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Nada por escrito

Poesía no eres tú; son el Lexatin y el Ozempic

Las críticas a la sociedad medicalizada suelen provenir de gurús de las religiones del bienestar que critican el opiaceo del pueblo. En EEUU, los casos de sarampión alcanzan niveles de hace 30 años.

Poesía no eres tú; son el Lexatin y el Ozempic
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Una amiga mía (rica) se fue no sé cuántos meses a la India a hacer un ayuno -¿ayurvédico, quizá?- y meditación. La dieta consistía en comer mucha fruta y en beber tés e infusiones. Al volver a España, se hizo un chequeo y le salió que tenía cirrosis porque había metabolizado la fructosa en el hígado. Si al menos hubiera bebido...

Hoy mi madre me ha mandado un post de Instagram en el que recomiendan poner un pegote de Vicks VapoRub en el ombligo, sal, jengibre en polvo y una tirita para remediar el alcoholismo, un problema gravísimo, aunque tenga peor prensa que fumar porros y tomar coca. Este tipo de consejos convive sin pudor con la matraca que critica la «sociedad medicalizada», como si los fármacos no fueran la prueba definitiva de que el capitalismo y el talento sirven al progreso.

Las farmacias -los farmacéuticos- son la primera capa de nuestra excelente sanidad pública. El otro día, la mía se había quedado sin Ozempic porque a muchos se lo habían recetado para adelgazar tras los excesos navideños. No es ese su único efecto: también se prescribe a alcohólicos porque, al parecer, quita la ansiedad y las ganas de beber. Por no hablar del impacto en la autoestima que tiene que te vuelva a caber la ropa. No hay nadie tan feliz como esas gordas traicioneras, por obra y gracia del GLP-1, que se enseñan en crop top porque nunca antes habían podido.

Tienen también mala prensa los antidepresivos, las pastillas de amiplin, como las llaman las de más de 50. Es verdad que curan los desasosiegos, los vacíos y los hartazgos. Se vive más feliz y ayudan a afrontar los desafíos de la vida: enfermedades, jefes gilipollas, maridos imbéciles... Aunque tampoco curan nada ni llenan vacíos, pero qué más da.

Un nuevo estudio niega la conexión durante el embarazo entre el Paracetamol y el autismo, una de las idas de olla de Robert Kennedy Jr. Por culpa de ese credo han crecido los antivacunas y los casos de sarampión han alcanzado niveles de hace tres décadas.

Alabar a las farmacéuticas parece mentar al diablo. Sin embargo, estos gurús ponen su fe en religiones del bienestar como sustitutos de los medicamentos. ¡Vivan los opiáceos del pueblo!

Mi amiga sigue sin beber; por lo menos, ha abandonado la fruta. Ya saben: la izquierda caviar con agua.