Como si tal cosa, Javier Ortega Smith, el hombre del momento en la política madrileña por su órdago a Vox, el partido que él mismo fundó; por ese pulso sin retorno a su compañero de fatigas, Santiago Abascal; o por esa incertidumbre que no sólo le rodea a él, sino al fracturado grupo municipal, ayer, pese a la carta remitida a Cibeles de su otro jefe Ignacio Garriga, se presentó en la Casa de Campo, para asistir al acto de toma de posesión de 127 bomberos, con el aura y el entusiasmo intactos. Con ganas de plantar batalla, cosa que quedó clara en la víspera. «Como tantas veces hemos defendido desde el grupo municipal de Vox, del que me honro ser portavoz...», acentuaba con afilada intención en los primeros compases de una alocución de 10 minutos salpimentada de autopreguntas, donde echó mano de toda su munición. Como si esa orden de suspensión no fuera con él.
Había, ayer, y las sigue habiendo hoy, muchas incógnitas por resolver en torno a este insospechado entuerto municipal de Vox. Sobre todo, el de Ortega y sus dos acólitos -Carla Toscano e Ignacio Ansaldo-, decididos a obviar la directriz desde la cúpula del partido de aupar a Arantxa Cabello. Una exigencia que sólo acataría Martínez Vidal, quien compartió escaño en el consistorio madrileño bajo la bandera del PP con Íñigo Henríquez de Luna, primera víctima del hoy alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y responsable regional de políticas municipales. Así las cosas, han vuelto a resonar en los pasillos de Cibeles dos palabras que parecían cosa del pasado y acabaron siendo malditas por dictamen judicial: Grupo Mixto.
Porque esa hipotética escisión de Vox, dueños los implicados de sus actas de concejales, conduce a caminos ya explorados... y a otros por descubrir. «En vista de lo que pueda suceder, he pedido al presidente del Pleno [Borja Fanjul] que estudie que pasaría si hubiera concejales no adscritos», admitía Almeida, tras el minuto de silencio celebrado ayer en la plaza de Cibeles por el asesinato, presuntamente por violencia de género, de una vecina de Hortaleza. Y en esas se encuentran en los despachos municipales, con una carta de Vox sobre la mesa con el expediente a Ortega Smith (y la promoción de Cabello), que en nada condiciona al Ayuntamiento. «Es el grupo municipal quien tiene que decir quién es su portavoz». Hasta nueva orden, ese es Ortega.
Hay un puñado de paradojas alrededor de esa sombra del Grupo Mixto. Aquella probeta política de 2021, con los cuatro fugados de Más Madrid en la pasada legislatura -Marta Higueras, Luis Cueto, José Manuel Calvo y Felipe Llamas- fue declarada ilegal por la Justicia en 2023. Con la autorización del Ayuntamiento, ellos sacaron adelante los penúltimos presupuestos de Almeida, toda vez que Ortega, protagonista indiscutible hoy de la escena, bajó para siempre su pulgar. Hablamos de paradojas porque, ayer, Rita Maestre, que encabezaba el partido del que escapó ese póquer de concejales díscolos, tildó de «bochorno» que haya un partido (Vox) «que no es capaz de controlar a su grupo municipal y de un portavoz que no es capaz de hacerse respetar por su propio partido». En 2019, tras la partida de Manuela Carmena, ella tomó el mando de la formación hasta hoy. Nadie lo pudo controlar entonces ni se hizo respetar.
"Romper la representividad democrática"
Pero sería una contradicción de igual magnitud que a Ortega se le pasara por la cabeza echar mano de esa carta del Grupo Mixto. «La creación de ese ilegal Grupo Mixto es romper la representatividad democrática que habían decidido los madrileños», apuntaba él mismo en una entrevista a GRAN MADRID, semanas después de la resolución definitiva del Supremo. «Cuatro tránsfugas de un grupo ilegal condicionaron los presupuestos de la capital», añadía en su crítica feroz hacia ese grupeto en el gran salón de Cibeles, que se desvaneció en mayo de 2023. Se entiende que, de recrudecerse su contienda personal con Vox, con su honor siempre por delante, la única salida será la de ocupar el escaño como no adscrito. Tanto él como sus socios de viaje.
Pero ¿cuál es la repercusión real entre una u otra figura? El Grupo Mixto recibe subvenciones, cuenta con personal administrativo y, sobre todo, cuenta con tiempos de intervención en el Pleno, como cualquier otro partido. De convertirse en no adscritos, sólo conservarían el acta.
Con aquel precedente judicial que dio la razón a Más Madrid, ratificado por el Tribunal Supremo en 2024, no parece la salida más razonable. Pero como en el amor y en la política nunca se sabe, y en este caso se mezclan ambas (amor por el partido, se entiende), veremos...
En cualquier caso, ayer, Ortega Smith pronunció sin titubeos un epílogo quirúrgico ante el impredecible desafío que tiene ahora mismo entre sus manos. «No quiero quitarle ni un minuto más de protagonismo a quienes se lo merecen, que son nuestros bomberos. Ellos sí saben qué es la lealtad, el compañerismo y el sacrificio. ¿Recuerdan aquello de los bomberos? Si cae uno, caemos todos. Pues yo no voy a dejar caer nunca a los compañeros que han estado a mi lado con lealtad y con firmeza». Palabras afiladas con destino a la sede de Bambú.


