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Epicuro contra la ansiedad

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Epicuro contra la ansiedad
ULISES CULEBRO

Fanático significa servidor del templo y cada día hay más. Estamos viendo todos los días que la fe ciega y sorda en el nacionalismo y en el fanatismo religioso, con sus guerras santas, basadas en los libros sagrados y en la psicopatía de la historia, siguen llenando el mundo de cadáveres y de estupideces. Quim Torra, que había desaparecido, sigue siendo Molt Honorable, del mismo partido que Puigdemont; como ex president cobra un pastón de los contribuyentes españoles y ahora reivindica el pancatalanismo. Proclama que los límites de Cataluña deberán estar en el río Cinca. Quiere una franja de Aragón y luego reclamará los países catalanes hasta Murcia, pasando por Valencia y Baleares. Y por el norte, el Rosellón.

Recuerden que el nacionalismo es la guerra y que, después de su éxito con el sanchismo, van a ir ampliando su espacio vital quedando impunes. Este tipo, tan racista como Sabino Arana, llamó a los españoles expoliadores de una etnia inferior, cafres, víboras y hienas. Sigue dando la murga y nos avisa y prueba que con esa gentuza tenemos que formar Gobierno. La equivocación clamorosa de Sánchez nos va a traer catástrofes. Ojalá nos equivoquemos los que así lo vemos.

Como decía, otra de las características de este siglo de las Torres Gemelas es que se sigue matando en nombre de Dios y no sabemos si hay Dios. Puede que haya. La ciencia no ha podido probar su inexistencia. Si lo hubiera, está claro que pasa de nosotros, mientras el hombre es el único animal que le corta gargantas al prójimo si su teología no es la correcta. Los telediarios están llenos de sangre por las guerras sagradas, más contemporáneas que nunca.

Epicuro nos avisó de la ferocidad del fanatismo y la superstición. Hay que leer Lecciones de epicureísmo: el arte de la felicidad, de John Sellars, una receta griega contra el estrés. Se basa en el jardín del filósofo y hace un diagnóstico contra la ansiedad: lo único que necesitamos es salud y placer. Los más sabios consideraban la cabeza de Epicuro como la más poderosa de la antigüedad. Sugirió que es necio matar en nombre de los dioses y por la geografía y la historia inventadas. No solo despreció el fanatismo religioso, sino la otra semilla de las matanzas, el nacionalismo, antes de que existiera. Afirmó que la patria de un hombre razonable es el mundo. «Un solo hombre es para mí como todo un pueblo, y todo un pueblo es para mí como un solo hombre».