- Qué se le ofrece Sobrevivir entre librerías
LOS SUEÑOS de la vivienda producen monstruos contrahechos y bien podría haber engrosado Goya sus Caprichos con ese bestiario inmobiliario tan nuestro, que es fantasía húmeda para unos y oscuridad pesadillesca para tantos. A los búhos y a los murciélagos que engendra el alucinado, se le sumaron las plumas largas y el pico voraz de las rapaces. Olfateaban al moribundo desde bien lejos. Además de a un pobre, hoy cada español podría sentar un fondo de inversión a su mesa. Aunque ni Berlanga quizá salvaría esta burla.
Pues recuerdas las noticias de sacudida tras la crisis de 2008. Alicia M. V., de 65 años, saltó en 2018 por el balcón de su piso alquilado en Chamberí, minutos antes de que el cerrajero de la comisión judicial se dispusiera a romper el bombín de su puerta. No fue la primera ni la única en España: en Wikipedia aún figuran los nombres de algunas víctimas mortales tras impagos, que entonces recogió la prensa, pero nunca hubo cifras fiables. Sí que las hay de la endemia cronificada: seis personas son expulsadas cada día de su casa en Madrid. Aún hoy pasman a cada poco las deformidades del ladrillo, con otros carices quizá, pero aún punzantes.
Y todavía es la propia ciudadanía, sea arropadas por la PAH o el Sindicato de Inquilinas, la que evita el desastre cual David con hondas y piedras certeras. Mari Carmen Abascal le ganó un tiempo extra al titán Urbagestión, que pretende echarla del piso de renta antigua en el que atesora su vida desde hace siete décadas. Bastó con subirle el alquiler un 275% para que ya no le alcanzase ni con la pensión de 1.450 euros. Cada día pasea por el barrio de Retiro su cadera renqueante de 87 años. Hace meses que no duerme sin pastillas, aunque la odisea judicial dura ya cinco años. Quizá también fuese un ensueño cuando, en pandemia, el Gobierno paralizó los desahucios de vulnerables a golpe de real decreto. La coplilla mutó a inversores, os recibimos con alegría.
No se cesa de construir mientras, pese a que hay déficit de vivienda, proclaman los pregoneros. Y ante todo, de la asequible, replica el pueblo. Pues es deporte nacional olfatear en Idealista con afán romántico, ay, mísero, ay infelice, como quien aturde el tiempo en el scroll de Instagram. Hasta la mismísima Sofia Coppola confesó años ha que practicaba el porno inmobiliario mientras degustaba una copita de vino. Aquellos anuncios de pasillos infinitos, de muebles macizos y horror vacui de tapetes, Lladró y crucifijos sobre los cabeceros, que hasta confortaban con su naftalina al toparse con ellos, han mudado en metros cuadrados diáfanos y de blanco impoluto que son una «¡increíble oportunidad de inversión!». Es indecente / Gente sin casa, casa sin gente.

