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La cariátide

No pontifiquen sobre el aborto, por favor

No tengo ni idea de la madurez de las mujeres españolas en edad fértil, pero tengo clarísimo que, ante una decisión de este calibre, habrán valorado pormenorizadamente los pros y los contras

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida.EUROPA PRESS
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Ando algo impactada porque ayer no paré de escuchar y leer a diversas personas, incluidos políticos, hablando del aborto, y no hay cosa que me parezca más complicada que pontificar, opinar y hasta casi hablar de ello, lo cual no significa que no sepa yo de lo que estoy hablando. Abortar es mucho más complicado que hablar del aborto, eso por lo pronto.

Dice Almeida que no pasa nada por informar a las madrileñas de que si abortan pueden sufrir síndrome de estrés post aborto, que siempre se leen advertencias antes de una cirugía y que, además, el PP madrileño considera que las mujeres de la ciudad son lo suficientemente maduras como para leer, antes de practicárselo, que abortar las puede conducir a sufrir una enfermedad mental.

Ese síndrome estaría equiparando las posibles consecuencias del aborto con las que sufre alguien con síndrome de estrés postraumático -reexperimentación, ansiedad, depresión-. Solo que no existe validez científica que demuestre esto. Hay investigaciones al respecto, y claro que hay datos sobre el sufrimiento -variado, extenso- que padecen algunas féminas después de haber abortado. Otras también sienten alivio. No tengo ni idea de la madurez de las mujeres españolas en edad fértil, pero tengo clarísimo que, ante una decisión de este calibre, habrán valorado pormenorizadamente los pros y los contras, que es casi lo mismo que decir que son maduras, sí, pero el matiz importa (siempre). Me alarma más el dato del número de menores que abortan, y me pregunto si estuvieron bien acompañadas, aconsejadas, apoyadas... Y cómo puede caerle a una jovencita de 17 años (bonjour, tristesse) que le digan que ojo, el asunto podría acarrearle un trastorno de salud mental que, como ya se sabe, es una de las cosas del mundo más fáciles de solucionar.

Por supuesto que muchas mujeres sufren tras abortar. Seguro que algunas se arrepienten, seguro que otras se acuerdan durante toda su vida del hijo que no nació. Seguro que lloran a escondidas, seguro que otras lo ocultan, callan, se silencian. Seguro que habrían preferido no hacerlo. Pero como no sabemos sus circunstancias, no podemos, o no deberíamos, opinar sobre sus decisiones -el padre sí, claro, que esto suena obvio, pero no lo es-.

La pregunta debería ser si abortar favorece la salud mental. Ya respondo yo. Rápido, porque se me acaba la línea: pues claro que no, oiga. Como no favorece a veces la vida, así en general, a lo bruto. O en particular: no favorece perder a un hermano, o que te amputen los brazos o, como diría Tamara Falcó, tener un enfisema.