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Sin acritud

Del "no a la guerra" al "no a esta guerra"

Europa no debería dudar en dotarse de su propia disuasión nuclear como proponen Alemania y Francia

Emmanuel Macron, presidente de Francia.
Emmanuel Macron, presidente de Francia.Yoan ValatPool Photo via AP
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Las consignas políticas regresan con enorme facilidad. "No a la guerra" es una de ellas. Millones de europeos la coreamos en 2003 ante la invasión de Irak, convencidos de que aquella intervención militar no traería ni democracia ni estabilidad. El tiempo nos dio la razón. Recordar aquella experiencia no significa adoptar una posición ingenua. El mundo sigue lleno de regímenes autoritarios, algunos particularmente agresivos. El Irán de los ayatolás es uno de ellos. Su carácter opresivo en el interior, particularmente contra la libertad de las mujeres, y desestabilizador en el exterior no admite dudas. Por eso existe un amplio consenso en que no puede permitirse que disponga de la bomba nuclear.

Hoy sabemos bien lo que significa llegar demasiado tarde. Corea del Norte es el ejemplo de un fracaso que ha dejado a la comunidad internacional sin instrumentos para revertir la situación. Evitar que Irán llegue a ese punto es una prioridad. Pero reconocer este problema no equivale a aceptar sin más una escalada militar. La política responsable consiste en mantener dos ideas al mismo tiempo: impedir la proliferación nuclear y rechazar una guerra que podría enquistarse sin salida política. Ambas cosas deberían formar parte de la misma estrategia.

¿Cuál es el auténtico objetivo de EEUU? La pregunta no es menor porque el propio Donald Trump exclamó en junio de 2025 que la capacidad iraní para construir el arma atómica había sido destruida. Si aquello era cierto, la operación Furia Épica carece de justificación. Lo contrario solo confirmaría el proceder errático y caprichoso del mandatario norteamericano, siempre a la búsqueda de titulares grandilocuentes, quien por sí mismo representa un peligro para el mundo y para la democracia en su país. Cierto o falso, lo único seguro es que este ataque pretende blindar la hegemonía de Israel en la región destruyendo a su principal adversario.

Europa no puede limitarse a acompañar dinámicas de confrontación. Tampoco puede refugiarse en un pacifismo retórico —el genérico "no a la guerra", tan ingenuo como hipócrita— que ignore las amenazas reales. Al contrario, no debería dudar en dotarse de su propia disuasión nuclear como proponen Alemania y Francia. Decir "no a esta guerra" significa exigir claridad estratégica, coherencia política y responsabilidad histórica. Porque el único objetivo legítimo es evitar que la guerra vuelva a convertirse en el instrumento de la política internacional.