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Cabo Suelto

El desperdicio de la izquierda cobarde

El ex asesor socialista en Moncloa, Francisco Salazar.
El ex asesor socialista en Moncloa, Francisco Salazar.PSOE
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Tocado de un ala, el PSOE está defraudando al por mayor. Cuando la política alcanza un punto sin retorno de disentería moral el derrumbe es, más o menos, irremediable. Al estiércol acumulado por la presunta corrupción de Ábalos, Cerdán y Koldo, con trastorno severo de puterío, faltaba la mercancía lumpen del fulano Salazar, habitando en régimen de pensión completa en el Edificio de Semillas de Moncloa (sede del Gabinete de la Presidencia del Gobierno), donde disfrutaba haciendo ventriloquía con la bragueta delante de las compañeras mientras perpetraba chistes mamíferos de muy baja estofa. Salazar (Paco), el asesor en Moncloa, jabugo del socialismo. La nómina de un sujeto así es un inconveniente grave, pero más letal sale ocultar las denuncias de sus víctimas desde dentro del partido. Las contradicciones son necesarias para ir creciendo, las traiciones son el envés de cualquier progreso.

El garrotazo a la izquierda es fuerte y se suma a los que acumula la misma izquierda desintegrada. La izquierda aromática del Gobierno de coalición es hoy un desguace donde nadie se fía de nadie y sin rastro de la explosión de posibilidad de cuando llegaron. Todo es quincalla. La sensación desarropada de que esto se acaba cunde dentro y fuera de Moncloa. Las estrategias de permanencia son agónicas; y el paisaje del relevo, desasosegante. Será terrible si al final de la escapada debemos a Pedro Sánchez el estirón definitivo de Vox, como auguran las encuestas y los heraldos negros. Aunque el problema inmediato no es este, sino cómo el PSOE, banderín de enganche feminista, pudo acumular en el puente de mando tanta figuración fugitiva incompatible con su hipotético manual de instrucciones. Y jugar a la ley del silencio.

A un jefe se le puede escapar un piernas, pero no cuatro gañanes fabricados en serie a merced de los impulsos de sus cerebros testiculares. Como todo el mundo sabe, cuando en política el control de calidad no diferencia a un profesional abnegado de un pelota delincuencial conviene enviar a la chatarra al patrón y al pelota. Sólo una conciencia intoxicada acepta con normalidad esta clase de comida basura y resta importancia al deterioro. Si en la izquierda quedan trazas de honestidad, y quedan trazas de honestidad, el rotundo rechazo colectivo merece impactar contra ese saldo sanguijuela de gente sin alma que pierde la calma acosando mujeres o por una mordida. (Por decirlo a lo Sabina). Pero la izquierda a veces es cobarde. Quiero decir: lo desperdicia todo.