PAÍS VASCO
PAÍS VASCO

La apasionante vida del médico bilbaíno empeñado en curar a pobres y a presos, consejero de Agirre y ejecutado por Franco

El Gobierno vasco reconoce con un acto al doctor Alfredo Espinosa que fue el único miembro del Gobierno vasco fusilado por las tropas franquistas. Dirigente de Unión Republicana, Espinosa organizó la sanidad pública durante la Guerra Civil.

El doctor Alfredo Espinosa con su mujer Francisca Gómez en una imagen del Gobierno vasco.
El doctor Alfredo Espinosa con su mujer Francisca Gómez en una imagen del Gobierno vasco.IREKIA
Actualizado

El doctor y consejero del Gobierno vasco Alfredo Espinosa Orive (Bilbao, 1903) fue ejecutado el sábado 26 de junio de 1937 por un pelotón de guardias de asalto del ejército franquista en la tapia del cementerio de Santa Isabel de Vitoria. Junto a él murió el capitan de Artillería José Agirre. Los dos fueron sentenciados por "un delito de adhesión a la rebelión militar". Espinosa murió joven (34 años) después de una apasionante trayectoria vital y política. Pudo, incluso, evitar las consencuencias de la toma de Bilbao por las tropas franquistas y la huida del Gobierno de Agirre. Pero, en un acto de heroísmo, decidió volver en una avioneta que le entregó a los militares de Franco en la playa de Zarautz.

El Gobierno vasco con el lehendakari Imanol Pradales y la consejera María Jesús San José a la cabeza han tributado el reconocimiento público que aún quedaba pendiente. El historiador Lorenzo Sebastián García detalla en un artículo de investigación titulado 'Alfredo Espinosa Orive (1903-1937). Detención, procesamiento y ejecución de un consejero del Gobierno vasco' el admirable comportamiento de un personaje casi desconocido en la historia reciente de Euskadi. Un consejero no nacionalista en el Gobierno de José Antonio Agirre que antes de asumir la responsabilidad de organizar una precaria sanidad de guerra ya se había comprometido en la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera.

Hijo de un abogado de izquierdas, Espinosa estudió Medicina en Valladolid y en Madrid y ejerció en Bilbao tanto en los hospitales de Basurto y San Juan de Dios como con consulta propia en la calle Ibañéz de Bilbao. Tanto en su etapa de estudiante como durante su trayectoria profesional, Espinosa participó activamente en movimientos y partidos republicanos. En 1934, fue uno de los ponentes de los estatutos de la Unión Republicana (siglas que agrupaban a otras formaciones republicanas) y desde 1930 -en diferentes periodos- fue concejal de Bilbao y gobernador civil en Burgos y Logroño.

El 18 de julio de 1936 Espinosa acudió al Gobierno civil de Vizcaya desde donde se organizó la defensa de la legalidad republicana ante el alzamiento de las tropas de Franco en el norte de Marruecos. Una semana más tarde, el médico bilbaíno fue nombrado delegado de Sanidad y el 7 de octubre fue nombrado por José Antonio Agirre consejero de Sanidad. El doctor que antes de la Guerra Civil primó la atención sanitaria de la ciudadanos con menos recursos, tuvo durante la contienda un especial interés en proteger a las personas detenidas por su afiliación política.

En junio de 1937, Espinosa junto a su secretario Emilio Ubierna partieron de Bilbao en el barco británico Warrior con un grupo de niños del Sanatorio de Górliz en dirección a Baiona (Francia). El consejero se trasladó luego a París para intentar adquirir productos médicos y denunció en una rueda de prensa con el delegado del Gobierno vasco Rafael Picavea el desembarco de armas alemanas para el Ejército de Franco que ya había tomado Guipúzcoa. El consejero de Sanidad decidió volver por cualquier medio a Euskadi cuando las tropas franquistas tomaron Bilbao. Hasta Francia habían llegado comentarios que vinculaban su continuidad a que había huido con una importante cantidad de dinero y que su familia ya se encontraba en el sur el país galo.

El 21 de junio de 1937, una avioneta de la compañía aérea Air Pyrènèes del Gobierno vasco despegó con cinco ocupantes. El aparato, sin embargo, decidió aterrizar en la playa de Zarautz alegando una avería y cuando ya tanto barcos como militares del ejército franquista esperaban la llegada del avión. Fue el principio del fin de Espinosa que tras ser retenido en el convento de El Carmen fue juzgado y condenado a muerte. La noche previa a su ejecución, Espinosa escribió cuatro cartas en las que llegó a pedir la liberación de los presos detenidos por la República y el Gobierno vasco cuando ya nada podía hacerse para impedir su ejecución.