Hace meses que pienso en escribir aquí sobre los gestos y detalles que más me seducen de los hombres, pero luego la realidad me aleja del deseo. El pensamiento siguiente suele ser que también me apetece escribir sobre todo aquello que me encanta en las mujeres, aunque sea una eminentemente heterosexual. Estos últimos días, en los que acaba febrero -seguramente el peor mes del año junto a noviembre- he acabado pensando en qué debería contarse el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como se decía antes.
Centrémonos: me suelo fijar en las manos de los hombres, especialmente, mientras conducen. Me fijo también en cómo llevan las uñas o los zapatos. Me gustan madrugadores, alegres y limpios. Me gustan los que saben cuándo y cómo merece la peña guiñarle a alguna el ojo. Me encanta un cierto tipo de pendiente en un cierto tipo de hombre, no en todos. Me encanta si bailan e insisten en hacerme bailar a mí, si son de sonrisa fácil y si son cariñosos con otros hombres.
Detesto, por contra, a los hombres obsesionados con su coche, su pelo, su ego o su pene. Pero esto iba en positivo: me gustan los que saben mostrar autoridad, lo cual no significa que sea yo una fémina esencialmente sumisa, pero sí que pueda serlo si me apetece. No es el debate, pero tal vez se me acuse de antifeminista por admitir esto. Insisto: la semana que viene, salvo contratiempos, como que el cielo caiga sobre nuestras cabezas,me gustaría escribir el reverso: las cosas que me encantan en las mujeres.
Adoro ver a un hombre con delantal y nada más. ¿Estaría bien que un hombre dijera que le encanta ver a una mujer prepararle huevos fritos en lingerie? ¿Que se come esos huevos con especial placer? ¿Que las cosas saben distinto en función de tantos, pero tantos detalles? Llegado el caso, me puede gustar por igual un señor de 60 que uno de 27, y esto también me pasa con las mujeres. Porque también nos pueden gustar personas, o detalles, y ya, sin necesidad de ahondar o profundizar o tener algo más o ir más allá o tener obsesión por definir qué relación hay entre dos sujetos.
Otras dirán que necesitan que su pareja lea y le invite al cine o a museos. Otros dirán que les resulta imprescindible que ella esté fit, o tenga las tetas grandes. Pero lo realmente maravilloso es encontrar en las personas intenciones nobles, principios férreos, capacidad de expresión, ¡lirismo! Y dotes para relativizar en esta vida en la que siempre, por debajo del deseo, habita la incertidumbre.

