- Papel Todas las entrevistas no vistas
- Antonio Arias "Le hemos dado al cerebro lo que nos ha pedido. No tengo queja, pero ya está"
- ¿Podemos empezar hablando de pop? Sílvia Orriols recuerda a una emo, Pablo Iglesias parece rapero y Javier Milei da conciertos de rock.
- Porque nuestra memoria se basa muchísimo en la música popular y los políticos de hoy ya se criaron viendo vídeos en la MTV. Es normal que jueguen a eso. ¿Qué hace Milei cuando canta en sus mítines y se pone una chaqueta de rockero y dice que es un león? Genera la relación de una estrella de rock con su público, que es mucho mejor que la de los políticos y los votantes. Una estrella de rock nos hizo feliz en algún momento y se le perdona todo por ello. El cantante de rock tiene la impunidad que el político anhela para ser soez, corrupto y mentiroso y no responder por ello.
- Trump, lo cuenta en el libro, se jactó de que podría asesinar a alguien y daría igual, la gente le seguiría votando. En cambio, ninguna filmoteca va a programar en los próximos años un ciclo de Woody Allen.
- A Woody Allen le perdonábamos todo porque pensábamos que los artistas necesitaban espacio para explorar en la materia inasible, oscura y ambigua de lo humano. Ahora, los artistas tienen un terreno muy acotado por prevenciones morales y el deber de ser puros en sus vidas y todo viene necesariamente ligado. Luis G. Martín fue cancelado por escribir sobre un tema muy complicado un libro que se consideró no éticamente intachable. A partir de ahí, se dio por hecho que su vida tampoco era pura. Y quien lo canceló fue el gremio cultural, ojo. Es una cosa de santurrones que se ponen la soga al cuello. Con los políticos ocurre lo contrario. Se les ha dado barra libre para seducir al electorado a partir de bajas pasiones y del odio. Trump también dijo: «Yo no perdono, yo odio». Petro fue a la la ONU y sacó la bandera bolivariana con el lema «guerra a muerte» que históricamente ha incitado al exterminio de los enemigos. Y lo hacen con impunidad porque en un escenario de batalla cultural, los seguidores jamás se lo van a recriminar. Los políticos tienen impunidad y la vigilancia se va al campo de la cultura. Es un desplazamiento absurdo, nocivo, porque a quienes debemos vigilar de verdad es a los políticos y no a los artistas que juegan con criaturas de aire, con imaginaciones.
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- Hay una idea en su libro anti intuitiva: los artistas funcionan con un orden moral distinto, más laxo, y hay un bien común en ello.
- Sí. No digo que estén exentos de cumplir la ley, digo que están en un terreno vital donde las convenciones sociales y los tabúes no se aplican con rigidez. Obviamente generalizo, pero el artista es una persona desencajada con el mundo y que justamente por eso se pregunta por las conductas humanas, por las pasiones y por las motivaciones y que tira de los límites morales. Puede revolucionar los valores y el gusto y desordenar las jerarquías y por eso, su libertad es o era un bien común, aunque fuera incómodo.
- En algunos museos de arte contemporáneo sólo veo turistas.
- Porque si la actualidad política marca la agenda artística, si empezamos a ver colgados en las exposiciones los mismos carteles, las mismas ideas que están en los medios de comunicación, ¿para qué ir?Si el arte es un eco que nos dice que el bien es bueno y que el mal es malo, la obra en sí deja de tener sorpresa, tiende al cliché y fluye con la moral preponderante. No tiene nada de transgresor. Es una obviedad que es horrible que maten niños en Palestina. No creo que vayamos a debatir sobre eso. Ahora, vamos a tener 1.000 exposiciones sobre Gaza en los próximos años y vamos a escuchar lo mismo siempre. ¿Qué incentivo hay para ir al museo a ver cosas obvias? El museo se convierte en un espacio sermoneador que te señala todos los crímenes que como hombre blanco occidental llevas a tus espaldas como responsable vicario... Y no quieres ir, claro. Ya te regañan en la iglesia, te regañan en la escuela... Los jóvenes prefieren ir a un mitin de Milei donde al menos gritan y se despelucan.
- La paradoja que trata este libro es que tanto decir que el bien está bien y el mal está mal nos ha traído el mal en forma de políticos aberrantes.
- Lo que ha hecho históricamente el arte es mostrarnos que el bien y el mal no son puros, que las personas son capaces de lo bueno y lo malo. El arte nos dice que la vida es mucho más compleja de lo que parece desde el activismo político o moral. La vida es claroscuros. Curiosamente son los políticos los que se están mostrando así. Los políticos se están mostrando como personas muy imperfectas, llenas de odios y de resentimientos. Están siendo más auténticos que los artistas y posiblemente eso engancha más con los jóvenes que ven a tipos que pierden la paciencia que gritan, hacen cosas estrafalarias y que muestran sus fobias.
¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
¿Qué dicen los artistas? No tengo tanto trato con ellos pero alguna vez sale el tema. Y dicen que tienen que vivir y que están en un mercado que demanda cosas como todos.

