Madrid, hace 400 años. Hacia el alba, seguramente, el rector del hospital se estaba levantando, preparándose para ir al trabajo, que en realidad estaba allí mismo. Otro día más en ese hospital que también le servía de casa. Lo había montado tiempo antes Beatriz Galindo, alias La Latina, profesora de latín de Isabel la Católica. Gerónimo de Quintana todavía mantenía amistad con sus descendientes. Él era clérigo e historiador. Y también algo menos lustroso: notario de la Inquisición.
Ese hospital estaba a unos centenares de metros de los arrabales y se llamaba precisamente Hospital de La Latina. Se encontraba en el barrio que hoy seguimos conociendo con ese nombre. Si sale del Metro, hay una boca enfrente, aunque la puerta actual, y su fachada, ya no son las originales. En algún momento de la mañana, Gerónimo seguramente saldría a dar un paseo para hacer algún recado o comer por ahí. O, y esto es mucho más probable, para pensar en la manera de terminar ese dichoso libro que estaba escribiendo desde hacía años, titulado A la muy antigua, noble y coronada Villa de Madrid. Historia de su antigüedad, nobleza y grandeza.
Es decir, la primera Historia de Madrid, recién reeditada, que le llevó 10 años de su vida y además plantea unos cuantos misterios al lector, como el origen de un cuadro desconocido que hoy en día aún se puede ver en La Almudena.
Ese recorrido es el que GRAN MADRID hace esta mañana fría con el geógrafo Jesús Tébar, que ha rescatado del olvido la obra de Gerónimo de Quintana [en el callejero existe una pequeña calle de Chamberí dedicada a él, pero llamada Jerónimo de la Quintana] y la ha publicado en una edición crítica que presentó hace unos días en el Museo de Historia de Madrid. ¿Podríamos haber hecho otra ruta? Sí, pero nos apetecía esta.
Tébar (Leganés, 1975) se formó como geógrafo en la Universidad Complutense de Madrid y ha dedicado parte de su carrera profesional a realizar muchos estudios madrileños. Cuando descubrió la obra de Gerónimo de Quintana se apasionó por ella y decidió lo que hoy nadie se animaría a hacer: transcribirla con sus propias manos. Además adaptó un poco el lenguaje arcaico del clérigo para leerlo con ojos de hoy, pero sin cambiar nada de su contenido. Y mientras leía y transcribía, fue añadiendo notas a pie de página que aclaran mucho sobre las personas o hechos mencionados.
1. Antiguo Hospital de La Latina
Y así, arrancando en el hospital de La Latina, empezamos a caminar. "Mira, hay una placa de Beatriz Galindo en la fachada, aunque esto ya no es el hospital que ella fundó. A Gerónimo, en cambio, no le han puesto placa. Cuando se construyó, Madrid ya tenía cinco hospitales y Felipe II todavía no había traído la capital [lo hizo en 1561], por lo que la teoría de que antes de ser capital Madrid solo era un poblachón manchego no se sostiene. Ya era un centro importante", asevera el geógrafo.
"Lo que queda hoy es un convento de clausura y la puerta, que era muy bonita, fue diseñada por un converso llamado maese Hazan. Pero en el siglo XIX la quitaron de aquí y se la llevaron piedra a piedra a la Escuela de Arquitectura", explica Jesús mientras señala la fachada del edificio que hoy sustituye al hospital.
2. Colegio Imperial
Así que no queda más que el recuerdo de lo que fue la casa y el trabajo del primer historiador de Madrid, pero hay otras paradas cercanas que todavía siguen existiendo. Una de ellas es el Colegio Imperial, a muy pocos metros del antiguo hospital, en la misma calle Toledo. Hoy se conoce como el Instituto de Educación Secundaria San Isidro, y es el más antiguo de Madrid. "Fue fundado por los jesuitas, y aquí estudiaba toda la gente importante. Fue casi una primera universidad en Madrid".
3. Plaza de Puerta Cerrada
Caminando un poquito más, apenas 20 o 30 metros, se llega a la plaza de Puerta Cerrada, que ya era entonces plaza y no puerta, porque la llamada Cerca del Arrabal ya había sido derruida y sustituida por la Cerca de Felipe IV, rey ya en esta década de 1620 al 30. De hecho, el libro de Gerónimo narra los avatares de esta puerta que, explica, hubo que cerrar permanentemente porque era un lugar de atracos y robos frecuentes, así la gente no quería pasar por ella, y acabó con el sobrenombre de Puerta Cerrada. El lugar se acabó convirtiendo en plaza y mantuvo el nombre. "Precisamente encima de la puerta encontraron una piedra con un grabado de un dragón o una serpiente", recuerda Tébar, "y por eso le pusieron al escudo de Madrid un dragón que mantuvo durante mucho tiempo, hasta que lo quitaron en 1967".
4. Monasterio del Corpus Christi
Empieza poco después una pequeña cuesta arriba, la calle de Puñonrostro, que lleva directa al Monasterio del Corpus Christi, también llamado convento de las Carboneras, un lugar que hoy apenas ha cambiado en cuatro siglos, donde viven monjas de clausura. En la entrada, salvo que uno se fije, el cartel del telefonillo que invita a entrar para comprar dulces caseros pasa desapercibido. "Esto es un viaje en el tiempo, todo sigue igual que en la época de Gerónimo", dice el geógrafo, y ciertamente se puede uno imaginar al clérigo pidiendo galletas a través del mismo torno donde hoy las siguen vendiendo las monjas.
5. Calle del Codo y Torre de los Lujanes
La calle se convierte un poco más arriba en la calle del Codo, con su doblez y la leyenda de que el mismo Quevedo se paraba a hacer pis en sus noches de parranda, como recuerda Jesús: "Según esta historia, los vecinos estaban hartos y pusieron una cruz, con un papel que decía: 'No se mea donde hay cruces', y entonces Quevedo puso otro papel que decía: 'No se ponen cruces donde se mea'".
De la calle del Codo sale rozando la esquina de la Casa y Torre de los Lujanes, uno de los edificios más significativos del Madrid de los Austrias, construida en el siglo XV y restaurada tantas veces que al mirarla hoy se la ve nueva. Su fachada principal mira a la Plaza de la Villa donde, si bien hoy está el viejo Ayuntamiento, en su día Gerónimo de Quintana se habría encontrado otra cosa: "En el plano de Teixeira de 1656, que prácticamente era contemporáneo a Gerónimo de Quintana, se ve que en el lugar de este edificio estaba la cárcel de la Villa".
6. Iglesia de San Nicolás
Las páginas de Gerónimo nos llevan a la que entonces él consideraba la segunda iglesia más antigua de Madrid, pero hoy ya la primera, después de que la Iglesia Mayor de Santa María, que en su día era la más vieja, fuera demolida en 1868 para ampliar la calle Mayor, claramente en una época de aprecio más bien flojo por el patrimonio. Así pues, tras su derribo lo que nos queda hoy como el templo más antiguo es la Parroquia de San Nicolás de Bari, donde se da la característica de que se dan misas en italiano todos los domingos. Eso sí, esta es la iglesia más antigua del Madrid de Gerónimo, porque hoy aún queda en pie una más antigua, que entonces pertenecía a un pueblo muy lejano... llamado Carabanchel.
7. Iglesia Mayor de Santa María
De vuelta a la calle Mayor, se ve el foso con las ruinas de la Iglesia Mayor de Santa María, muy citada por Gerónimo en su historia, donde nace además un misterio: el del cuadro de Nuestra Señora de la Flor de Lis. Esta es una enigmática virgen que se encontró en 1623 en la desaparecida iglesia mayor, solo seis años antes de que Gerónimo de Quintana publicara su historia de Madrid. Era, entonces, un misterio reciente, pero a día de hoy, salvo que quizá es la virgen más antigua que se ha venerado en esta ciudad, siguen quedando muchas dudas en torno a ella. Fue lo único que se salvó de la iglesia, y si se arrancan a caminar unos metros más lo podrán contemplar en la Cripta de la Catedral de la Almudena. Y con esto acabamos, que es hora del café.









