El presidente del Gobierno anunció para 2025 un programa con más de un centenar de actos alrededor de Francisco Franco. El año próximo se cumple el medio siglo de la muerte del dictador. Franco lleva 50 años muerto y yo 50 años vivo (de momento). Pertenezco a la primera camada de la democracia, la de diciembre de 1975. Esa suerte que tuve. Después de tanto tiempo, de Franco aún vivimos un poco todos. Es uno de esos iconos sistemáticos que van muy bien para la recalificación del odio y cuyo único fin es irritar un poco a la población, principalmente la parte mayoritaria, la que tiene peor concepto de aquel hombre nefasto. Por eso lo que propone Pedro Sánchez, astuto, es revisar y calentar un poco más el ambiente con el bajopalio del aniversario para volverlo a enterrar y desenterrar unas cuantas veces más.
Esta abundancia conmemorativa indica que la herencia del dictador aún supura. Mas allá de Franco burbujea en España una intensidad franquista, lo normal en cualquier país con trauma de dictadores. Cuarenta años de tiranía no se olvidan de golpe ni en medio siglo de democracia. Tampoco es posible acabar con las nostalgias retroactivas, que son las peores. Igual que la venganza, cuando el difunto queda tan lejos, tiene una carga patética. Lo que importa es no olvidar. Por ejemplo, no olvidar los crímenes. Francisco Franco Bahamonde va a dar mucho juego en los próximos meses, aunque ya no da de comer a casi nadie y la Plaza de Oriente no se le llena de aficionados.
Alguno o alguna dirá que esto del programa de actividades oculta el afán sanchista de ganar de otra manera la Guerra Civil. Lo dudo mucho. La Guerra Civil ya se perdió para siempre. Y Franco en sí mismo nos da igual a casi todos, aunque no conviene traspapelar quién fue y qué hizo. Con él sucede algo raro: mucha gente pide dejar ese periodo en paz y continuar hacia delante, pero en cuanto se verbaliza el apellido toman posición de un lado o del otro. Así que tan quieto no estará el recuerdo si todo dios salta a la primera en un clima de posguerra. Desconozco si Franco (o, mejor, manifestarse contra Franco) ayuda a mejorar los resultados electorales, pero la temporada que viene promete sabrosura entre la nueva disección del sanguinario e impenetrable dictador y los folclores supletorios convocados a su vera. Verbena no va a faltar.

