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A simple vista

Usted cree que está vivo, pero no

No es liberarnos de todos los supervillanos del mundo lo que está haciendo Trump. Sino convertirse en el principal de todos

Trump y Netanyahu, en 2025.
Trump y Netanyahu, en 2025.AP
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En un memorable relato de los Cuentos de soldados de Ambrose Bierce titulado Episodio en el puente de Owl Creek, el escritor narra la peripecia de un hombre que permanece inmóvil sobre un puente del ferrocarril con las manos atadas a la espalda y una soga al cuello. El reo está rodeado por enemigos armados y va a ser ejecutado. Entonces sucede.

Se rompe la cuerda, cae al río, se hunde en las profundidades, se desata las manos bajo el agua, emerge, nada, esquiva las balas de sus centinelas, es arrastrado por los remolinos de la corriente, llega a una orilla, llora de alegría, camina guiado por el sol, atraviesa un bosque, pasa la noche, está por fin frente la verja de casa, observa el revoloteo al viento de un vestido femenino, es su mujer, la tiene delante, casi puede tocarla con los dedos, qué bien.

El relato de ocho páginas termina así: «Y cuando ya está a punto de abrazarla, siente un tirón increíble a la altura de la nuca; una cegadora luz blanca brilla fulgurante a su alrededor, con un ruido que se asemeja al de un cañonazo. Luego todo se vuelve oscuridad y silencio. Peyton Farquhar estaba muerto; su cuerpo, con el cuello roto, se balanceaba lentamente de un lado a otro por debajo de los maderos del puente de Owl Creek».

Ese hombre de la soga al cuello hoy es el derecho internacional, Naciones Unidas, el respeto a los derechos humanos, el Convenio de Ginebra que ha de proteger a los civiles en las guerras y prohíbe el bombardeo de hospitales, acaso Europa, la vieja diplomacia... En definitiva, un mundo antiguo de meras ilusiones que -al igual que le pasa a Peyton Farquhar en el relato de Bierce- no sabe que ya está muerto.

(...)

«No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz», escribía Benedetti en su Oda a la pacificación. «Cuando los pacificadores apuntan, por supuesto tiran a pacificar, y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro».

No es precisamente pacificar Oriente Próximo lo que están haciendo Trump y Netanyahu. Sino llevar al mundo -como nunca antes había sucedido- al borde de una Tercera Guerra Mundial.

No es defender la legalidad mundial. Sino dinamitar el propio orden que EEUU ayudó a construir en 1945, intimidar con sanciones a la Corte Penal Internacional, retirada a su país del Consejo de Derechos Humanos de la ONU...

No es proteger a las mujeres de Irán (por ejemplo, en Arabia Saudí o en Qatar, totalitarismos aliados donde rige la sharía, ellas no se pueden casar sin el permiso de un hombre). Sino ponerles las manos encima: 86 veces aparece el nombre de Trump en los papeles del caso Epstein.

No es interesarse por la llegada de la democracia a Venezuela, qué ingenuidad. Sino por la llegada del petróleo a Estados Unidos.

No es liberarnos de todos los supervillanos del mundo lo que está haciendo Trump. Sino convertirse en el principal de todos.

En vez del sueño americano, la pesadilla de Bierce, donde nada es lo que parece: este despertar con las manos atadas a la espalda y una soga anudada al cuello.