tributo a la arquitectura de Wagner y Hoffmann y, por primera vez, se creó un edificio de espectáculos moderno, que fue, incluso, elogiado por Ramón Gómez de la Serna.
Además, posee un valor inmaterial en la cultura popular madrileña, pues, entre otros méritos escénicos, estrenó la revista Las Leandras con la vedette Celia Gámez, que pasó a elevarse como emblema popular castizo con su personaje Pichi. También pasaron por su escenario Miguel Molina, la Niña de los Peines o Concha Piquer. Inaugurado con la zarzuela El asombro de Damasco ante los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, desde sus inicios acogió géneros como la revista, el folclore o los sainetes, con un ADN cercano y de barrio que la actual dirección artística busca potenciar, para recuperar su puesto de referente cultural en Madrid.


