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Por otra parte

Doy fe de nuestros errores

Hay que estar permanentemente alerta, pero una cosa es equivocarse y otra difundir falsedades

Doy fe de nuestros errores
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En estos tiempos de desinformación hay que recurrir a la contradesinformación continuamente para tener garantías de que lo que lees, escuchas o ves es verdadero. Ahora a esto se le llama verificación y fact-checking, que está muy bien, porque cada vez es más necesario cotejar y comprobar con herramientas sofisticadas que respondan a las cada vez más sofisticadas herramientas de manipulación. Antes, a esto sólo había que llamarlo hacer periodismo.

Ocurrió la semana pasada, cuando comenzó a circular por redes un corte del programa Y ahora Sonsoles en el que la presentadora incurría en una gran metedura de pata: "Esta es una imagen de la Dirección General de Tráfico de esta vía de acceso a Cádiz por el puente José León de Carranza totalmente inundada a los lados". Junto a ella, un ingeniero no la corrige y continúa comentando la información. Efectivamente, el puente Carranza, desde su inauguración hace más de 55 años, siempre ha estado rodeado de agua: la del Atlántico, azul y bien salada, que dibuja la bahía de Cádiz.

Hace años, ante el flagrante error, la reacción inmediata habría sido llevarse las manos a la cabeza. Hoy, tras la llegada del vídeo delator por redes, lo primero que hay que hacer es recurrir al origen, el programa de Antena 3, para verificarlo. No te puedes fiar. Y sí, Sonsoles Ónega había metido la pata y, para su desgracia, nada menos que con Cádiz y a las puertas de los carnavales. ¡La que le está cayendo! Pero al día siguiente hizo lo que hay que hacer, reconocer el error riéndose de sí misma: "Nos metimos en un charco y resultó ser la bahía de Cádiz... una confusión. Que Dios tenga en su gloria a quien le ha parecido un error imperdonable y a quien nunca se equivoca".

La historia del periodismo está plagada de errores y gazapos. Hay lectores de la prensa de papel que son auténticos cazadores de las erratas que, por la dictadura de lo impreso, han quedado para siempre en las hemerotecas. La digital tiene arreglo, se le puede dar al botón de corregir y a otra cosa. Quizás por ello hay tanto periodista de gatillo fácil. También este periódico, como todos, tiene una colección de meteduras de pata de las que a veces se da cuenta, con cierta vergüenza, en una de las secciones más leídas, Fe de errores. Pero una cosa es el error y otra la información no verificada, y mira que nos intentan engañar. Rafa Álvarez y Pedro Simón publicaron hace veinte años Buenos días, tengo una exclusiva; he sido asesinado, un divertido libro que recopilaba algunas de las insólitas y delirantes historias que llegaban a esta redacción y a otras. ¡Cuántas de ellas, ya sin el filtro del periodismo, estarían publicadas hoy!

El error de Sonsoles corrió por redes, cómo no, acompañado de un comentario sobre el nivel de los periodistas. Esto ya es un clásico. Me quedo, sin embargo, con lo que decía este fin de semana Ramón Salaverría, en entrevista con Raúl Conde: "Uno de los principales rivales de la desinformación, por no decir el principal, es el periodismo ( ... ), que puede cometer errores, pero no disemina deliberadamente falsedades".