Las familias fisnas de Mallorca siempre regalan sobrasada. En casa les encanta, así que cuando la ven llegar se tiran a la mesa. En resumen, al día siguiente, la sobrasada sale con la misma forma y consistencia que había entrado.
Mi familia está siempre a régimen por la predisposición genética a buscar cualquier excusa para comer y beber. Que alguien se muere, se brinda por él; que alguien vive, se piden langostinos; que Sánchez se queda, pues bebamos antes de que las cosas vayan a peor; que se va ¡ja!, pues saquemos el vino, porque el bien peor suele ser mal menor.
Navidad y Nochebuena son las fiestas en las que en casa nos damos amnistía dietética. Esto es: nos permitimos comer y beber lo que nos da la gana. Mi madre nos deja beber sus vinos buenos y, si viene el hijo pródigo, se mata al mejor cordero y se sacan las mejores viandas. No imaginen caviares y esas cosas de las que presumen las gentes. Los que estamos siempre a dieta nos pirramos por una ensaladilla (con mucha gamba) y por la sobrasada.
Esta vez no habíamos recibido ninguna de Mallorca, sino la que ahora hace Joselito por iniciativa de don José Gómez, con los mismos cerdos que quieren ser jamón. Por lo demás, mi madre no se había estirado en las comidas ni había ido a sacar nada bueno de la bodega. El motivo: el Mounjaro y el Ozempic, que tienen los apetitos -y los vicios- de la familia y de los políticos capados. Nadie bebía, nadie comía... hasta que sacaron la sobrasada de Joselito. Primero la tomamos con una regañá y una copita de Lustau en rama. Entonces las pupilas se ponen de color albero y entran ganas de más. Y así fue. Luego llegó la ensaladilla, con sus gambas peladas y el caldo de las cabezas añadido a la mayonesa. Oh, placer de dioses.
Pero entonces la facción Ozempic/Mounjaro empezó a quejarse a mi madre -¡ellos!- de que en "esta casa se come demasiado". No probaron el consomé en gelée con lasquitas de paloma y brizna de caviar y crema agria que inventamos. Y ya que nadie bebía, mi madre sacó unos vinos fantásticos. Llegaron las uvas. A mis cuñadas solo les cupieron tres. Acabamos el año sobrios y peleados. Por lo menos hay algo que no cambia.
Hoy he desayunado un bikini de sobrasada Joselito y queso Comté. No hay que dejar que la semaglutida mate la alegría.

