El espectáculo se aproxima a su fin. La joven lavandera María, que, junto a Azacán de Toledo, nos ha guiado durante más de una hora por la historia de España, solloza sola en medio del monumental escenario. El viejo porteador de agua le pregunta por qué llora. Ella, entre hipidos, le responde que sus dos hermanos han muerto. Azacán, sorprendido, quiere saber cómo ha sido. María le contesta: "Se han matado el uno al otro; se han matado entre hermanos".
Es la forma sencilla y refinada de pasar por un momento crítico de la historia de España, la Guerra Civil. A medida que va avanzando el impresionante Sueño de Toledo, el espectáculo central del no menos asombroso parque temático de Puy de Fou, te vas preguntando cómo van a resolver las referencias a periodos recientes que siguen siendo sensibles para algunos. Sintetizar 1.500 años de historia en tan poco tiempo tiene riesgos y también ventajas, las de poder elegir. Arrancar con Recaredo I y el Concilio de Toledo, los visigodos, el dominio musulmán, la convivencia de tres religiones y las Navas de Tolosa hasta llegar al descubrimiento de América, el Siglo de Oro, la Guerra de la Independencia o los años 20 del siglo XX es un buen plan, como puede haber otros. Y como es cuestión de elegir, de remate se incluye esa sutil referencia a la Guerra Civil. Hasta ahí. Ni dictadura franquista, ni recuperación de las libertades, que todavía hay muchos españoles que, ya que no la pueden escribir, quieren decidir cómo les tienen que contar su propia historia.
En Puy de Fou se reivindica la historia de España a lo grande. Por cómo se cuenta -un espectáculo gigantesco para todos los públicos-, pero también porque se cuenta sin complejos. Quizás por eso haya tenido que venir un grupo extranjero a montarlo, de Francia ni más ni menos, donde bien saben de lo que se habla cuando se trata de orgullo patrio. Entre los que se avergüenzan del gran imperio que fue este país y los que se empeñan en seguir tirándose la historia reciente a la cabeza, España es un parque temático en sí misma, sin necesidad de construirlo a las afueras de Toledo. Quizás también por eso hemos pasado de ensalzar el periodo de mayor reconciliación, la ejemplar Transición, a rehuirlo. Ya son más los que ven con nostalgia que con complacencia -cuando se recorre la exposición de la fotógrafa Marisa Flórez en el Canal de Isabel II- las imágenes de Alberti y La Pasionaria, Blas Piñar y Santiago Carrillo, Adolfo Suárez y Felipe González, Tierno Galván y Susana Estrada, o las del regreso del Guernica a nuestro país. Un tiempo para mirar -así se llama la muestra- que ya no queremos ver.
Con todo, al final va a ser mejor que sean otros los que nos cuenten nuestra historia, que nos expliquen lo bueno y lo malo, lo que es y lo que ha sido este país en el que un día, sí, se mataron entre hermanos.

