COLUMNISTAS
Carne de cañón

Las trampas de la izquierda transicionada en Venezuela

Zapatero es ahora el adalid de los derechis humanos en Venezuela. Hace dos semanas, un ex nazi, que se había dicho señora para ir a una cárcel de mujeres, se escapó a Rusia. El cuerpo es político, dicen.

Las trampas de la izquierda transicionada en Venezuela
Actualizado
Audio generado automáticamente con IA

Como preludio a la Epifanía, Trump extrajo a Maduro de Venezuela. Luego llegó el día de Reyes, que son Trump, y nos trajeron cabrón (y cabrona), dado que colocaron a Delcy y a su hermano Jorge como encargados de estabilizar el país hasta que puedan celebrarse elecciones. Los Rodríguez, ya lo saben, no son de fiar aunque, por otro lado, es preferible que Edmundo y María Corina no lleguen al poder de la mano de la injerencia extranjera.

La propia líder de la oposición dice que Trump está ordenando a Delcy desmantelar el régimen y que lo está cumpliendo... hasta que pueda pirarse con el otro siniestro a Catar a disfrutar de lo expoliado. El día de la operación, el meme más repetido era el de Zapatero vestido de señora en el aeropuerto. Nadie imaginaba que días después el ex presidente se erigiría en baluarte de los Derechos Humanos, cuando durante tantos años ha sido su verdugo. Travestirse de mujer ha sido siempre un clásico del escapismo. Otra cosa es transicionar.

Hace dos semanas, la alemana Marla-Svenja Liebich (56 años) dijo que ya no le venía bien ser mujer. A nadie le ha extrañado, dado el bigotón que lucía orgullosa, su pamela, la blusa de leopardo y un bolsito como de Chanel. Un Paco Martínez Soria bailando La tía de Carlos, aunque hay muchos trans que tienen ese aspecto por haberse dado cuenta tarde de que lo eran. Es un paso complicado.

Antes de querer ir a la cárcel de mujeres, Marla se llamaba Sven y decía de los LGTBI que «eran escoria» y «parásitos de la sociedad». En 2023 lo condenaron a 18 meses de cárcel en una prisión para hombres por delitos de odio e incitación a la violencia. A partir de entonces dijo que empezó a sentirse extraño y a usar pintalabios (téngase en cuenta que ahora califican a Göring como el «nazi queer» porque se pintaba las uñas). Poco después, Sven Liebich compareció ante notario, dijo que era una mujer y pidió que lo llamaran Marla.

Se dejó el bigote (antes llevaba barba), lo que tampoco debería resultar tan extraño, dada la relación femenina con ciertos hirsutismos. Conozco niñas que se dejan largo el vello del labio, como si fueran un Cantinflas adolescente. Y también lo hacen con la pelusilla del sobaco. Otra cosa es el vello 'público', rasurado como el apósito capilar de Hitler. O lampiño como el de las muñecas. Si es cierto que el cuerpo es político, es natural que, como tal, entre en contradicciones.

En Alemania existe una ley de autodeterminación de género parecida a la española, por lo que Liebich no necesitaba mucho más que ir al notario para pedir cumplir su condena en una cárcel de mujeres en Chemnitz. Iba a empezar a hacerlo a finales de agosto de este año, pero se fugó y volvió a aparecer en Rusia, donde las leyes putinistas no son precisamente inclusivas para gays, lesbianas o transexuales.

En el fondo, si se confirma su presencia en Rusia, parecería que Marla/Sven no es sino otro instrumento putinejo para burlarse de los tontacos europeos. Esto es lo que dijo en Euronews la ex-trans (trans-ex) para explicar que ya no quería ser mujer: «En retrospectiva, estoy segura de que mucha gente piensa que lo planeé todo, pero no es así. Simplemente reacciono siempre de la forma más suave posible. Be water, my friend (sé como el agua, amigo...). (...) Marla Svenja Liebich es una marca y simplemente vive sin envejecer. El avatar está separado de la persona».

Es evidente que solo los tarugos ideologizados pueden estar en contra de lo que parece de sentido común. Por ejemplo, que las mujeres trans no deban estar con hombres en la cárcel pues son susceptibles de sufrir los abusos de la vida carcelaria con toda su rudeza. Otra cosa son quienes se aprovechan de una ley mal hecha. Es lo que ahora se discute en Alemania y por lo que el Gobierno de Friedrich Merz quiere cambiar la legislación que le dejó su predecesor socialdemócrata. Como también lo son esas leyes con las que Zapatero (Estatut, Plan Hidrológico y Memoria Histórica) envenenó la convivencia entre españoles. Su pollarización.

A ver si Delcy no va a ser Zapatero disfrazado.