MADRID
Cultura

La rebeldía del Cerro Belmonte renace en el teatro: el barrio que se independizó de Madrid y recurrió a Fidel Castro frente al boom del ladrillo tiene "un mensaje de esperanza"

La compañía teatral 7 minutos de gloria recupera la insólita historia del vecindario que se proclamó reino autónomo en 1990

Un momento de la obra 'Un verano por metro cuadrado'.
Un momento de la obra 'Un verano por metro cuadrado'.MARTA GARCÍA
Actualizado

Apenas un par de protagonistas encontró este diario con disposición de rememorar el insólito caso de Cerro Belmonte ni tampoco le fue fácil a la compañía 7 minutos de gloria para poner en marcha su estreno teatral en el Teatro del Barrio. «El 90% de los vecinos no quería dar testimonio. Es una historia muy impresionante, pero también fue dolorosa para ellos», subraya Laura Delgado, integrante del colectivo que ha recuperado en Un verano por metro cuadrado aquel episodio «tan surrealista y pintoresco de revolución vecinal», en el verano de 1990, que alcanzó desde Madrid los titulares internacionales y removió, incluso, las relaciones entre Felipe González y Fidel Castro.

Porque no todas las casas bajas de la Valdezarza actual se salvaron de la piqueta cuando 125 familias recibieron, en 1989, la notificación de expropiación del Ayuntamiento de Madrid para levantar en su lugar adosados de alta gama, pese a que el vecindario se declaró en rebeldía, celebró un referéndum en casa de La Desi para independizarse y proclamar el Reino del Cerro Belmonte, con moneda, bandera, himno y Constitución propias, después de que el mismísimo Fidel invitara a 25 belmonteños a La Habana, pues, entre las protestas vecinales frente al pelotazo inmobiliario, solicitaron asilo político en la Embajada de Cuba.

«Fue un acto de fe tan grande que queremos traerlo a la actualidad y a este contexto en el que estamos, con una sociedad más dormida y menos activa a nivel político», explica Delgado, encargada del vestuario y la composición musical de esta creación satírica y onírica que desborda el mero teatro documental. No pretendían apropiarse de la historia, sino remoldearla para su presente.

Pues, aun con la reticencia inicial de los héroes vecinales, que, no obstante, han aceptado la invitación de recordar desde las butacas su andanza, en la compañía conciben «aquella decepción, con tantas ilusiones y fuerzas puestas», como más bien un «mensaje de esperanza de que las cosas pueden cambiar». Cerro Belmonte le sirve a 7 minutos de gloria para llamar la atención sobre «la vivienda, la especulación, la transformación de los barrios que no sólo nos atraviesa a la juventud, con la dificultad para acceder al bienestar social y a una vida digna».

Pérdida de identidad

Para ello, recurren también a sus experiencias vitales, como vecinos de Puerta del Ángel, Carabanchel, Usera y El Rastro y desde su participación en el Sindicato de Inquilinas o la PAH de Vllecas, y usando como base el ensayo filosófico El tiempo de la promesa, de Marina Garcés, sobre el poder y la valentía de la promesa para trazar un futuro. Aunque la dirección la firma Marina Margallo y la dramaturgia y los textos, Nayarit Fuentes, la creación, alumbrada durante tres años de trabajo, es de autoría colectiva, junto al resto del elenco: Manu Cantelli, Lucía Feijóo Robles, Marta Guijarro Rojas, Cristina Marco y Paula Mira.

Son artistas de entre 25 y 27 años que, como tantos en España, contemplan cómo van desapareciendo los barrios tal como los conocían, allá donde se criaron o donde conviven. «Cada vez son más impersonales, la gente se mueve de un modo más individual y las redes vecinales y los servicios públicos, incluso las tiendas, se están perdiendo. Los edificios cada vez tienen más pisos turísticos, incluso ilegales, o cercanos a los nuestros están siendo comprados por fondos buitre. Es doloroso, provoca una pérdida de identidad y de comunidad», lamenta. Frente a ello, y como una llamarada de reflexión y de porvenir, su Cerro Belmonte es el teatro.